Desminar los espíritus

Para bien de este país, la semana que acaba de terminar estuvo colmada de buenas noticias.

La primera de ellas está relacionada con el ingreso de cinco generales de la república, a la mesa de negociación en La Habana. La segunda, es el anuncio de inicio de desminado de las áreas donde han sido instaladas las temibles minas anti personas, que han cobrado miles de vidas y dejado en discapacidad a militares, policías y campesinos, durante el conflicto armado interno. La tercera es la gran marcha por el respeto a la vida, convocada por el profesor Antanas Mockus. Y hace parte de estas noticias buenas, la gran celebración del Día Internacional de la Mujer.

Estos cuatro eventos que coparon de grandes titulares a la prensa nacional, se convierten en un buen indicativo de paz, pues el ingreso de cinco importantes hombres de la fuerza pública a la mesa de negociación de La Habana, nos están dando un contundente mensaje, que el proceso de paz entre gobierno y guerrilla transita por buen camino, como nunca antes había ocurrido, en los cincuenta años de conflicto armado interno.

Lograr poner cara a cara a los verdaderos protagonistas de una guerra tan compleja y por demás salvaje, con tanta violación de derechos ciudadanos, es un gran triunfo político del gobierno del presidente Santos, una buena demostración de las Farc, que están de verdad comprometidas con la paz, y una gran victoria para el pueblo colombiano, en especial para las nuevas generaciones.

El anuncio del gobierno del desminado de extensas áreas campesinas, entre militares, y guerrilleros de civil, desarmados, es un mensaje contundente para el pueblo colombiano y para la comunidad internacional; que este conflicto que parecía interminable, está llegando a su fin.

Coinciden estas dos buenas noticias con la celebración del Día Internacional de la Mujer, como si fuese un regalo para el ser más sublime que Dios ha puesto sobre la tierra. Que desde luego es quien más ha sufrido el rigor del conflicto armado en Colombia; no solamente por su alta cuota en vidas aportadas en los últimos cincuenta años, es porque gran parte de ellas han perdido a sus hijos, esposos, hermanos y padres, que además ha sido víctima de la perversa desigualdad social, la pobreza absoluta y el desplazamiento forzado.

La marcha dirigida por el profesor Antanas Mockus, gran hombre, símbolo de cultura ciudadana, honestidad y de paz, logró su cometido: llenar las calles de este país, por los que respetamos y amamos la vida, que por tal razón estamos jugados con la paz.

Esta gigantesca marcha realizada en todo el territorio colombiano y en otros países, ha dejado en el alma de unas mayorías dos mensajes. Primero: que estamos cansados de tanta violencia; y el segundo: que más que lograr la desmovilización de las guerrillas y desactivar las minas anti personas, primero hay que desminar nuestros propios espíritus. Dios quiera que muy pronto cese “la horrible noche”.

Por: Miguel Rodríguez Hortúa





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