“¡Dios y patria, coronel Betancourt! ¿En qué le puedo servir?”. Esa fue la frase que escuchó un ciudadano neivano al otro lado de la línea telefónica, luego de realizar una llamada motivada por el desespero que le producía, en plena noche, la actitud anárquica de un grupo de motociclistas que recorrían la ciudad sin Dios ni ley, a bordo de máquinas que producían un estruendo ensordecedor y lanzaban llamaradas por sus escapes.
No se trataba de una percepción exagerada ni de una simple incomodidad pasajera. Era la legítima reacción de un ciudadano que veía alterado su derecho al descanso y a la tranquilidad por cuenta de personas que parecen creer que las calles les pertenecen y que las normas de tránsito, la convivencia ciudadana y el respeto por los demás son asuntos opcionales.
La situación no es menor. La Ley 1801 de 2016, Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, establece en su artículo 33 la protección del derecho de las personas a vivir en condiciones de tranquilidad y respeto mutuo, sancionando conductas relacionadas con el ruido excesivo y la contaminación auditiva. Dicho de otra manera, el descanso de los ciudadanos no es una concesión de las autoridades ni una muestra de buena voluntad de quienes generan ruido; es un derecho protegido por la ley, y como tal, debe ser garantizado.
Me cuentan que el coronel Betancourt, comandante de la Policía Metropolitana de Neiva, atendió la situación con diligencia y respeto. Escuchó la queja, comprendió la preocupación ciudadana e impartió las instrucciones necesarias para intervenir. Minutos después, el estruendo disminuyó y regresó la calma que los habitantes del sector reclamaban. Un resultado que merece ser destacado, especialmente en tiempos en los que muchos ciudadanos sienten que sus llamados rara vez son escuchados.
Por supuesto, no se trata de convertir un procedimiento policial en una hazaña extraordinaria. Atender a la comunidad hace parte de las obligaciones institucionales. Sin embargo, cuando una autoridad responde oportunamente, escucha al ciudadano y actúa con eficacia, también es justo reconocerlo. La crítica debe existir cuando las cosas se hacen mal, pero el reconocimiento también tiene cabida cuando las cosas se hacen correctamente.
Esta no es la primera vez que escribo sobre este problema. De hecho, es la tercera columna que dedico al comportamiento irresponsable de algunos motociclistas que, especialmente durante las noches y madrugadas, convierten las vías de Neiva en escenarios de exhibición, velocidad, ruido y desafío a la autoridad. Lo hago porque interpreto el clamor de muchos ciudadanos de bien que únicamente desean disfrutar de la tranquilidad de sus hogares, compartir con sus familias y descansar después de una larga jornada de trabajo.
No estamos hablando de una cruzada contra las motocicletas ni contra quienes las utilizan responsablemente. Miles de ciudadanos dependen de este medio de transporte para trabajar y movilizarse diariamente. El problema radica en una minoría que confunde libertad con desorden y que parece disfrutar afectando la tranquilidad colectiva.
Adenda:
- En muchas ocasiones, lo que la ciudadanía necesita es algo tan simple como ser escuchada con atención, respeto y sentido de responsabilidad.
- Ojalá la Policía Metropolitana de Neiva y la Secretaría de Movilidad adelanten operativos conjuntos en horas de la noche, con el propósito de controlar el ruido excesivo, verificar las condiciones técnicas de los vehículos y prevenir comportamientos que afectan la paz, la seguridad y la tranquilidad de los habitantes de la capital huilense.
Es claro que, cuando la ley se cumple y el orden prevalece, no gana únicamente quien hace una llamada; gana toda la ciudad.
—
Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
X: @Hufercao04


