Sostenibilidad en acción

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El tiempo para hablar y del bla bla bla ha terminado, ha llegado el momento de actuar, con urgencia. Y las empresas deben tomar la iniciativa. El crecimiento económico es, en sí mismo, uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. 2022 debería ser un año de crecimiento muy fuerte para la economía mundial,  lo que devolvería el PIB a los niveles anteriores a la pandemia.

¿Los posibles riesgos? Que el mundo en desarrollo se quede atrás en el crecimiento debido a todas las variantes del Covid 19 que causan gran preocupación, en algunas regiones bajas tasas de vacunación, y que las continuas interrupciones en la cadena de suministro mundial puedan desbaratar las economías.

El liderazgo sostenible exige que todo líder piense en su papel, no solo como líder en un espacio limitado, sino también como ciudadano del mundo con un impacto más a largo plazo en la sociedad y el planeta, haciendo énfasis en cuatro habilidades esenciales: Desarrollar una visión para la empresa a largo plazo, Cultivar una conciencia en la toma de decisiones más allá de lo inmediato, Armarse de coraje para enfrentar a las partes interesadas que puedan objetar al cambio, establecer conexiones más allá de la esfera inmediata. No hay una talla única para la sostenibilidad.

Cada empresa debe analizar quiénes son sus clientes, quiénes sus grupos de interés, dónde desarrollan su actividad y cuál es su marco legal, y a partir de ahí pensar en profundidad cómo descarbonizarse. Cada empresa se encuentra en una etapa distinta. Cada empresa está en un lugar diferente.

Puede parecer fácil proclamar que una empresa será cero-neto en un futuro remoto, pero lo cierto es que no se trata de eso. Se trata, en cambio, de establecer objetivos realistas, con base científica y factible. Dichos objetivos deben comunicarse con claridad y transparencia a todas las partes interesadas, porque los consumidores así lo exigen a las empresas.

No todas las empresas pueden ser enteramente circulares, pero sí buscar maneras de gestionar mejor sus residuos, asegurarse de que sus productos sean duraderos y reutilizables, evaluar si existe un mercado para los productos reacondicionados, estudiar si pueden implantar un programa de recogida o reciclaje, etc. Las empresas deben pensar en cómo aplicar los principios de la economía circular en su día a día.

Gran parte de la tecnología necesaria para una transición ecológica todavía no se han desarrollado. Las empresas consolidadas podrían tomar la delantera a la hora de invertir en innovación y de colaborar con startups a la vanguardia. Muchos de los retos necesitarán de nuevas tecnologías, nuevos modelos de negocio y nuevos hábitos. Para marcar la diferencia, necesitamos que las grandes compañías y startups innoven.

Uno de los retos de la transición es asegurarse de que no sirva para acentuar las desigualdades existentes. Porque, si se excluye a muchas personas de los nuevos modelos, la actual corriente de apoyo público a la sostenibilidad se evaporará. Si no tenemos en cuenta a los que se están quedando atrás, si no consideramos el coste de la transición junto con los beneficios, la resistencia será mayor. A fin de cuentas, empresas y gobiernos no deben olvidar que la sostenibilidad tiene que estar enfocada a mejorar la vida de las personas.

Por: María Fernanda Plazas Bravo
Twitter: @mafeplazasbravo
Ingeniera en Recursos Hídricos y Gestión Ambiental
Especialista en Marketing Político – Comunicación de Gobierno
Universidad Externado de Colombia

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