Los motociclistas, un dolor de cabeza

TSM Noticias
421 Views

Descansar tranquilamente en Neiva, especialmente para quienes vivimos cerca de avenidas o vías principales, se ha convertido en una misión prácticamente imposible. El abuso desconsiderado de muchos motociclistas, que modifican sus máquinas para producir el mayor ruido posible, tiene hoy secuestrada la tranquilidad de miles de ciudadanos que únicamente desean dormir después de una larga jornada laboral.

Lo más preocupante es que este comportamiento no se presenta de manera aislada. Por el contrario, parece haberse convertido en una práctica cotidiana y tolerada. Basta recorrer o vivir cerca de sectores como la avenida Max Duque, la calle 8 hacia el oriente, la avenida La Toma y otros corredores viales de la ciudad, para evidenciar cómo, especialmente en horas de la noche y la madrugada, decenas de motociclistas transitan a alta velocidad haciendo estallar sus exostos modificados, como si el ruido fuera un símbolo de poder, rebeldía o reconocimiento social.

El problema va mucho más allá de una simple incomodidad auditiva. La contaminación acústica afecta seriamente la salud mental y física de las personas. La alteración del sueño, el estrés, la ansiedad, el cansancio permanente y hasta problemas cardiovasculares son algunas de las consecuencias que los expertos asocian con la exposición constante al ruido excesivo. Es decir, no se trata únicamente de un tema de convivencia ciudadana, sino también de salud pública.

Resulta indignante observar cómo algunos motociclistas actúan con absoluta indiferencia frente al bienestar colectivo. Pareciera que para ellos el espacio público fuera una pista privada y que las normas no existieran. Más grave aún es la sensación de impunidad que reina en la ciudad. Los ciudadanos perciben que las autoridades poco o nada hacen para controlar esta problemática que cada día empeora.

Es importante recordar que en Colombia el ruido generado por motocicletas se encuentra regulado tanto por el Código Nacional de Policía como por normas ambientales vigentes. Para este caso específico, el límite máximo permitido es de 86 decibeles. Cuando una motocicleta supera este nivel o presenta modificaciones ilegales en el sistema de escape, su conductor puede ser sancionado con multas económicas e incluso con la inmovilización del vehículo.

Además, la Ley 2450 de 2025, conocida como la Ley contra el Ruido, fortaleció las herramientas jurídicas para combatir la contaminación acústica en el país. Esta normativa busca proteger la salud pública y el bienestar de los ciudadanos, permitiendo la intervención inmediata de las autoridades frente a niveles excesivos de ruido. En otras palabras, la ley existe, las herramientas están dadas y las competencias son claras.

Entonces surge una pregunta inevitable: ¿qué está pasando en Neiva? ¿Por qué el control parece inexistente? ¿Por qué los operativos no son permanentes? ¿Por qué los ciudadanos deben resignarse a vivir entre el escándalo, el desorden y la anarquía vial?

La responsabilidad recae principalmente sobre las autoridades encargadas de garantizar la seguridad y la convivencia ciudadana. La Policía Metropolitana y los organismos de tránsito no pueden continuar actuando como simples espectadores frente a una situación que deteriora la calidad de vida de toda una ciudad.

Los neivanos no están pidiendo imposibles. No exigen milagros ni medidas extraordinarias. Lo único que reclaman es algo elemental: poder dormir en paz, vivir con tranquilidad y recuperar el respeto por el espacio público y las normas de convivencia.

Por eso vale la pena preguntar, respetuosamente, pero con firmeza, señor comandante de la Policía Metropolitana de Neiva: ¿será posible que se desarrollen algunos operativos para controlar estos desmanes o tendremos que acostumbrarnos al ruido y al desorden?

Adenda:

Súmele a lo anterior el constante tránsito de vehículos con equipos de sonido modificados que recorren la ciudad poniéndosela literalmente de ruana, sin importar la hora, el lugar ni el derecho de los ciudadanos a la tranquilidad y al descanso.

Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
X: @Hufercao04

Share This Article
Ir al contenido