«No elegí lo que me pasó, pero sí el no rendirme»

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Hace seis meses, este joven domiciliario fue atacado a bala, en medio de un atraco en el norte de Neiva; hoy, a través de sus redes sociales, el joven habla y recuerde ese momento que lo marcó para siempre:

«Por defender lo poco que tenía, casi pierdo la vida.

Mi nombre es Juan Camilo y tengo 24 años.

Lo que estoy a punto de contar no es una historia cualquiera. Es una experiencia que me dejó marcado para siempre.

El 6 de enero de 2025, Día de Reyes, como cualquier otro día, salí a hacer lo que hacía todos los días: trabajar como domiciliario en la ciudad de Neiva.

Me dedicaba a eso. Con ese trabajo pagaba mi arriendo, mi comida, y también ayudaba a mi mamá.

Ese día saqué un pedido de comida china del restaurante Chino Pekin. La dirección que me dieron fue Calle 84 con 3, sin barrio. Yo, como muchos domiciliarios, salí confiado… error mío.

A eso de la 1:28 de la tarde, llegué al lugar. Pregunté a una señora si el pedido era para ella y me dijo que no. Cuando intenté llamar al número que me habían dado, salió un joven diciendo que era para él. Le entregué el pedido. Se lo pasó a una joven que salió corriendo por un barranco. Algo no estaba bien.

Cuando lo miré de nuevo, ya me estaba apuntando con un arma.

Me exigió todo: billetera, dinero, gafas, documentos… pero me negué a entregar el celular y las llaves de mi moto.

¿Por qué? Porque esa era mi herramienta de trabajo y estudio. Yo era estudiante del SENA.

Perder eso era quedarme sin nada.

Me amenazó con matarme. Le pedí ayuda a la señora que estaba observando, grité que solo estaba trabajando. Ella se entró a llamar a la Policía, había más gente observando, pero nadie más actuó, de tanto forcejar.

Apareció otro joven. Pensé que me ayudaría, pero también era cómplice. Me dijeron que me fuera. Yo me negué por miedo a que me disparara, me dijo que confiara en el, lo hice, falta error mío.

Cuando intenté subirme a la moto, sentí que me sacaron el celular y las llaves del bolsillo.

Instintivamente reaccioné. Tomé el buzo del ladrón y recuperé las llaves, pero no el celular.

El que me apuntaba, al ver eso, cobardemente, me disparó por la espalda.

Caí. No sentí dolor al principio. Luego, ardor en todo el cuerpo, temblores en las piernas, sangre… me desplomé.

Gracias a la comunidad de ese barrio, me llevaron a la clínica más cercana, que queda en el barrió El Cortijo.

De ahí me trasladaron a otra clínica que tenía mejor equipo.

Ahí empezó la verdadera batalla: tuve que pasar por cinco cirugías para poder salvar mi vida.

La bala me destrozó varios órganos vitales míos, entre eso pulmón izquierdo, el bazo, el páncreas, el estómago y el intestino. Estuve un mes sin caminar, con sondas, drenes, tubos torácicos… en UCI, sin saber si iba a sobrevivir.

Gracias a Dios, si viví después de 4 meses de lucha, logré salir de la clínica.

Hoy, 6 meses después, sigo en recuperación.

Aún tengo dos drenes en mi abdomen.

Y mi vida cambió para siempre: ya no puedo consumir azúcar ni grasas, por tema del páncreas.

Cada día es una lucha física y mental.

Pero estoy aquí. Por qué gracias a Dios sobreviví.

Me gustaría agradecer primero a Dios, a los médicos, y enfermeras que tuvieron mucha paciencia conmigo y mi proceso y también agradecer sobre todo a mi madre, que nunca se apartó de mi lado, día y noche.

Hoy tuve el valor de contar esto, porque muchos como yo, salen a trabajar sin saber si van a volver.

Porque detrás de cada domiciliario hay una historia. Un esfuerzo. Una familia. Un sueño.

No pido lástima. Solo que no seamos indiferentes.

Gracias a quienes me ayudaron, oraron por mí y me siguen apoyando.

No elegí lo que me pasó, pero sí el no rendirme.

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