Bioeconomía en la potencia mundial de la vida: camino al desarrollo sostenible

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Existe un amplio consenso sobre qué es la bioeconomía y, de hecho, la definición proporcionada por el Global Bioeconomy Summit (Es una conferencia internacional bienal que se ha convertido en el evento líder para revisar y discutir globalmente las oportunidades y desafíos emergentes de la bioeconomía y desarrollar visiones para la construcción de una bioeconomía sostenible entre actores claves, como gobiernos, el sector de la ciencia y la innovación, las empresas y la sociedad civil) en 2018 se ha adoptado en muchos escenarios.

Según esta definición, la bioeconomía se refiere a la producción, el uso y la conservación de los recursos biológicos, incluidos el conocimiento, la ciencia, la tecnología y la innovación relacionada, para el suministro de información, productos y servicios a través de todos los sectores económicos hacia un sistema económico más sostenible.

Esta definición deja claro el papel de la ciencia, la tecnología y la innovación para pasar de una economía orientada a los factores de producción a una economía más orientada al conocimiento.

La sociedad se enfrenta a retos globales que requieren soluciones urgentes para asegurar la sostenibilidad social, económica y ecológica.

Además de la actual crisis económica y social suscitada por el Covid-19, el crecimiento poblacional esperado en 2050, la incidencia de la pobreza, el cambio climático, la sobreexplotación de los recursos naturales, entre otras situaciones, obligan a repensar la producción, modelo y los motores del crecimiento económico y el desarrollo social, que se han basado en los recursos de combustibles fósiles.

Por lo tanto, es imperativo utilizar el conocimiento científico y el progreso tecnológico para buscar modelos de producción que exploten y conserven eficientemente los recursos naturales.

En consecuencia, muchos países han lanzado diferentes estrategias, como el crecimiento verde y la economía circular, como alternativas para buscar un crecimiento económico sostenible e inclusivo.

En este contexto, tanto los debates políticos como de investigación coinciden, en que para transitar hacia la economía verde se necesita la incorporación del uso sostenible de la biodiversidad y el desarrollo y fortalecimiento de cadenas de valor basadas en el conocimiento bajo el concepto de bioeconomía.

La bioeconomía ha ganado especial atención en los últimos años en la agenda de políticas públicas de varios países como una alternativa para alcanzar la Agenda 2030, sus Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París a través de la conversión de recursos renovables de base biológica en fibras, alimentos, combustibles, y productos químicos.

Esto ha aumentado el interés en el desarrollo de una bioeconomía basada en el conocimiento, dirigida principalmente hacia el avance biotecnológico. Si bien la bioeconomía está estrechamente relacionada con la economía verde y la economía circular, la literatura académica ha identificado particularidades en el uso del término, que se ha relacionado con el uso de la biomasa y el conocimiento en diferentes disciplinas.

De esta manera, la bioeconomía implica un cambio transformador bajo tres visiones: biotecnología, bioecología y biorecursos. Esto impone el desafío de definir el alcance de la bioeconomía y establece un marco para medir su desarrollo.

El Acuerdo de Paz de 2016 ha aumentado el acceso a los ecosistemas únicos de Colombia, que siguen siendo poco estudiados y cada vez más amenazados. Colombia está clasificado como el segundo país más biodiverso del mundo.

Décadas de conflicto armado, infraestructura limitada y falta de recursos financieros proporcionales a esta concentración sustancial de biodiversidad han dejado los ecosistemas de Colombia comparativamente inaccesibles, intactos y poco estudiados.

Sin embargo, con el histórico Acuerdo de Paz de 2016, vastas extensiones del diverso paisaje colombiano se están abriendo tanto a la investigación de la biodiversidad como a las actividades económicas.

Desde el Acuerdo de Paz, las industrias extractivas (madera, minería, petróleo) y la agricultura (particularmente la ganadería) han estado invadiendo los ecosistemas biodiversos recientemente accesibles a un ritmo acelerado, amenazando la ecología del país.

Con un 42,5% estimado de la población que vive en la pobreza, especialmente en las zonas rurales, el país ahora se ve obligado a tomar decisiones desafiantes sobre cómo equilibrar mejor la necesidad real de desarrollo económico para aumentar el nivel de vida y aliviar los males sociales, tales como la desigualdad y el conflicto, al mismo tiempo que conserva su notable biodiversidad.

El Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible ha estimado que la bioeconomía tendrá un potencial económico mundial de 7,7 billones de dólares para 2030. Colombia, con su importante riqueza biológica, se encuentra en una posición única para capitalizar esta oportunidad.

La Misión de Sabios es un panel de expertos nacionales e internacionales en ciencias y humanidades reunidos por el gobierno. La misión se encarga de desarrollar estrategias y propuestas de políticas escalables, replicables y sostenibles a largo plazo para el avance de la ciencia, la tecnología y la innovación, al mismo tiempo que aborda problemas sociales, como la pobreza y la desigualdad.

En 2019, la misión recomendó que la bioeconomía aporte al menos 10% del producto interno bruto (PIB) y genere al menos 100 000 empleos para 2030.

CONPES es la máxima autoridad nacional de planificación gubernamental, asesorando en todos los aspectos relacionados con el desarrollo económico y social. En su Política de Crecimiento Verde de 2018, el CONPES definió a la bioeconomía como “una economía que gestiona de manera eficiente y sostenible la biodiversidad y la biomasa para generar nuevos productos, procesos y servicios de valor agregado basados en el conocimiento y la innovación”.

La política estableció tres objetivos de bioeconomía que abarcan esta definición para 2030: 1) Aumentar el número de empresas bioinnovadoras en un 86%, 2) Aumentar el número de spin-offs y start-ups en un 180% , y 3) Aumentar en un 19% la producción de bienes y servicios por bioempresas.

La política también identificó una variedad de sectores prioritarios para el desarrollo como parte de la bioeconomía, incluidos los cosméticos, los productos químicos, los productos farmacéuticos, la atención de la salud, la agricultura, los alimentos y las bebidas.

Uno de los desarrollos pioneros en nuestro país de lo que es la bioeconomía es el desarrollo de la biomasa para la generación de energía a partir del aprovechamiento de lo que antes se consideraba ‘desperdicio’, como el bagazo de caña de azúcar, el sobrante de los racimos de frutas y verduras, las tusas de palma y la gallinaza.

Esto como un ejemplo de lo que Colombia puede hacer para caminar hacia ese modelo de sostenibilidad.

Se requiere un cambio de mentalidad, enfocarnos en los ciclos de producción inteligente y no destructivos de nuestros ecosistemas, ser conscientes de que somos los guardianes de una biodiversidad única que, tratada con responsabilidad, puede ser la llave para proveer nuestra generación y a las futuras generaciones, brindarnos una soberanía alimentaria y científica a largo plazo.

Empecemos por nuestra casa, nuestros barrios, nuestros pueblos y ciudades, consumamos con esa conciencia y produzcamos sin agotar. Los medios jurídicos y la voluntad del Gobierno, por primera vez en la historia del país, están dados para iniciar este interesante y necesario camino.

Por: MarÍa Fernanda Plazas Bravo – Twitter: @mafeplazasbravo
Ingeniera en Recursos Hídricos y Gestión Ambiental
Especialista en Marketing Político – Comunicación de Gobierno
Universidad Externado de Colombia

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