Los vándalos

Los vándalos

Al propietario de la turbo que trabaja como un  burro y duerme en la carretera para pagar peajes cada 40 kilómetros, gasolina encarecida con impuestos para el mantenimiento de vías que jamás se mantienen; al mototaxista atiborrado de comparendos, perseguido con sevicia por guardas de tránsito confabulados con empresas privadas contratadas por las alcaldías para llenar los patios y cobrar multas.

Al joven que no encuentra como estudiar ni tiene opción de trabajo digno,  con hojas de vida en las oficinas de politiqueros que prometen en cada campaña una solución que nunca llega; al profesional desempleado, agotado de voltear de un lado para otro en un país sin agricultura y sin industria, quebradas por la competencia desventajosa de los TLC y  con la angustia de una familia sin un peso para el mercado; a la madre apurada ofreciendo a su bebe un seno seco del hambre y sin renta básica.

Al labriego que tuvo que botar la cosecha porque cuando salió al mercado estaba saturado con producto importado y el precio no cubre los costos de producción porque los insumos suben su precio como en tirabuzón; el pequeño empresario agobiado por el acoso incesante de chepitos contratados por los bancos que se embolsan el 10% adicional a los intereses por una simple llamada y amenazado por la DIAN con el cobro de impuestos que a los grandes se exonera.

Los que se matricularon con créditos del ICETEX, que ahora no encuentran como cancelar y la deuda termina endosada a sus atribulados progenitores; los empleados de la salud sometidos a extenuantes jornadas y al riesgo del contagio, con contratos temporales, salarios minúsculos y sin garantías; los que pudieron pensionarse, les quitaron una mesada y ahora les quieren clavar impuesto de renta cuando la pensión no alcanza para cubrir el mes.

Al artista sin escenario, desplazado por la economía naranja de FOX, Warner Brothers Paramount y otras;  el comerciante atribulado por impuestos, tasas y contribuciones; los hoteleros con las habitaciones vacías y las cuentas caminando; las famiempresas sin el subsidio de nómina, que solo lograron las grandes empresas, las de Sarmiento, Ardila y extranjeras; los maestros sin datos y los alumnos sin conexión a internet ni dispositivos para atajar en algo el retraso en su educación.

Las comunidades indígenas confinadas en resguardos, herencia colonial, peladeros de los que los quieren sacar a punta de terror; obreros y empleados con jornales de miseria y sin prestaciones ni seguridad social; enfermos víctimas de un sistema de salud programado para el lucro y que ahora pretenden afinar como una mayor renta para las aseguradoras, uno de los brazos de los pulpos financieros.

Los desheredados de la tierra que han terminado raspando en los confines de la frontera agrícola, a pesar de los millones de hectáreas de tierra ociosa en poder de unos pocos; la madre cabeza de familia que ya no encuentra trabajo ni de empleada de servicio doméstico por el temor de sus empleadores al contagio; los vendedores ambulantes que corretean al sol y agua en las ciudades y que reiteradamente  son despojados de su plante por hordas policiales.

Los ahorcados mensualmente con recibos de servicios públicos que aplican tarifas para garantizar una ganancia desmedida de operadores privados; el lumpen que inevitablemente produce una sociedad que niega oportunidades, que frustró la posibilidad de un desarrollo propio porque prefirió entregar nuestros recursos, nuestro mercado y nuestro trabajo a la voracidad de unos monopolios y a los prestamistas internacionales.

Los pobres entre los pobres que pretenden contener con el vicio y unos subsidios miserables; los perdedores de una pandemia que el gobierno no quiso manejar y aprovechó para legislar en provecho de unos cuantos amigotes y los que esperan la vacuna con la ilusión de sobrevivir a este caos.

Todos los que se agotaron de reprimir la ira y aguantar los abusos de los especuladores.

A todos ellos los llaman vándalos los periódicos, Semana, los programas de Tv propiedad de los beneficiarios de las rentas del Estado, los desfalcadores del erario, los de Reficar, los de Odebrecht, los de Foncolpuertos, los de los bonos Carrasquilla, los magistrados que fallan de acuerdo al soborno, los de las 4,5 y 6 G, que se construyen por tramos según la coima que se reparta.

Los comisionistas de la compra de aviones de combate, tanquetas, material de guerra y glifosato; las mineras que destruyen y contaminan el aire, el suelo, el agua por unas ruinosas regalías; los beneficiarios de la venta de Telecom, Ecopetrol, Isagen y quienes aprovecharon las privatizaciones de hidroeléctricas, electrificadoras regionales, licoreras departamentales y cuanto negocio rentable tenía el Estado.

La respuesta ha sido brutal, el uso desmedido de la fuerza de quienes están obligados a proteger a los ciudadanos, las imágenes muestran policías disparando sus armas como un concurso desalmado de tiro al blanco, hasta la comunidad internacional ha debido pronunciarse para reclamar por la violación sistemática de derechos humanos.

La avaricia rompe el saco, reza un refrán; nos quitaron todo, hasta el miedo rezan las pancartas en las enormes manifestaciones; los humildes, los desamparados están pasando su factura, aún es tiempo de pagarla; a grandes males grandes remedios.

Por: Libardo Gómez Sánchez – libardogomez@gmail.com
Twitter: @libardogomezs



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