Docentes sinvergüenzas

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Esta columna tiene un fin específico y un actor  principal, el primero reivindicar a los docentes de Colombia y el segundo, el precandidato del Centro Democrático, señor Alirio Barrera, quien es el macho cabrío de ese partido y seduce a Paloma y a Cabal y a uno que otro hombre despistado de su rol, y quien seguramente por su espontaneidad, su falta de conocimiento en asuntos propios de Estado y de la administración pública y en particular hoy, del sector de la docencia en la educación  básica y media y en el sector público, se atrevió públicamente a decir no solo una imprecisión monstruosa, sino que desnudó su falta de preparación y de paso generó un insulto no solo a los maestros en Colombia sino, a quienes fuimos a la escuela o al colegio y recibimos excelentes enseñanzas y acertados consejos para la vida.

Pero en mi caso un ingrediente más fuerte, es que soy hijo de una mujer que su vida se la dedicó a niños y niñas como docente de escuela en una comuna deprimida de la ciudad de Neiva y vi como sus alumnos la adoraban y respetaban, y sus padres sentían la tranquilidad que sus pequeños estaban en buenas manos.

Si no fuera por que dijo que los maestros “no podían seguir ganando esos sueldos tan altos de treinta y cinco millones de pesos mensuales más primas y que no renuncian para dar paso a los jóvenes”, yo hubiese escrito sobre alguien de verdad importante para este país y mis lectores, pero ojo, los políticos ajustaron la edad de retiro forzoso a los 75 años de edad para todos los colombianos y entonces ellos se quieren quedar y que los seres más importantes de una sociedad en permanente construcción deben irse.

Decía que soy hijo de docente y pude ir al colegio y a la universidad con el fruto de su pequeño sueldo y el de mi padre, ambos en el esfuerzo por asegurarme un futuro promisorio, así fuera a base de créditos educativos y en cooperativas admirables como Utrahuilca o Coonfie, no, esto no puede quedar en un chiste de mal gusto, debo ser suficientemente capaz en pocas líneas desnudar este ridículo discurso, debo resaltar la obra del docente, quien esculpe a diario al ser humano y da muchas veces la tranquilidad que los niños no encuentran en sus hogares.

Este señor y todos los precandidatos a cuanto escenario se lancen, deben entender “el sentido de educar y el oficio docente”, que ellos son formadores ciudadanos, capaces interpretar y leer los contextos que circulan a su alrededor y que están llamados a responder a cada reto de su tiempo.

Son facilitadores que luego de aprehender conocimiento lo materializan en metodologías propias y adecuadas, y en fin ayudan a que los estudiantes comprendan el mundo desde diversos lenguajes, aprendan a vivir con los demás y sean productivos, sin olvidar que siempre deben girar alrededor de que lo que es justo para sí, debe serlo para su compañero de clases o de vida, tienen entonces una función social.

No es justo decir que ganan esa suma exagerada que se parece a la de un congresista o gobernador del Casanare, no de los maestros de este país, que entre otras cosas se han leído más libros que Barrera, que han escrito más libros que Barrera, que han transformado más vidas que Barrera, que han educado al médico, al ingeniero, incluso al político y otros tantos, y sin embargo ganan menos que todos los anteriores.

Por: Juan Felipe Molano Perdomo – jmolano74@hotmail.com

Twitter: @JuanFelipeMola8

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