Iván Cepeda, Paloma Valencia o El Tigre

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Colombia atraviesa uno de los momentos políticos más complejos de los últimos años, el desgaste institucional, la polarización, la inseguridad y el cansancio ciudadano han convertido las próximas elecciones en mucho más que una disputa electoral, hoy el país debate qué rumbo quiere tomar hacia el futuro.

En medio de ese escenario aparecen tres figuras consolidadas dentro del debate nacional: Iván Cepeda Castro, Paloma Valencia y el llamado “Tigre”, cada uno representa una visión distinta de país, mientras Cepeda encarna la continuidad del proyecto político del gobierno de Gustavo Petro, Paloma y el “Tigre”, aunque con diferencias en sus estilos y formas, coinciden en temas fundamentales como la seguridad, el fortalecimiento de la institucionalidad y la necesidad de recuperar gobernabilidad y confianza ciudadana, aunque representan sectores distintos, los tres coinciden en algo esencial: Colombia atraviesa una profunda crisis y necesita liderazgo, estabilidad y rumbo, la diferencia está en el camino que cada uno propone para lograrlo.

Iván Cepeda representa, quizá como ningún otro dirigente de izquierda hoy, la continuidad política del gobierno de Gustavo Petro, para sus simpatizantes, encarna la profundización de un proyecto político que prometió transformar las estructuras tradicionales del país y darle prioridad a las causas sociales históricamente relegadas, su trayectoria en derechos humanos, su capacidad discursiva y su fortaleza ideológica le han permitido consolidar una base política sólida dentro de la izquierda colombiana, sin embargo, también carga el enorme peso político de un gobierno golpeado por constantes escándalos, tensiones internas, fracturas dentro de su gabinete y cuestionamientos relacionados con gobernabilidad, manejo institucional y presuntos casos de corrupción que han deteriorado la confianza de muchos ciudadanos, a  eso se suma una percepción creciente de improvisación en asuntos fundamentales para el país, especialmente en seguridad, economía y orden público.

Por eso, para un amplio sector de la ciudadanía, una eventual presidencia de Cepeda no representaría un nuevo comienzo, sino la continuidad de un modelo político que todavía no logra convencer al país desde los resultados concretos, además, aunque Cepeda se ha consolidado como una de las voces más fuertes del Congreso, también crece el cuestionamiento sobre su poca presencia en escenarios de debate público abiertos frente a otros sectores políticos y frente a la ciudadanía, en tiempos donde los colombianos exigen confrontación de ideas, respuestas claras y liderazgo visible, el debate democrático no puede limitarse únicamente a escenarios legislativos o discursos ideológicos, a esto se suma otro factor que genera preocupación en algunos sectores del país, los presuntos apoyos o simpatías expresadas desde grupos al margen de la ley y sectores radicales hacia figuras cercanas al proyecto político del actual gobierno.

Aunque esto no implica responsabilidad directa ni puede convertirse en una acusación automática, sí deja interrogantes políticos y aumenta el temor de quienes consideran que Colombia necesita mayor claridad y firmeza frente a cualquier relación, respaldo o coincidencia proveniente de actores que históricamente han afectado la seguridad y la institucionalidad nacional.

En otro extremo aparece el llamado “Tigre”, figura que representa una derecha mucho más firme, directa y frontal, para muchos ciudadanos, simboliza la reacción de un sector del país cansado del caos político, del debilitamiento institucional y de la sensación de incertidumbre que ha dejado el actual gobierno, sus seguidores destacan su capacidad oratoria, su defensa abierta de la ley y de los principios fundacionales de la República, así como una visión mucho más estricta frente a la seguridad, el orden y la autoridad del Estado, lo ven como un liderazgo capaz de recuperar estabilidad institucional y devolver confianza a sectores que sienten que Colombia perdió rumbo, sus críticos, por supuesto, cuestionan algunos episodios de su vida pública relacionados con litigios jurídicos  y controversias políticas, aunque todo se ha desarrollado dentro de los marcos legales e institucionales,  aun así, resulta evidente que el “Tigre” conecta con un sentimiento ciudadano cada vez más fuerte, el deseo de recuperar orden, autoridad y claridad en el rumbo del país.

Y entre esos dos extremos aparece Paloma Valencia, tal vez no representa la derecha más dura ni tampoco la izquierda ideológica, sino una propuesta mucho más técnica, moderada y estratégica, Paloma ha logrado consolidarse como una de las dirigentes más preparadas de la oposición, su capacidad argumentativa, disciplina política y defensa constante de la institucionalidad le han permitido construir una imagen de seriedad y preparación,  aunque muchos la asocian naturalmente con el legado político del expresidente Álvaro Uribe Vélez odiado por algunos y querido por muchos, también ha intentado construir una identidad propia dentro de la política nacional,  quizás uno de los aspectos más interesantes de su proyecto político ha sido la capacidad de sumar sectores distintos alrededor de una visión común, su fórmula vicepresidencial terminó convirtiéndose en una sorpresa política dentro de la consulta, conectando no solamente con sectores tradicionales de derecha, sino también con ciudadanos más cercanos a la  centro política, que buscan estabilidad, preparación técnica y capacidad de trabajar en equipo.

En medio de una política cada vez más polarizada, resulta valioso ver cómo personas con diferencias ideológicas pueden coincidir en objetivos comunes y construir proyectos colectivos pensando más en el país que en los intereses personales o partidistas, porque tal vez el verdadero desafío de Colombia ya no sea simplemente escoger entre izquierda o derecha, el verdadero reto parece ser decidir entre continuar atrapados en el caos político permanente o avanzar hacia un modelo donde la institucionalidad, la estabilidad y la capacidad de gobernar vuelvan a ser prioridad.

Hoy Colombia necesita menos fanatismo político y más responsabilidad histórica, necesita menos egos personales y más liderazgo colectivo, menos discursos construidos desde el resentimiento y más capacidad de generar resultados reales.

Al final, más allá de Iván, Paloma o el Tigre, la decisión verdaderamente importante será pensar qué necesita el país y no simplemente qué narrativa emociona más a cada sector político, porque las próximas elecciones no deberían definirse desde el odio ni desde los dogmas ideológicos, sino desde la responsabilidad de construir un país más estable, más serio y más unido, la decisión el suya, vota bien por el bien de Colombia.

Por: Hugo Arciniegas

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