El inolvidable “Impacto” (II)

El inolvidable “Impacto” (II)

Rincón de Historia

En septiembre  de 1963 llegué  a Neiva contratado por Jaime  Ucrós García como  jefe de reacción de IMPACTO, porque Javier Muñoz Piedrahíta, quien ejercía  esas funciones  desde la fundación del radioperiódico, en febrero, debía marcharse a Bogotá  a continuar sus estudios de Derecho en la Universidad Libre.

Yo no conocía a Ucrós;  y de  Neiva y el Huila tenía  vaguísimas nociones adquiridas en las aulas del Liceo de Bachillerato de la Universidad de Antioquia. Pero un amigo de Ucrós, el  “viejo” Mario Vélez, que trabajaba con Santiago Muñoz Piedrahita en un noticiero de cine, era también  amigo y paisano mío, y cuando le escuchó a Ucrós que buscaba un periodista con agallas suficientes para irse a Neiva, le recomendó mi nombre, pues yo estaba muy aburrido en Radio Santafé, laborando como un negro con un  sueldo miserable, lo único que había conseguido en mi escabrosa condición de exsecretario político del partido comunista de Antioquia, expulsado de ese partido por haber  intentado dividirlo al crear con Estanislao Zuleta, Mario Arrubla y unos profesores de las  Universidades Libre  y Nacional  el Partido de la Revolución Socialista, PRS, de efímera existencia. El dato no preocupó a Ucrós.

Al contrario, le pareció excelente para taparle la boca a sus copartidarios  Gonzalo Carrera, Raúl Trujillo y Humberto Tafur, que lo acusaban de ser muy de derecha… Y para mejorar la propuesta, cuando al llegar al Café Automático, donde  nos conocimos esa noche, y preguntarme qué deseaba tomar, le  respondí que un aguardiente de la botella que tenía en la mesa compartída con el abogado Nelson Rendón, exclamó eufórico: ¡Queda contratado!, pues no solo adquiría un periodista para  IMPACTO, sino un compañero de tragos…

El debut fue excelente. Esa misma noche emprendimos viaje a  Neiva durante  16  horas en el auto de Rendón,  conducido por una hermana suya, y entre parada y parada para cambiar de  llantas,  a  causa de  un paro de transportadores que las pinchaban con grapas, no solo bebíamos wisky sino que comentábamos la política huilense, conmocionada ese día por la bofetada que el joven Julio Bahamón Vanegas le propinó al jefe oficialista  Alberto Galindo por  un incidente de este con su padre, el líder Julio Bahamón Puyo.

Al llegar a  Neiva, escribí para la emisión de esa noche  una completa crónica del incidente, con base  en la charla con Ucrós y Rendón, adornada con picantes observaciones de los tres.

El éxito fue total. Esa misma noche, en el Bar Taurino (calle 8ª con carrera  6ª), la sede  de los políticos de entonces, conocí a casi todos los dirigente liberales y conservadores de Neiva, admirados de la agudeza de la crónica. Ucrós, feliz, me anunció que el periodo de  prueba que habíamos convenido en el Automático  estaba cumplido, y recibiría  el sueldo completo: ¡el doble de lo que ganaba en Bogotá!

Ingresé así, con “patada de antioqueño” al entonces reducido grupo de periodistas del Huila.

(Próxima crónica: El gobernador Rómulo González Trujillo cierra IMPACTO).  

Por: Delimiro Moreno – morenodelimiro@gmail.com
Twitter: @opipaisa

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