El poder de las Juntas de Acción Comunal

TSM Noticias
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En el Huila hay liderazgos que no necesitan tarima para hacerse sentir. Están en el barrio, en la vereda, en el corregimiento, en esa reunión donde la comunidad decide organizarse para resolver lo que le duele o le hace falta. Las Juntas de Acción Comunal son mucho más que una figura legal: son la voz cercana de la gente, el puente entre las necesidades del territorio con las decisiones públicas, la primera mano que se levanta cuando hay que gestionar una vía, mejorar un acueducto, recuperar un parque, cuidar un salón comunal o convocar a los vecinos para trabajar por lo común.

Las elecciones comunales del 26 de abril confirmaron algo que el departamento conoce bien: la participación sigue viva donde la comunidad se siente parte de las soluciones. Cada voto depositado representó confianza en hombres, mujeres, jóvenes, campesinos, líderes de barrio que aceptaron una tarea exigente, muchas veces silenciosa, pero profundamente valiosa. El comunal no llega desde lejos ni habla de memoria; vive la misma calle, transita el mismo camino, conoce el problema antes de que llegue al escritorio oficial. Por eso su papel resulta indispensable en la vida diaria de los territorios.

Ser comunal no cabe en horarios cómodos. Es atender llamadas temprano, recibir inquietudes en la tienda, convocar reuniones, preparar actas, buscar firmas, tocar puertas, insistir ante las instituciones, acompañar jornadas sociales, animar a quienes han perdido el interés por participar. También es celebrar avances que parecen pequeños, pero para una comunidad significan mucho: una lámpara instalada, una cuneta limpia, una placa huella gestionada, una cancha recuperada, una familia orientada. Allí está su grandeza: servir sin estridencia, poner la cara, escuchar distintas voces, construir acuerdos posibles.

En esa tarea, el acompañamiento institucional resulta clave. Por eso merece destacarse que el IDACO Huila cumple dos años de trabajo fortaleciendo la organización comunal del departamento. Bajo la dirección de José Manuel Córdoba, el instituto ha venido acercándose a los dignatarios, presidentes, secretarios, tesoreros, fiscales, comités, afiliados que sostienen la acción colectiva desde la base. No se trata solo de una fecha de aniversario; se trata de reafirmar una ruta de formación, orientación, presencia territorial, respaldo a quienes hacen posible la participación ciudadana en barrios, veredas, centros poblados, municipios.

José Manuel Córdoba ha entendido que el liderazgo comunal se dignifica con hechos cercanos. Un director que escucha al comunal, que reconoce su esfuerzo, que comprende sus retos, ayuda a que la institucionalidad deje de sentirse lejana. Esa labor tiene un valor enorme, porque una junta bien acompañada puede planear mejor, organizar sus documentos, gestionar con mayor claridad, rendir cuentas, fortalecer su legitimidad ante la comunidad. Cuando el Estado se acerca con respeto a los líderes de base, la confianza crece, los procesos avanzan, la gente vuelve a creer en la fuerza de organizarse.

El Huila tiene una historia comunal poderosa. Muchas obras nacieron de una minga, de un bazar, de una reunión sencilla, de una frase que resume el espíritu de nuestra gente: “hagámosle, que esto es para todos”. Así se han abierto caminos, levantado salones, recuperado espacios deportivos, impulsado proyectos productivos, acompañado procesos sociales. Esa tradición no puede perderse. Al contrario, debe fortalecerse con nuevas herramientas, más formación, mayor participación de jóvenes, mujeres, campesinos, adultos mayores, personas que conocen su territorio con una sabiduría que ningún informe reemplaza.

Los dignatarios elegidos tienen ahora un reto hermoso: mantener abiertas las puertas de sus juntas. Una comunidad participa cuando se siente escuchada, cuando ve transparencia en cada decisión, cuando nota que su voz cuenta. La Acción Comunal se fortalece cuando suma, cuando convoca, cuando convierte las diferencias en trabajo compartido. Allí no hay espacio para el desánimo; hay una oportunidad enorme para demostrar que desde lo local también se construyen soluciones reales.

El llamado es claro: acompañemos a los comunales. Que las alcaldías, concejos, entidades departamentales, organizaciones sociales, ciudadanos del común vean en las Juntas de Acción Comunal aliadas fundamentales del desarrollo. No basta felicitar a los líderes el día de la elección o invitarlos a una foto; hay que escucharlos, abrirles puertas, facilitarles procesos, respaldar sus iniciativas. Cada junta fortalecida significa un territorio más activo, más unido, más capaz de cuidar lo público.

Exaltar a los comunales es reconocer una manera noble de servir. Es valorar al presidente que camina bajo el sol para radicar una solicitud, a la secretaria que guarda con cuidado cada acta, al tesorero que responde con seriedad, al fiscal que vigila, al afiliado que llega cansado del trabajo, pero participa porque ama su comunidad. Ellos son la fuerza organizada del Huila.

Las elecciones pasaron; ahora empieza lo esencial: trabajar, cumplir, acompañar, mantener viva la palabra dada. Que estos dos años del IDACO Huila sean también una invitación a mirar con más respeto a quienes sostienen la vida comunitaria desde la base. Porque donde hay comunales fuertes, hay territorios con voz propia, hay dignidad barrial, hay futuro compartido construido con hechos, no con aplausos ocasionales.

Por: María Fernanda Plazas Bravo – X: @mafeplazasbravo
Ingeniera en Recursos Hídricos y Gestión Ambiental
Especialista en Marketing  Político – Comunicación de Gobierno

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