Todos tenemos la culpa

Todos tenemos la culpa

No apoyo esta manifestación tardía de arrepentimiento y molestia colectiva, que se traduce en vandalismo, tragedia económica y que generará una terrible crisis de salud. Y es que las justas reclamaciones sociales que motivan el paro, pueden quedar satanizadas, de alargarse, tal vez en forma innecesaria, esta caótica situación.

Ojalá los que marchan románticamente todos los días entiendan que los peores dictadores se levantan en medio del caos social. Eso lo sabía Hitler quien subió al poder el 30 de enero de 1933 y ordenó quemar el Reichstag, el edificio del parlamento alemán el 27 de febrero siguiente en medio de una protesta promovida por el Partido comunista Alemán. Y bueno, el resto es historia.

Pero sí tenemos que reconocer que a este terrible estado de cosas no se llegó por culpa de una oligarquía, como alegan unos, ni mucho menos bajo el imperio de una dictadura, como reclaman ciudadanos de opiniones extremas. Aquí llegamos siendo una democracia, que nos preciamos, de las más viejas de Latinoamérica y del mundo, y tal vez, lo más frustrante, es que llegamos a este nudo en vigencia de una de las constituciones más garantistas del mundo.

Por eso, a pesar que jamás he defendido este gobierno ni mucho menos a Iván Duque, debemos empezar por reconocer que los principales responsables de este estado de cosas, somos todos y cada uno de nosotros por llevar años, décadas, y tal vez dos siglos de historia republicana eligiendo pésimos gobernantes.

Hoy en estas protestas hay muchas personas que se rasgan las vestiduras en la calle y gritan en contra del gobierno, olvidando que han ejercido el derecho al voto en forma irresponsable, o peor aún, esperando una prebenda o una recompensa.

Muchas de esas personas que hoy se ponen la camisa de la Selección Colombiana de Fútbol y salen a gritar con bandera al cinto, “Uribe, paraco, el pueblo está berraco”, ni siquiera se han preocupado por votar. La abstención en Colombia siempre es en promedio del 65% de los votantes y en algunas elecciones se ha superado el 70%.

Hoy se quejan del estado terrible de cosas que vivimos consecuencia del conformismo, la corrupción y la mediocridad, los tres frutos del árbol malsano que es el sistema político colombiano, que ellos mismos riegan en todas las elecciones.

Y para defender mi tesis, tomaremos como ejemplo las elecciones presidenciales de 2018; pero la verdad, siendo honestos, se podría tomar como ejemplo cualquier elección en este país, que salvo algunas excepciones (alcaldías sobre todo), demuestran que Colombia no sabe elegir buenos gobernantes.

En el 2018 elegimos el que dijo Uribe, en contra de Petro, y se votó por Petro en contra de Uribe; o votaron en primera vuelta por el centro, para después reclamar que era que esos candidatos no tenían pantalones. (Hay que ver la fijación de la sociedad colombiana con los candidatos bravucones).

Pero nadie votó por propuestas, por experiencia, por sabiduría, por mesura o pensando en el futuro del país. Porque si hubiéramos elegido al candidato con más experiencia, sabiduría y trayectoria, habría ganado Humberto de la Calle que era el mejor candidato a la presidencia en el 2018.

¿Por qué, sí todos sabíamos que era el mejor candidato no lo elegimos presidente?

Simple; porque en Colombia realmente nunca hemos entendido que implica vivir en democracia, y la consecuencia de ese desconocimiento implica que esta sociedad nunca elige buenos gobernantes.

No se vota por los buenos porque para eso abundan las excusas: “es bueno; pero no tiene la fuerza y la plata para llegar”, “es bueno; pero no tiene la maquinaria”  “es bueno; pero no tiene la experiencia”, “es bueno; pero no promete nada”, “es bueno; pero le falta como carácter”, “es bueno; pero si voto por él y no gana de pronto pierdo el voto”. Esta última, la excusa más deleznable de todas.

Los colombianos creemos que la democracia es un juego, casi un partido de fútbol. Un acto protocolario de estadio. Lo importante no es votar a conciencia, para poder hacer oposición y control social como pasa en las democracias modernas, sino que la persona por la que uno vota, no pierda la elección. Porque lo importante no es lo que el candidato propone o representa, sino que el candidato gane.

Y esa es la semilla de toda la corrupción electoral y la causa por la cual en las elecciones en Colombia lo que menos importe es analizar si el candidato  merece el cargo que va a ocupar.

Todos tenemos la culpa, porque durante años no votamos por las mejores opciones, sino por el hijo, el nieto, el sobrino, el esposo o la esposa de aquel que lleva varios periodos en el congreso y que parece está vinculado en un escándalo de corrupción, y en casos más descarados está condenado por algún delito.

Porque en Colombia los votos, parece que son parte de las herencias y se convierten en feudos personales que se transfieren entre familiares y amigos. Y esos feudos generan réditos y dinero.

Este es uno de los pocos países del Mundo en que se ha documentado semejante perversión política, uno de los pocos países del mundo donde existe lo que yo denomino “nepocracia”, una forma muy estilizada de nepotismo que se disfraza de democracia.

Todos tenemos la culpa porque elegimos personas que se sabe llegarán a cometer tropelías y poco nos importa que pasa cuando el candidato llega al poder. Lo importante es salir a elegirlo y por supuesto no vigilar cómo se gasta el presupuesto público, para luego justificarlos con aquella frase ignorante según la cual, “robó, pero al menos hizo algo”.

Y a pesar de semejante indolencia, exigimos y pretendemos vivir en un país del primer mundo votando por malos candidatos, y en consecuencia, soportando pésimos gobernantes.

Razón tenía Gabriel García Márquez, si fue cierto que acuñó aquella frase lapidaria según la cual, “todos los colombianos quieren ir al cielo, pero no quieren morirse”

Así que si usted quiere cambiar esto, fácil. En las próximas elecciones, vote a conciencia. No importa que su candidato sea de izquierda o de derecha, con que sea transparente y respete el estado de derecho, este país, y la ciudad en que usted vive seguro mejora.

Pero si usted no vota a conciencia, ojalá cuando se sienta con el agua al cuello y desesperanzado, en vez de promover la parálisis económica, y de creer que con gritar arengas y dañar bienes públicos esto mejora, acuérdese, que usted mismo anudó la soga que tiene en su cuello.

Por: Juan Pablo Murcia Delgado – murciajuanpablo@gmail.com
Twitter: @jpmurciadelgado



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