El tamaño de las economías se puede medir a través de diferentes variables; sin embargo, ningún indicador por sí solo ofrece una medición exacta para dictaminar de manera absoluta la riqueza o vulnerabilidad de una nación frente a otra. Entre las herramientas más utilizadas por los analistas se encuentran los índices de pobreza, la inflación, la deuda pública, y el balance de las exportaciones e importaciones.
No obstante, la medición del Producto Interno Bruto (PIB) sigue siendo el estándar global más empleado para evaluar la dimensión de un aparato productivo. Esta métrica posee varias aristas: la primera es el PIB nominal, entendido como el valor total de la producción expresado en la moneda de referencia internacional (el dólar estadounidense). Este indicador es el que permite, precisamente, contrastar el tamaño de nuestra economía en el escenario global.
Como segunda vertiente encontramos el PIB real, el cual depura el efecto de la inflación y las fluctuaciones cambiarias repentinas para medir el crecimiento puro de la producción física de un país. En otras palabras, el PIB real refleja la cantidad de bienes y servicios que una nación es capaz de generar, aislando la distorsión del aumento de los precios.
A esto se suma el PIB per cápita (nominal o real), que resulta de dividir la producción total entre el número de habitantes, ofreciendo una radiografía del valor promedio que cada individuo aporta a la economía.
Para dimensionar la evolución local, es valioso analizar el comportamiento del PIB nominal de Colombia a lo largo de los últimos periodos presidenciales y los entornos macroeconómicos que los rodearon. En el año 2002, la administración de Álvaro Uribe Vélez recibió un país con un PIB nominal de 97.900 millones de dólares, ocupando el puesto 55 a nivel internacional, en un contexto marcado por severos problemas de orden público y una contracción de la inversión extranjera directa.
Al cierre consolidado de sus dos mandatos, el 31 de diciembre de 2010, la economía colombiana escaló hasta los 286.500 millones de dólares, ascendiendo a la posición 39 global. Esto representó un incremento nominal del 192,6%, corrigiendo un rezago histórico en el valor de la producción nacional.
Por su parte, la presidencia de Juan Manuel Santos recibió el mandato en 2010 sobre la base de los 286.500 millones de dólares. Su gestión estuvo caracterizada por una profunda apuesta estructural por el proceso de paz y por ambiciosas inversiones en infraestructura vial mediante las concesiones de cuarta generación (4G).
En materia macroeconómica, este periodo experimentó una altísima volatilidad cambiaria: durante la primera mitad, impulsado por el auge de las materias primas, el PIB nominal en divisas escaló a un máximo histórico que superó los 380.000 millones de dólares en 2013; no obstante, el choque petrolero global de 2014 y la consecuente devaluación del peso corrigieron esa tendencia a la baja. Al cierre consolidado del 31 de diciembre de 2018, la economía nacional se situó en 334.200 millones de dólares, ubicándose en el puesto 37 global y registrando un crecimiento nominal neto del 16,6% en moneda extranjera respecto al inicio de su administración.
En la administración de Iván Duque inició su gestión con un PIB nominal de 334.200 millones de dólares al cierre de 2018. Su mandato estuvo profundamente condicionado por el impacto inédito de la pandemia del COVID-19, choque global que en 2020 paralizó el aparato productivo e indujo una severa contracción que afecto el valor de nuestro PIB nominal hasta los 271.400 millones de dólares.
Tras el posterior proceso de reactivación económica, al culminar su periodo institucional —con cifras consolidadas al 31 de diciembre de 2022—, el PIB nominal del país logró recuperarse y cerrar en 343.600 millones de dólares. Si bien este resultado representó un incremento absoluto de 9.400 millones de dólares y un crecimiento nominal moderado del 2,8% frente al inicio de su cuatrienio, el ritmo de recuperación de otros mercados internacionales provocó que Colombia descendiera a la casilla 43 en el escalafón de las economías más grandes del mundo.
Finalmente, la gestión de Gustavo Petro inició con el consolidado de 343.600 millones de dólares a finales de 2022. Este periodo ha estado caracterizado por reformas estructurales en el ámbito social, el estímulo al consumo interno, una política de transición energética y una notable apreciación del peso colombiano frente al dólar.
Al cierre del 31 de diciembre de 2025, el PIB nominal alcanzó el récord histórico de 457.400 millones de dólares, retornando a la casilla 37 del orden global (un crecimiento del 33,1%). Asimismo, los monitores diarios de organismos y consultoras internacionales alineadas con el FMI evidenciaron que, para el 9 de julio de 2026, se consolidó un hito histórico: romper por primera vez la barrera de los 500.000 millones de dólares, posicionando al país como una de las economías más dinámicas de la región.
El comportamiento reciente de la economía nacional ha captado la atención de diversas agencias financieras y medios de comunicación internacionales, que en sus análisis macroeconómicos han llegado a destacar a Colombia como uno de los mercados emergentes con mejor desempeño y resiliencia del planeta, noticias que son antagónicas a los titulares de la prensa nacional, que está dedicada exclusivamente a hacer oposición al gobierno actual, a través de sus artículos de prensa.
Este dinamismo ha estado estrechamente respaldado por la fortaleza del peso colombiano, el cual se ha coronado en varias oportunidades en el ranquin global de Bloomberg y firmas aliadas como la moneda con mayor nivel de apreciación del mundo frente al dólar estadounidense, consolidado a Colombia, como la cuarta mejor economía de Latinoamérica, solo por detrás de Brasil, México y Argentina.
Bajo este contexto de revaluación cambiaria y crecimiento productivo sostenible, las proyecciones más recientes de los organismos multilaterales estiman que el PIB nominal de Colombia para el cierre consolidado al 31 de diciembre de 2026 alcanzará los 539.500 millones de dólares, ubicando a Colombia por primera vez, en el puesto 33 a nivel mundial, superando a países como Dinamarca, Bangladés, Malasia y Filipinas; y potencialmente arrebatando el puesto 32 a Vietnam. Este avance no solo revalida el hito histórico de superar la barrera de los 500.000 millones de dólares, sino que consolida al país en una nueva escala de tamaño macroeconómico.
Estas cifras demuestran una constante evolución del valor del PIB Nominal, de la economía colombiana, que ha venido evolucionado hacia el rango de las economías de gran tamaño a nivel internacional, pasando del puesto 55 en el 2002, al puesto 33, al cierre del 2026.
Bajo este panorama, el presidente entrante asume la enorme responsabilidad de robustecer estos indicadores y consolidar la senda del crecimiento, preservando aquellas políticas públicas que han apalancado el bienestar económico de la nación y de sus ciudadanos. No obstante, genera natural incertidumbre escuchar posturas radicales a miembros de su gabinete, que sugieren desconocer los avances alcanzados o pretenden erradicar de tajo los lineamientos económicos heredados del gobierno saliente del presidente Petro.
Por ello, concluyo esta columna extendiendo una invitación al nuevo mandatario a construir sobre lo construido y a evitar el impulso de iniciar su gestión bajo una política de ‘tabla rasa’; la madurez institucional y la estabilidad macroeconómica exigen priorizar, por encima de las diferencias, lo que sea más conveniente para el futuro de nuestro país.
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Por: Óscar Eduardo Mazorra Otálora
Abogado y analista político e Internacional
Correo: osmazorra@gmail.com


