La soberbia de algunos concejales de Neiva

TSM Noticias
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Hay episodios de la vida pública que, más que indignación, suscitan una amarga ironía.

Resulta difícil no esbozar una sonrisa, mezcla de asombro y desconcierto, al observar, a través de las redes sociales, la postura altiva de un honorable concejal de Neiva al referirse a la categoría “Mejor Columna de Opinión” del Premio de Periodismo Reynaldo Matiz Trujillo; una distinción que, paradójicamente, fue cercenada por decisión de la misma corporación que ahora pretende descalificar su relevancia, poniéndole límites.

La modificación introducida, carente de argumentos sólidos y desprovista de una justificación técnica o democrática, no solo resulta caprichosa, sino que deja entrever una preocupante inclinación por delimitar los espacios de opinión. Frente a ello, la Corporación de Periodistas de Neiva asumió con acierto la defensa de un derecho fundamental: el de participar, en condiciones de equidad, en escenarios que reconocen el valor del pensamiento libre y la crítica responsable. A esta iniciativa se sumaron otras asociaciones y voces independientes que, con legítima preocupación, perciben en esta decisión un gesto de exclusión.

No es la primera vez que se advierte esta tensión. Ya en anteriores reflexiones publiqué mi inconformidad ante el hecho de que quienes han sido elegidos para representar a la ciudadanía, y para ejercer control político con altura y responsabilidad, terminen ocupando su tiempo en acciones que parecen orientadas a restringir, antes que a proteger, la libre expresión. El Concejo Municipal no puede convertirse en un escenario donde se moldee la opinión al antojo de intereses particulares.

Resulta, en contraste, destacable la claridad con la que diversas voces del periodismo han defendido este espacio, como es el caso del periodista Caly Monteverdi. La columna de opinión, lejos de ser un instrumento de propaganda, constituye uno de los pilares más valiosos de la deliberación democrática. Es allí donde convergen la crítica, el análisis y la pluralidad de ideas; y donde la ciudadanía encuentra un espejo para cuestionarse y comprender su realidad.

Sorprende, entonces, que desde el cabildo local se adopten posturas que, en lugar de fortalecer estos espacios, pretendan acotarlos. Olvidan, o quizá prefieren ignorar, que los medios de comunicación no solo informan: también construyen ciudadanía, promueven el debate y resguardan el espíritu de la democracia.

En definitiva, cuando el poder intenta trazar los límites de la opinión, no solo se equivoca: se desnuda. Y en ese gesto revela una incomodidad profunda frente a la crítica. Lo preocupante no es solo la decisión en sí misma, sino el silencio que suele acompañarla. Por eso es clave que los opinadores no callen, para evitar que gane la imposición.

Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
X: @Hufercao04

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