Si no hubiesen pasado en el Congreso, las Reformas Laboral y Pensional, que cambiaron muchas cosas en el país, especialmente para los más desfavorecidos, no tendría eco en los oídos de los electores la necesidad de un cambio en Colombia.
Esos dos cambios, más el que viene en camino si logra pasar en el Congreso, que es la Reforma a la Salud, están haciéndole un daño severo a la política tradicional que quiere hace rato tumbar a Petro, o por lo menos reemplazarlo en el 2026. Es decir, el daño es a los que quieren retornar al poder.
Pero la tienen muy difícil. Porque tendrían también que prometer un cambio, esa palabrita tan gastada muchas veces en la política regional, y también nacional, pero que gústenos o no, sólo Petro logró consolidar en más de 3 años de su administración.
Y es que cambiaron muchas cosas en el país con este gobierno, noticias que precisamente no han sido el sonajero de los medios tradicionales de comunicación, los cuales, ya todos sabemos hasta la saciedad, a quiénes pertenecen, y por ende, a qué intereses responden, y por qué atacan tanto al hoy Presidente de los colombianos.
Y son precisamente esos cambios los que todos hemos visto muchas veces primero en los medios alternativos, y luego en los medios de los grupos económicos, los que hoy se han convertido en la agenda pública nacional:
La entrega de tierras y de bienes de la SAE a campesinos y a grupos asociativos, (601.000 hectáreas de tierra fértil para campesinos pobres, mientras el gobierno pasado compró 13.020 hectáreas), la entrega de infraestructura universitaria, bajar la tasa de desempleo de 13.7% al 9%, “Matrícula Cero” para los aspirantes a entrar a universidades públicas del país, revaluación del peso colombiano de $ 4.326, llegando a los $3.900, contribución del turismo en 5.1% de la economía nacional que representa un movimiento récord de US$ 21.600 millones al Producto Interno Bruto (PIB) en 2025, una inflación a la baja ubicándose en 4,8%, cuando a junio de 2022 estaba en 13,18%; aumento promedio del 10% en tres años del salario mínimo, récord en incautación de droga, (más de 1.700 toneladas de cocaína a noviembre de 2024), entre muchos otros cambios tangibles para los colombianos.
Pero estos cambios no los aceptan en la política tradicional de la oposición. No los quieren ver como el cambio que se requiere en la sociedad. No los representan porque simplemente no son sus luchas, y al contrario, los siguen combatiendo desde sus discursos desgastados estigmatizando el cambio, tildándolo de dañino para la sociedad.
Hoy sería muy complicado para los congresistas de partidos como el Centro Democrático, Conservador, Cambio Radical, La U, o el Mira, hablar de cambios como discurso, luego de haber defendido todo lo contrario. No les sonaría bien, no gozaría de mucha credibilidad, y menos si lo que se les observa, es un gigante rabo de paja que apenas los deja caminar directo a la fiscalía, a la procuraduría o a la Contraloría. Sí, casi todos están untados de todo, y es lo que vemos a diario en las investigaciones que pululan sobre delitos contra lo público.
Como no se les ve bien, no hacen parte de esa Colombia que requiere un cambio, y como saben que no han hecho más que tropezar la rueda para que cualquier cambio salga mal, acuden a la otra orilla: al no cambio. Y es cuando hablan otra vez de inseguridad, de muertos, de terrorismo, pero no hablan de los golpes propinados por la fuerza pública a las estructuras armadas ilegales en este gobierno.
El discurso del cambio requiere de líderes auténticos. Y a pesar de todas las críticas, Petro lo ha logrado, se la jugó por un cambio que fue lo que prometió en su Programa de Gobierno, “Colombia Potencia Mundial de la Vida”, y que a juzgar por todo lo que ha pasado, le puso el pecho a la brisa, convocando marchas bien nutridas y quitándole la máscara a los que no querían las reformas.
Eso tiene un valor social muy alto, que no alcanzan a calcular las mediciones de preferencias electorales provenientes de firmas encuestadoras que, por estos días, no hacen más que revelar que hacen parte de los que no quieren que muchas cosas cambien en Colombia. Por eso ofrecen cifras y conceptos sesgados que todo el mundo percibe.
Conectar con las masas en las plazas y en las redes sociales, como lo sigue haciendo hoy el Presidente Gustavo Petro, se ha convertido en un desafío para los pretendientes al poder público más importante del país.
Ahí vemos a algunos políticos balbuceando un tibio cambio con propuestas poco ilustradas; sencillamente no pueden profundizarlas mucho porque si lo hacen, entrarían en una profunda contradicción, revelando el reflejo de sus propios financiadores, aliados y cercanos, los que tanto desprestigio tienen hoy en nuestra sociedad colombiana y que hacen parte de los que precisamente se han opuesto al cambio.
Qué mal se le escucharía, por ejemplo, a un congresista financiado por Keralty dueño de Sanitas, hablar de cambios en la salud. Sencillamente para ellos no es necesario cambiar nada, o propondrían cambios sutiles que no perjudiquen el mal manejo de los recursos públicos en manos de las EPS que es de donde vienen las financiaciones de sus campañas electorales.
De modo que, el cambio, seguirá siendo el discurso político más importante de cara a las próximas elecciones de Congreso en marzo y de Presidencia en mayo, del 2026. Cuando al pueblo le despiertan la conciencia colectiva, entendiendo que muchas cosas pueden cambiar para el bienestar de la sociedad en general, es muy difícil que se quiera retroceder, y lo que viene, es precisamente continuar con los cambios porque se sabe que aún falta mucho más.
—
Por: John Hammer León Cuéllar
Comunicador Social y Periodista
X: @JohnHammerLeon
Email: johnleonc.jhlc@gmail.com


