Mujeres, seguridad y confianza

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No se puede proteger una sociedad dividida, ni construir desarrollo donde el miedo reemplaza la confianza

Hablar de seguridad democrática es hablar de la defensa de los ciudadanos; sin embargo, durante años hemos entendido la seguridad principalmente desde la perspectiva de los uniformes, las armas y las estrategias de las fuerzas armadas, cuando su alcance es mucho más amplio.

La seguridad comienza desde el hogar, en la familia, en la protección de quienes viven en condición de vulnerabilidad, en las madres cuidadoras 24/7 que sostienen la sociedad mientras muchos ni siquiera las ven, en las madres solteras, en las mujeres jóvenes que piensan qué van a hacer para sobrevivir por la falta de oportunidades, en las mujeres rurales que aún esperan acceso pleno a la salud, a la educación y a la seguridad, en las mujeres pertenecientes a comunidades étnicas y raciales que cargan con el peso de la indiferencia, en las viudas, en las adultas mayores abandonadas, etc.

Desde mi perspectiva como mujer, debemos humanizar la política, y eso implica comprender que detrás de cada cifra de violencia, de discriminación, de desigualdad, existe una historia, una familia y una comunidad afectada. Implica reconocernos como mujeres, que debemos ser fraternales y apoyarnos para avanzar juntas.

Las mujeres sostenemos todos los días el hogar, el trabajo, el campo, la empresa, la academia y la comunidad. Ha llegado el momento de que esa experiencia, esa sensibilidad y esa capacidad de construir también tengan un lugar más visible en las decisiones que definen el futuro de nuestro país.

Llevamos años esperando una oportunidad valiosa para Colombia, en cabeza de una mujer preparada, con trayectoria, valiente, disciplinada y sin escándalos de corrupción. Paloma Valencia representa una visión que pone en el centro la defensa de nuestra identidad, el fortalecimiento del Estado de Derecho, y la seguridad democrática como condición para superar la pobreza, generar oportunidades y recuperar la confianza institucional.

Quizás el aporte más importante de nuestro tiempo es demostrar que la firmeza también tiene rostro de mujer. Nuestra lucha es la misma, dejar de ver el cuidado de la familia como algo simple o natural, cuando ha sido el pilar que ha sostenido generaciones enteras.

Las mujeres protegemos, decidimos y defendemos con valentía a quienes amamos. Y desde esa fuerza que nace en la cotidianidad del hogar, se construye todo lo demás.

Somos madres, esposas, líderes comunitarias, emprendedoras, cuidadoras de esposos, hijos y familia; incluso acompañamos a vecinos adultos mayores que viven en el abandono. Todo eso, todos los días. Muchas construyen comunidad desde el anonimato; mujeres que enseñan y transmiten de generación en generación su trabajo social.

Las mujeres debemos participar en política para exigir su humanización. Solo así la seguridad dejará de ser un discurso más y se convertirá en una herramienta para proteger la vida, fortalecer la democracia y construir una sociedad más fraternal, más incluyente y más visible para todos.

Por: Beatriz Rocha Castro
Politóloga

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