Tragedia venezolana debe ponernos en alerta

TSM Noticias
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Ya pasó el ruido de las elecciones presidenciales y el país se prepara para una nueva etapa bajo el liderazgo del presidente electo Abelardo de la Espriella. A partir de ahora comienza el verdadero desafío: gobernar una nación de cerca de cincuenta y cuatro millones de habitantes, marcada por profundas dificultades sociales, económicas y de seguridad.

Colombia ha sido golpeada durante décadas por la violencia, la corrupción, el narcotráfico, la minería ilegal y muchas otras problemáticas que han consumido buena parte de los esfuerzos del Estado. Sin embargo, existe otro riesgo que, por no ser cotidiano, suele relegarse a un segundo plano: la posibilidad de enfrentar una tragedia natural de enormes proporciones, como la que hoy enluta a Venezuela.

Nuestro país está ubicado en una de las zonas de mayor actividad sísmica del planeta. Su localización sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico y la interacción entre las placas de Nazca, Suramérica y del Caribe, hacen que los movimientos telúricos sean una amenaza permanente. La historia así lo demuestra. Terremotos de gran magnitud han dejado miles de víctimas, destrucción de infraestructura y fenómenos asociados como deslizamientos, avalanchas e incluso tsunamis.

Aunque después del terremoto de Armenia de 1999 se fortalecieron las normas de construcción sismorresistente, todavía existen innumerables edificaciones que no cumplen con los estándares exigidos y muchas comunidades continúan siendo altamente vulnerables frente a un evento de gran magnitud.

Las imágenes que llegan desde Venezuela son desgarradoras. Ver una capital y otras importantes ciudades enfrentando el colapso de edificaciones, la desesperación de miles de familias y las limitaciones para atender una emergencia de semejante dimensión debería convertirse en un serio motivo de reflexión para Colombia. Ningún país está completamente preparado para una catástrofe de esta naturaleza, pero sí puede reducir sus consecuencias mediante la planeación, la inversión y la prevención.

Este debe ser un asunto prioritario para el Gobierno Nacional. No basta con reaccionar cuando ocurre la tragedia; es indispensable fortalecer desde ahora los protocolos de respuesta, modernizar los equipos de los organismos de socorro, invertir en tecnología para búsqueda y rescate, capacitar permanentemente a las Fuerzas Militares, la Policía y los cuerpos de emergencia, y promover una verdadera cultura ciudadana de gestión del riesgo. Cada familia colombiana debería conocer cómo actuar durante un desastre y contar, al menos, con un kit básico para afrontar las primeras horas de una emergencia.

Los gobiernos suelen concentrarse en resolver las urgencias del presente, pero gobernar también significa anticiparse a los riesgos del futuro. La tragedia venezolana debe ser entendida como una advertencia, no como un hecho lejano. Colombia no está exenta de vivir nuevamente una situación similar, y cuando la naturaleza golpea no distingue ideologías, partidos políticos ni fronteras.

Ojalá el Gobierno que concluye su mandato y el que está por iniciar comprendan que invertir en prevención nunca será un gasto, sino la mejor decisión para proteger la vida de millones de colombianos. Tengamos muy en cuenta que las tragedias naturales no avisan cuándo llegarán; lo único que podemos decidir es si estaremos preparados para enfrentarlas.

Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
X: @Hufercao04

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