Los pueblos indígenas y la educación en Colombia

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En Colombia, la educación oficial ha sido la garantía de supervivencia y de único acceso desde el siglo XX para los miembros de las comunidades indígenas. El gran problema es acceder ante una educación predominantemente castellanizada y occidentalizada, sin ninguna garantía de enseñar, aprender y construir una lengua y cultura propia de los pueblos indígenas.

Luego de llevar a cabo distintos procesos de transformación a la población indígena, el Estado colombiano entregó a los misioneros la educación, estando a cargo de la iglesia católica mediante el Concordato de 1886. Ese papel de la iglesia en la educación indígena aún perdura, es el caso de la toma de la Misión Capuchina en Nabusímake, el 7 de agosto de 1982, donde las autoridades de la iglesia de Valledupar, emprendieron de inmediato una campaña radial contra la toma y los dirigentes indígenas, demostrando su gran interés por el control educativo de estas comunidades.

Ante la persecución de los líderes religiosos en esa región, los líderes indígenas emiten una carta donde aclaran: “La tan cacareada «educación indígena» para nuestra comunidad ha sido un rotundo fracaso; esta afirmación se fundamenta en que la mayoría de los indígenas que recibieron su acción, esta nunca compensó ni compensará lo que han perdido. Hoy tenemos indígenas que no se identifican con sus coterráneos, pero tampoco son aceptados en la sociedad occidental”(*).

Todo este proceso fue una movilización de los indígenas en la Sierra Nevada en contra del sistema educativo manejado desde 1916 por la Misión de los padres capuchinos y se vino a resolver en el 2003 por una misión intergubernamental dando razón a los indígenas y concediendo la educación a los mismos.

El error ha sido enfrentar una gran sociedad y una civilización totalmente distinta a lo que ellos son, han estado inmersos en un país monolingüe y monocultural, que desde los tiempos de la Conquista, la Independencia, la República y todos los demás procesos históricos de Colombia, han tratado de “civilizar” a estos pueblos considerados como un atraso frente a los intereses de un Estado hoy capitalista y mercantil.

En la actualidad, se presenta un problema frente al peligro de la extinción a causa del conflicto armado y desplazamiento interno, tal como lo advirtió la Corte Constitucional (Auto 004 de 2009 y Auto 382 de 2010) frente a 35 grupos indígenas que se encuentran en situaciones críticas.

El Estado por medio del Ministerio de Educación, desde hace dos décadas, ha venido solucionando los problemas dando asistencia escolar en 24 departamentos representando a 43 pueblos. La pedagogía del país se transformó en un enfoque de etnoeducación, producto de la concertación entre los pueblos y el gobierno. Es así, como hace dos décadas pocos eran los jóvenes indígenas que llegaban a una universidad y que cursaban la educación superior.

A raíz de la promulgación de la Constitución Política de Colombia de 1991, en un hecho destacado fue la oferta de universidades públicas y privadas, con becas y cupos para estudiantes indígenas. Actualmente, existen carreras de etnoeducación en 7 universidades del país; así mismo, algunos indígenas imparten clases de lenguas y otras temáticas indígenas en varias universidades oficiales como en Cauca: Universidad Autónoma Indígena Intercultural; en Caldas: Escuela de Medicina Tradicional; en Antioquia: Instituto de Educación Indígena; en Nariño: Escuela de Derecho Propio (**).

Históricamente, los pueblos indígenas han venido diseñando propuestas etnoeducativas para sus comunidades, son estas propuestas las que han venido potencializando la educación indígena, permitiendo el avance de la educación bilingüe, intercultural y contextualizada.

La educación propia, es el camino trazado por largos procesos de lucha, por la autonomía para garantizar la pervivencia digna y dignificante de los pueblos indígenas y su capital cultural, dejado por sus ancestros, entendiendo la complejidad de la sociedad actual, fortaleciendo la identidad como pueblos y construyendo armonización con otras culturas de la sociedad colombiana.

* Carta de las autoridades arhuacas a monseñor José Agustín Valbuena, obispo de la diócesis de Valledupar. Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá. Tomo Sierra Nevada de Santa Marta, 1982 a 1986.

** Cortés, P. (2010). Educación Superior Indígena en Colombia. Boletín IESALC informa Enero 2010 Nro. 201.

Por: Grenfell Lozano Guerrero – grenlozguer@hotmail.com

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