Reynaldo Matiz y ¿la quinta es la vencida?

TSM Noticias
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Ser columnista es un privilegio extraño y hermoso. Uno piensa ideas, las estudia, releva la información, aprende, evoluciona y luego escribe en soledad, sin imaginar del todo hasta dónde puede llegar una idea cuando se publica. Y, sin embargo, ocurre: alguien te lee y reflexiona, otro responde, otro se anima a decir lo que venía pensando en silencio.

Ahí aparece la verdadera recompensa de la opinión: abrir conversación, sembrar criterio, provocar debate. He vivido experiencias fantásticas con mis columnas, anécdotas inolvidables, pruebas de que escribir no es solo ordenar palabras, sino mover la conversación pública.

Por eso, en tiempos donde tantos gobiernos preferirían ciudadanos obedientes antes que ciudadanos que piensen, la columna de opinión sigue siendo un pequeño acto de libertad.

Es por eso desconcierta que un premio que pretende reivindicar al periodismo haya eliminado justamente esa categoría, mientras conserva otras como la caricatura, con mucho menos desarrollo local y menos relación con el corazón mismo del homenaje. Eso debería inquietar a cualquiera.

No es usual escribir cinco veces sobre un mismo asunto. Cuando ocurre es porque el tema sigue sangrando.

Esta es la quinta columna que escribo sobre la eliminación de la categoría de columna de opinión del Premio Reynaldo Matiz que este año no estuvo y sigue sin estar. Vuelvo al tema porque hay decisiones que merecen insistencia. Algunas medidas administrativas se archivan. Otras quedan vibrando como una confesión involuntaria.

La cuarta vez, además, ocurrió algo inusual en Neiva: diez columnistas publicamos al mismo tiempo nuestra inconformidad frente a esta decisión del Concejo. Diez voces distintas, coincidiendo en algo esencial: lo que se hizo no estuvo bien. No fue un capricho ni una pataleta de gremio.

Fue un hecho poco común en nuestra conversación pública local, y por eso llama la atención que todavía algunos quieran reducir este debate a un simple ajuste técnico. Quien quiera comprobarlo puede ver en mi red social X (ex Twitter), @Calytoxxx, todas las columnas anteriores publicadas sobre este tema.

Porque no quitaron una categoría cualquiera. Quitar la columna de opinión en un premio que lleva el nombre de Reynaldo Matiz es quitar la categoría que más dialogaba con su legado.

Matiz no es recordado por el silencio, sino por el coraje de su criterio. Su nombre remite a la palabra con firma, a la voz que interpreta, denuncia e incomoda. Por eso eliminar esta categoría no puede venderse como una modernización como lo intentaron. Lo que revela es una incomprensión seria de lo que significa una columna de opinión y del tipo de legado que se dice honrar.

Una columna no se evalúa como una nota informativa ni como una investigación periodística como caen en el error los populistas. No cumple la misma función ni exige los mismos parámetros. Su valor está en la solidez del pensamiento, en la consistencia argumental, en la capacidad de leer la realidad, asumir postura y aportar criterio a la conversación pública. No entender esa diferencia ya es grave. Actuar institucionalmente como si no existiera, lo es mucho más.

Si el problema era metodológico, se resolvía con mejores criterios de evaluación. Si era un asunto de arquitectura del premio, se corregía con diseño técnico. Para eso existen jurados. Pero cuando la salida escogida es borrar la categoría más representativa del homenajeado y dejar otras mucho menos coherentes con los argumentos usados, ya no estamos ante una depuración seria. Estamos ante una decisión arbitraria con profundas consecuencias simbólicas.

Más aún cuando el recurso del premio no sale del bolsillo del Concejo de Neiva. Ese dinero es público. Es de todos. Y proviene de la Alcaldía de Neiva. Por eso también resulta llamativo el bajo perfil de la administración frente a una decisión de este calibre.

Si el municipio financia el reconocimiento, también debería existir una postura clara sobre la calidad, la coherencia y el sentido del premio que se respalda. El silencio, en estos casos, también comunica.

Y no comunica bien.

Varios lectores me han escrito algo parecido: que esta decisión no sorprende, porque a muchos les incomoda que la opinión gane visibilidad justo cuando critica, contradice o deja en evidencia. No lo repito como consigna, sino como síntoma. Cuando una idea se vuelve tan frecuente entre ciudadanos distintos, merece atención.

Esta quinta columna quiere dejar constancia de algo simple: no se eliminó un adorno. Se eliminó un género esencial. Y un premio que lleva el nombre de Reynaldo Matiz no puede amputar, sin empobrecerse, la categoría que más se parecía a él.

Porque a Matiz no se le honra administrando su memoria con frialdad reglamentaria.

A Matiz se le honra entendiendo que una ciudad con miedo a la opinión termina, tarde o temprano, empobreciendo su propia democracia.

Por: Caly Monteverdi
Conferencista internacional

Comunicador argentino, asesor estratégico y creativo
X – Twitter: @Calytoxxx

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