Neiva le da la cara al río con Mirador del Magdalena

TSM Noticias
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Neiva siempre le ha dado la espalda al río. Esa es la verdad incómoda que ningún plan de desarrollo ha resuelto en décadas, y que ningún discurso de campaña ha tenido el valor de convertir en obra.

Por eso cuando aparece un proyecto que voltea esa lógica, que pone la ciudad de frente al Magdalena y le dice aquí estamos, hay que reconocerlo sin timidez. Mirador del Magdalena no es solo un desarrollo inmobiliario: es un malecón, un auditorio que honra el nombre de Jorge Villamil, vivienda, comercio, gastronomía, una plazoleta que ya recibió el primer festival del río.

Es, para decirlo coloquialmente, un proyecto que «le da sopa y seco» a tantas malas decisiones, a tanta falta de planeación y a esa ausencia de visión de ciudad que entre todos debemos exigirnos superar. A esta clase de iniciativas hay que desearles éxito sin reservas, porque dinamizan la economía, generan turismo, atraen inversión, crean trabajo y, sobre todo, le devuelven a una ciudad la confianza en sí misma.

Y es precisamente esa confianza recuperada la que incomoda a quienes han vivido de su ausencia. Porque este proyecto genera también un impacto psicológico profundo en la ciudadanía, y de cierta forma pone contra las cuerdas a la corrupción de lo público y a esos dirigentes con mentalidad cortoplacista, cuyo horizonte no va más allá de engordar bolsillos propios en cuatro años o de mantener vivo su capital electoral.

Pone a reflexionar a las entidades territoriales sobre su verdadero rol en la generación de proyectos de ciudad y de región, y le pasa factura a tanta burocracia dedicada únicamente a operar y a seguir funcionando sin una hoja de ruta que impacte el progreso colectivo.

Neiva no puede seguir siendo solo San Pedro, ni la queja eterna por la falta de estadio, ni el superconcierto como máximo evento del año. El evento del año puede ser quedarse a vivir en Neiva, verla crecer de manera integral: con trabajo, con educación, con música, con cultura, con industria, con parques solares, con alegría, con escuelas de música, con gente caminando por un malecón, con familias compartiendo comida típica.

Neiva diciéndole adiós al petróleo y dándole la bienvenida a la transición energética. Bienvenido de nuevo el río Magdalena, que desde San Agustín nos une. Bienvenido el café, el cacao, los escenarios deportivos, las ciclo rutas, el urbanismo con bienestar. Bienvenida la consolidación del gran departamento que puede construirse con esta clase de proyectos, que además pueden replicarse desde el sur.

Adiós a la corrupción, adiós a la mentalidad de lucrarse con lo público, adiós a la pobreza y pereza mental.

PD.: Al señor Olave, artífice de Mirador del Magdalena: «Ola Ve… y mira el Magdalena.»

Más información: miradordelmagdalena.com

Por: Carlos Cabrera C. – ccabreracollazos@gmail.com
X: @CarlosCabreraCC

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