Menos machos, más hombres de paz

TSM Noticias
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En la historia, lo que significa ser hombre en el Huila está ligado al sobrevivir y salir adelante sin importar romper las reglas legales (la cárcel de Rivera dentro de su población está ocupada por el 95 por ciento hombres) y sociales (es que me pasé el semáforo en rojo porque estaba de afán). De aquí se desprende la idealización o veneración hacia el vivo, el “avispado”.

Nos gustan los que hablan duro y los que no se dejan, nos encantan los que no se retractan (solo si la justicia así lo indique). Son los que por medio de la fuerza y sus puños, balas o con la famosa frase “usted no sabe quién soy yo” quienes como hombres representan lo peor de nosotros, porque nos imponen costos que alimentan el ciclo de la violencia.

La hombría en el Huila se mide por la capacidad de proteger y protegernos. Esta situación en contextos don la violencia es aceptada nos permite alcanzar dimensiones escalofriantes, por ejemplo, en el Huila cada 25 minutos una mujer es víctima de violencia física, sexual y psicológica, y entrando más a fondo en el tema el 90% de los casos, esta violencia es ejercida por un hombre.

Ya firmado el acuerdo de paz, vemos como hemos avanzado hacia la paz, empezamos con el silencio de los fusiles y la desmilitarización de los municipios. Esto no implica el fin de la guerra, pero si nos da la opción de pensarnos un futuro diferente. Aquí es donde debemos sentarnos a pensar ¿Cómo construir paz en un contexto en el que muchos no la han vivido directamente? ¿Cuándo fue la primera vez que fue consciente de que vivía en un país en conflicto? No es una reflexión que deba tomarse a la ligera.

Cada persona a quien le he hecho esta pregunta duda al principio, luego empieza a recordar hechos puntuales. Esta primera conciencia de conflicto marca de manera profunda la manera como se entiende el mundo, como se experimenta y como se vive. Piense, ¿Cuándo fue esa primera vez? En mi caso particular fue el asesinato de la Concejal MARIELA NARVAEZ del municipio de Hobo, compañera de trabajo, con quien compartimos ideas y asiento en el Concejo Municipal de Hobo, ella como Concejala y yo como secretario de dicha corporación.

Años más tarde he tenido la oportunidad de reflexionar en la manera de como el conflicto ha marcado mi vida, me llevaron obligado a prestar servicio militar, una vez en Cali y a los diez meses me sacaron porque no obedecía órdenes, el fusil que empuñé lo hice para tomarme una foto, de lo cual me arrepiento, el conflicto no me ha desplazado, no me ha quitado ningún familiar cercano, y no me radicalizó. Lo que sí hizo fue volverme desconfiado, prevenido, defensivo.

Para poder construir paz en nuestra región implica repensar lo que significa ser huilense, crear nuevos valores en un departamento donde la inequidad abismal. Es necesario conocer y aceptar la dureza de nuestra historia para que el dolor y la rabia den paso al perdón. Sumado a esto es necesario que miremos la manera como hemos sido criados hombres, en estos momentos criamos niños para que sean fuertes, para que no lloren y no expresen sus mociones de manera abierta, negándoles la capacidad de aquea prendar a articular sus sentimientos. La única expresión aceptada es la rabia, es así como aprendemos que la agresión es parte del proceso de ser hombres.

Aceptamos la violencia y rechazamos la debilidad, alimentamos una sociedad en la que la masculinidad se nutre del ejercicio de la violencia. Uno debe probar a cada instante que es macho, sin darnos cuenta que esto no es algo que se pierde, sino que se construye. Seguimos pensando que ser hombre es ser heterosexual, sin entender que la masculinidad va mucho más allá.

De igual forma la violencia no es solo golpes y bala, son también la manera sutil de insultar o agredir la dignidad del otro al compararlo, como si ser mujer o homosexual fuera menos. ¡Valiente hombría! Como resultado de este sancocho socio-cultural, la violencia se ha consolidado como parte integral en la experiencia de convertirse en hombre. Se expresa en las peleas en las canchas de fútbol o en la esquina del barrio, con los conductores que se cierran en las calles y se insultan porque nadie quiere ser el man que se deja del otro.

No somos violentos, pero hemos normalizado la violencia a tal punto que a veces ni la vemos. Se ha vuelto parte del paisaje. En la coyuntura actual, se tiene la oportunidad para reflexionar sobre la manera de cómo el conflicto ha afectado y ha moldeado el tipo de hombres que somos. Hoy más que en cualquier otro momento de la historia, se debe pensar en cómo reinventarse, cómo empezar a recuperar la empatía para construir una sociedad que le dé una oportunidad real a la paz.

En este proceso, es indispensable empezar a moldear una masculinidad diferente, donde la igualdad y el respeto sean la regla y no la excepción, donde el uso de la violencia sea inaceptable, rechazada y castigada social, legal y moralmente. Una masculinidad donde llorar sea normal, expresar miedo sea normal, donde tener preferencias sexuales y expresiones de género diversas sea normal. Donde se respeten las diferencias con ideas y sin balas, y donde el acosar, agredir, violentar, matar o matonear al otro no sea aceptable.

No es una tarea fácil. Requiere una reflexión constante sobre la existencia de roles y normas de género que son anticuadas, dañinas y ocasionan que otras personas no puedan ejercer sus derechos plenamente. Implica identificar cómo la noción de lo que significa ser hombre en la cultura define la relación que tenemos con las mujeres, con la comunidad LGTBI y con otros hombres, de tal manera que se pueda dejar atrás todo aquello que no sirve. Para construir la paz, el proceso es tan importante como el resultado.

Lo mismo pasa en la construcción de la masculinidad. La oportunidad de vivir en un país donde la violencia no tiene cabida exige que se construya una masculinidad diferente e incluyente para la paz, gestando victorias y cometiendo errores que permitan transformar quiénes somos y construir paz. Un hombre a la vez.

Por: Raúl Andrés Herrera Suaza – raulherrera8312@hotmail.com
Fundador Colectivo Hombres Nuevos Neiva.
Representante legal FUNDAESCUM

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