¡Un esfuerzo común para reconstruir la esperanza!

¡Un esfuerzo común para reconstruir la esperanza!

Los pronósticos y estudios económicos, políticos, laborales, empresariales entre otros simplemente son catastróficos. Desde 1870 no había tanto temor y pesimismo frente al presente y futuro.

El Covid-19 nos trajo situaciones jamás vividas, nos trajo la gravedad y los miedos de lo que no habíamos visto, evidenciando que no estábamos preparados. La reconstrucción para la recuperación debe ser y convertirse en un gran proyecto social diseñado compartido, discutido y aprovechado por todos, y todos asumiendo los cambios, las responsabilidades, participando y aportando.

Muchos coinciden en que dentro de las mayores urgencias de las gentes están las necesidades de proteger los puestos de trabajo. Las obligaciones que nos ha impuesto la cuarentena con todos esos protocolos para proteger y salvar la mayor cantidad de vidas humanas han producido una histórica caída del PIB y la caída de millones de esos puestos de trabajo, lanzando a la calle a trabajadores y pequeños empresarios que dependían del día a día para ganar un sustento.

De urgencia el gobierno -todos los gobiernos-  han debido sacar nuevas regulaciones laborales que no son cosa distinta a pequeños acuerdos entre los trabajadores y los propietarios de empresas y negocios para así acordar el pago y cancelación de sueldos, primas, arriendos y emolumentos propios del tráfico diario de esa línea laboral entre otras medidas,  las cuales  no hacen parte de un paquete de medidas que presenten soluciones de fondo y que permita pensar que se vendrá el milagro de mantener esos puestos laborales y empresas vivas para que puedan seguir operando.

Muchas son las promesas y ayudas ofertadas, y muchas las quejas en cuanto a que esas ayudas o son insuficientes o simplemente no llegan.

¿A quiénes afecta más la crisis?  Por Supuesto que a quienes más golpea es a empresarios débiles, empleados a los que viven del momento o del rebusque, aquellos que no tienen una vinculación laboral justa, sin garantías sociales, aquellos que dependen de que a esa pequeña empresa en donde trabajan le vaya bien, y claro, al pequeño empresario, ese que apenas tiene para pagar solo un mes más las distintas obligaciones naturales de su actividad.

Golpea por supuesto a los empleos más precarios, a los temporales, al trabajo rural, la mujer y a los más jóvenes demostrando de manera contundente lo inestable de nuestro sistema económico y laboral, igual que lo vulnerable en que se encuentran los empleos, pequeños y medianos empresarios.

Es urgente radicar en el horizonte un punto que nos permita entender que el trabajo es el corazón y el alma de un proyecto social  de país, el cual de un impulso   salir de esa crisis eterna económica y laboral en la que nuestro país se ha movido desde siempre, es el momento de echar bases sólidas, nuevas y fuertes que permitan un futuro justo para todos, levantada con nueva estructura y materiales mejorados que nos conduzca a la inclusión, protección, atención y la igualdad en oportunidades para las gentes y así obtener mayor bienestar y sostenibilidad que abran la ventana  a entornos con los que podamos afrontar con mayores garantías futuras crisis como la que atravesamos por cuenta del Covid-19.

Debemos apostarle a trabajos, comercio y empresarios decentes que se conviertan en verdaderos motores de desarrollo y progreso y que sepan identificar y alejar lo injusto y la arbitrariedad, donde cada uno gane lo justo para llevar vidas en verdadera dignidad.

El trabajo debe ser el eje central, serios y estables, garantes y guardianes de derechos que impulsen y aseguren una rápida reactivación en todas las líneas económicas   que mueven el país y que así impulsen el progreso social.

Si nuestros trabajadores están urgidos en necesidades, mal pagos, desmotivados, no será posible que nuestras empresas sean competitivas y eficientes, lo que directamente afecta la producción, aceleramiento y crecimiento económico. Nuestro modelo productivo debe tener como bastión al trabajador y su total bienestar, -con malos salarios, contratos laborales y/o de arriendos injustos no es posible hablar de competitividad, no podemos competir y recuperarnos con trabajos, empleos y empresas baratos-. El buen empleo, el estable y con derechos, genera impulso y dinámica a nuestras empresas y nuestra economía, aquel que contiene capacitación y una formación continua.

Lamentablemente nuestro sistema económico sólo estimula una mínima porción del empresariado, aquellos que son los más poderosos, y excluye al pequeño y mediano empresario junto al grueso de trabajadores, concepción bajo la cual estos no cuentan ni suman a la hora de contarlos como generadores de riqueza y medios para alcanzar igualdad.

Somos todos testigos y lo hemos visto en los últimos años el desmantelamiento de todas las mejoras que tras años de lucha lograron los trabajadores, así como la de las condiciones propias de sus distintos ambientes. Por ello marchamos y reclamamos, pedimos cambios precisamente cambios que permitan proteger puestos de trabajo, trabajadores y al pequeño y mediano empresario.

Marchamos por más justicia para todos los sectores, exigiendo mejoras al sector educativo, al sector salud, al obrero. Hoy la realidad nos enseña que son precisamente ellos quienes más protegidos deben estar pues son quienes le ponen el pecho a lo difícil y son los que se encargan de regresarnos a la normalidad en los momentos de mayor presión.

Necesitamos políticos y políticas que garanticen el acceso de todos a las mejoras que debemos construir, aquellas que garanticen que nadie se quede por fuera, incluyentes, capaces de sacarnos de los momentos de crisis más adversos, necesitamos dar oportunidad a aquellos que promuevan una economía y bienestar de calidad suprema, que llegue a todas las personas y a todos los sectores.

! ¡Lo tenemos todo! Ubicación geográfica, ríos y océanos, riquezas naturales, pisos térmicos distintos, la generosidad de nuestro campo y nuestras tierras que todo lo generar y lo producen y por supuesto nuestras gentes, esas gentes que esperan por políticas serias y justas.

Cito una valiosa reflexión:

«En estos tiempos difíciles, cabe recordar un principio establecido en la Constitución de la OIT: La pobreza, en cualquier lugar, constituye un peligro para la prosperidad de todos. En los años venideros, la eficacia de nuestra intervención será juzgada posiblemente no solo por la amplitud y la rapidez de las inyecciones de efectivo, o por la curva de recuperación, sino por lo que hicimos por los más vulnerables».  Guy Ryder, director general de la Organización Internacional del Trabajo.

Por: Igor Andrés Morales – igorandrescortesmorales@gmail.com
Twitter: @igorandrescort1

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