Lo que debemos mejorar para salvar nuestro San Pedro

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No cabe duda. Es cierto que tenemos quizás el mejor festival folclórico del país, pero también es cierto que lo estamos acabando. Estamos perdiendo las tradiciones y las costumbres que son las que han alimentado este festival los últimos 64 años (recordemos que en el 2020 no se realizó festival por pandemia).

Cada vez va menos gente va a los eventos más importantes del festival que son su esencia: los encuentros de bambuco tradicional, de rajaleña, de danza, el infantil de sanjuanero, los concursos de composición e interpretación musical.

Muchos no lo hacen por desconocimiento y falta de promoción, otros porque generalmente se programan en horarios y días laborales; pero también es cierto que no lo hacen porque esta generación de ahora, no creció con el folclor en las venas. ¿O cuántos no renegamos, y hago mea culpa, cuando en el colegio ponen a nuestros hijos a componer una copla, bailar un bambuco o participar en un reinado? Esto es algo cultural y de formación.

Ni los padres le hemos inculcado estas tradiciones a nuestros hijos, ni a nosotros nos inculcaron, y tampoco lo supieron hacer los colegios que, en vez de formar, imponen la tradición a modo de castigo a los estudiantes, y si se niegan a participar les ponen falta o anotación. Y de ahí para abajo hemos cometido una cadena de errores que hoy nos deja como resultado, haber presenciado uno de los festivales con menos asistencia en general a todos sus eventos, de los últimos años.

Pero como lo decía, no es una responsabilidad única de las autoridades y de los gobernantes, es un tema estructural. Aquí la solución es volver a los orígenes, atraparnos de nuestra cultura y tradición oral expresada en las rajaleñas, ricas en narración; fortalecer las escuelas de formación artística, musical, de danzas y teatro, para formar nuevos talentos para el futuro.

Mantener viva nuestra cultura a cada momento y no solo cada junio. Y en general, volver a cautivar a propios y visitantes de nuestra esencia. Porque a este paso, sino actuamos ya, el Festival del Bambuco en San Pedro y San Juan, se reducirá a un reinado en el que primará más el encanto de la mujer que su conocimiento por el folclor; junto a una serie de conciertos que atraerán público, y pare de contar.

Hace bien el Gobernador cuando dice que va a analizar este tema. Debe darse cuenta que hay grandes errores en la elaboración de la programación, que hay serios problemas en la falta de promoción, empezando por los continuos cambios en la agenda de un día para otro; y que, sobre todo, hay una inequitativa distribución de los recursos, entre los artistas locales y los nacionales y extranjeros. Solo un referente: los carroceros.

Este año las carrozas con contadas excepciones, estuvieron muy pobres. Consultando me dijo un carrocero en especial, que el presupuesto es bajo y lo que la mayoría hace es reciclar figuras de años anteriores, por eso nunca innovamos. Un ejemplo a destacar fue lo que pasó en Garzón donde entendieron que se debe mejorar, invirtieron más, capacitaron los artesanos y como resultado obtuvieron un majestuoso espectáculo. Ese es un tema para revisar.

Ojalá el alcalde también tome cartas en el asunto para que, a partir del 2025, empecemos a mejorar nuestro festival.

Otro de esos aspectos a mejorar, además de la programación y la promoción, y el presupuesto para los artistas, debe ser el de los palcos. Qué buena intención tuvo el Alcalde al reducir su número para permitir que más personas accedieran sin restricción a ver los eventos, pero se quedó corto en organización. Nunca en los cinco desfiles, los controladores de espacio público y la policía, lograron coordinarse para permitir el paso de personas a la franja del río sobre la Avenida Circunvalar, por donde se ubicaron estas graderías y palcos.

Quienes lograron pasar temprano pudieron asegurar el paso y quienes no, terminaron perdiendo hasta la plata invertida en la separación de los espacios. Por ello algunos empresarios decidieron con seguridad privada, controlar ellos mismos estos accesos y asegurar el paso de sus clientes. Personalmente hablé con dos empresarios para conocer cómo les fue este año con las medidas implementadas por el mandatario local.

Ambos aplaudieron el control al alquiler irregular de sillas en el espacio público, que este año sí funcionó; pero cuestionaron temas como el programar desfiles y cabalgatas días martes, jueves y viernes cuando la gente está trabajando, o el desfile nocturno un miércoles cuando generalmente se realiza un viernes. También cuestionaron el control sobre el espacio asignado pues algunos se tomaron metros de más, incluso hasta parte de la avenida, sin que nadie lo impidiera; o incluso, señalaron que varios controladores de espacio público le permitían fraudulentamente el acceso de zonas a vendedores informales.

Con todo y eso, el empresario de palco y uno que tuvo una carpa de 3×3 metros, señalaron que, de no ser por el desfile de Chivas y el desfile folclórico del pasado domingo, se hubieran ido a pérdida ante la baja asistencia a los demás desfiles.

Otro tema para corregir ya es el de las cabalgatas. En el Concejo actualmente hace trámite un proyecto que busca reglamentar esta actividad. Creo que es necesario ejercer un control antes, durante y después de cada cabalgata. Antes, porque es importante asegurar que cada caballo tenga la preparación y el cuidado (aplicación de sueros y vitaminas, además de la alimentación) para estar en una cabalgata que implica en muchos casos, cargar una persona sobre su lomo, hasta 8 y 10 horas continuas.

Durante porque es importante mirar el comportamiento del jinete. Sin duda alguna todos nos transformamos con tragos, y por eso hemos visto a personas pegarle a los caballos, a otros esforzarlos más de lo que se debe e incluso a otros, darles cerveza o trago a ellos. Ese comportamiento y trato a los animales debe vigilarse y sancionarse. Y finalmente ejercer un control posterior.

Hay que revisar las condiciones en que termina una cabalgata un caballo, de esta forma se prevé que al otro día o cuando se vaya a volver a usar para otra actividad, se sepa en qué condiciones se encuentra; pero también es importante carnetizar e identificar a cada jinete, para que aquellos que agreden a los animales, sean sancionados debidamente, no solo por la ley, sino que además se les impida volver a participar. No es posible que alguien que es grabado pegándole a un caballo, haya podido seguir participando en otras cabalgatas como si nada.

Finalmente, un tema a mejorar también es el de la seguridad. Si bien es cierto hubo mayor presencia de uniformados en los desfiles y algunas otras actividades, también es cierto que había mayor espacio por vigilar y controlar. Por eso fue imposible controlar los atracos, robos a vehículos, cosquilleo y otras actividades que se presentaron, incluso riñas.

Pero lo que más preocupó es que también se descuidó la periferia, los barrios, y muchos delincuentes se dedicaron a operar donde no iba a haber presencia de autoridades, por esta razón los raponazos, asaltos y robos a vivienda estuvieron a la orden del día. No obstante, se valora que haya habido mayor disposición de unidades de Ejército y Policía y que se controlaron los ataques extorsivos durante estas últimas semanas.

En general hay harto por corregir, pero son aspectos que al final son importantes para garantizar que el festival no muera y que, por el contrario, cada día se fortalezca más.

La Ñapa

A la Gobernación le toca ponerse las pilas para controlar la venta ilegal de Aguardiente Amarillo, si quiere garantizar el monopolio de este licor en el departamento. Fue desbordada la venta este año de este aguardiente en particular, que valdría la pena analizar qué tanto impactó sobre las ventas del Doble Anís. La cosa aquí es que el producto estrella de la Fábrica de Licores de Caldas tiene un mercadeo tan fuerte que su influencia ha llegado a todo el país, al punto que la Fábrica de Licores de Antioquia, quizás la más fuerte del país, sacó una versión similar para hacerle competencia, pero fue desmontada por la SIC.

¡Ojo con este tema!

Por: Andrés Felipe González Díaz
Comunicador Social y Periodista
Especialista en Comunicación Digital
Asesor en Comunicación Política

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