Todos tienen derecho a elegir este domingo 31 de mayo, el candidato presidencial de su preferencia.
Pero lo que no podemos permitir, es que la calumnia y el fomento del odio a través de miles de mentiras difamatorias, sean las que ayuden a elegir Presidente de Colombia.
Hay que hacer constante pedagogía en la historia, en la realidad política del país, y sobre todo, en los antecedentes de los candidatos.
La derecha mezquina en cabeza de Uribe no fue capaz de candidatizar una persona decente, sin antecedentes negativos, que lograra presentar un programa de gobierno sin las manos metidas del expresidente eterno que no quiere descansar.
Le propusieron al país dos candidatos (Paloma, plan A y Abelardo, plan B) para salvarnos de lo que siempre han defendido: es decir, para posar de Defensores de derechos colectivos e individuales, porque precisamente esquilmar esos derechos, ha sido el negocio más lucrativo para enriquecidos sectores privados que comparten el poder con ellos, vía corrupción.
La verdad sea dicha, ya todos vimos el teatro politiquero de estos dos candidatos de la derecha, ambos con Uribe como «su papá». Cuándo pasaremos esa página de Uribe en Colombia? Fuera que no tuviera tanto lío judicial en las cortes, vaya y venga, pero no… quieren hasta borrar lo imborrable y hacerlo parecer como un perseguido más pero las evidencias apuntan a lo contrario para su propia maldición.
Es el momento de continuar con los cambios y Las reformas porque son precisamente esas reformas las que terminan por acabar tanto negocio de unos pocos con lo público, y tanta injusticia social en todos los sectores: tenencia de la tierra, salud, trabajo, pensión… todo ha estado bajo la sombra de normas y leyes contra el propio pueblo.
Hoy, luego de 4 años del gobierno de Gustavo Petro, el balance es muy positivo, sobre todo porque a pesar de los errores (porque no hay gobierno perfecto), hay un despertar del pueblo, una nueva consciencia que ya no va a retroceder y que comprendió que tiene el poder para seguir avanzando en la reivindicación de sus derechos, que quitados de las manos de negociantes de lo público, termina por favorecer a la sociedad entera.
Algunas reformas sociales conquistadas como el aumento digno del salario mínimo, o el bono pensional a los ancianos desprotegidos, el sueldo a soldados regulares y profesionales, la remuneración a practicantes del Sena y a médicos rurales, la reforma agraria con entrega de tierras a campesinos, la lucha contra el cobro injusto de los servicios públicos domiciliarios onerosos, el macabro acaparamiento de medicamentos y la pérdida billonaria de recusos públicos de la salud, el cobro injusto de peajes para obras viales eternizadas por la corrupción, son entre otros, conquistas sociales que no tienen reversa con Cepeda, mientras que con Abelardo o Paloma, está claro que echarían abajo: sus intereses defendidos históricamente son muy distintos a los del pueblo, y ya todos lo sabemos.
Lo que tenemos en curso es una Revolución Social en Marcha, retomando varias de las conquistas de Alfonso Lopez Pumarejo, (1934-1938), pero haciéndola más defendida por el propio colombiano de a pie. Y esa base social, consciente y cada vez más numerosa, permite establecer una visión de futuro colectivo para la Colombia en la próxima década.
Es Ivan Cepeda el único que garantiza el cumplimiento de los preceptos de un Estado Social de Derecho, como lo es Colombia pero muchas veces sólo en el papel. El único capaz de devolverle a los colombianos, lo que hace muchos años le han quitado a esta sociedad: su derecho a una Vida Digna.
Aún recuerdo en el año 2011, cuando quien escribe esta columna, organizó junto a Asomihuila, Asociación Minera del Huila, (empresarios mineros de oro aluvión), un debate en el auditorio Olga Tony Vidales de la Usco, e invitamos al entonces Representante a la Cámara por Bogotá, Iván Cepeda. Para esa época, hablábamos de los derechos y los deberes de mineros artesanales, informales, legales e industriales, al amparo del código minero colombiano.
El congresista hizo una excelente defensa de estos derechos, porsupuesto advirtiendo de la gran responsabilidad ambiental y social que implica esta actividad extractiva. Es decir, defendiendo derechos individuales pero también colectivos.
Votemos por Cepeda y ganemos en Primera… es la verdadera garantía de una Colombia que sigue cambiando hacia el goce pleno de los derechos de todos.
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Por: John Hammer León Cuéllar
Comunicador Social y Periodista
X: @JohnHammerleon
Email: johnleonc.jhlc@gmail.com


