¿Sabés porqué existe en Estados Unidos el Día de Acción de Gracias? Nació mezclando cosecha, miedo y esperanza. A comienzos del siglo XVII, colonos “Pilgrims” o peregrinos ingleses de la colonia de Plymouth que llegaron en el Mayflower y se asentaron en lo que hoy es Massachusetts, casi mueren de hambre y compartieron una comida con el pueblo originario de los Wampanoag, en particular el grupo liderado por Massasoit para agradecer seguir vivos.
Mucho después, en plena guerra civil, el 16° presidente de los EEUU Lincoln, lo declaró fiesta nacional, intuyendo que un país roto necesitaba un día para recordar lo que todavía tenía en común. Hoy, cada cuarto jueves de noviembre, millones se sientan a comer pavo. Pero, más allá del marketing, la idea original sigue siendo muy poderosa: parar, mirar alrededor y agradecer. No por un año perfecto, sino por lo que quedó en pie a pesar de las tormentas.
Y ahí es donde esta fiesta nos sirve. Deberíamos cerrar este año, que para muchos no salió como lo imaginaban: proyectos que no despegaron, personas que se fueron, plata que no alcanzó, metas que se corrieron. Si afinamos la mirada, aparece: alguien que nos sostuvo sin hacer ruido, un problema que parecía tragedia y terminó siendo escuela, una puerta que se cerró para obligarnos a tocar otra.
La gratitud no niega el dolor ni las frustraciones. Es una forma distinta de pararse frente a la vida: es aprender a celebrar lo pequeño: el saludo amable, el mensaje oportuno, la risa que aparece cuando más la necesitamos. Y siempre, infaltable, la Familia, sea como sea que esté integrada. Nos quedan unos días para cerrar el año perdonando, cerrando ciclos y devolviendo afecto.
Distintas religiones llegaron al mismo punto: agradecer hace bien. En el cristianismo, “Eucaristía” significa “acción de gracias”. En el judaísmo hay bendiciones diarias para lo que damos por obvio. En tradiciones orientales, agradecer es parte del camino para vivir con menos ego y más paz.
En el experimento de Emmons y McCullough, personas que anotaron cada semana las cosas buenas que les habían pasado durante diez semanas terminaron más optimistas y más satisfechas con su vida que quienes solo registraban problemas. Una revisión de 19 ensayos sobre intervenciones de gratitud encontró que practicarla mejora el sueño y ayuda a bajar la presión arterial. Un estudio reciente con más de 49.000 mujeres mayores, publicado en Harvard Health, mostró que el tercio con mayor gratitud tenía un 9 % menos riesgo de morir en los cuatro años siguientes.
Tal vez lo más revolucionario de la gratitud no es lo que sentimos, sino lo que hacemos con eso que sentimos. Agradecer de verdad es preguntarse: ¿qué puedo hacer yo por alguien, sin esperar nada a cambio?
Aunque no deberíamos actuar esperando recompensa, la vida tiene una forma rara de devolver: en forma de oportunidad, alguien que aparece justo cuando lo necesitábamos o como paz interna. Llamalo fe, azar o simple consecuencia: lo que sembramos en los otros, vuelve.
Es casi un acto de rebeldía agradecer al que atiende en el hospital, al que recoge la basura, a la maestra de los hijos, al vecino que está atento; es recordarle al poder que el verdadero tejido del país no está en los discursos y las promesas falsas, sino en las acciones por la gente que hace su parte todos los días a pesar de los problemas generados por malas administraciones.
Por eso, copiemos la actitud del Día de Acción de Gracias de EEUU. Hagamos un inventario honesto de este año: lo que dolió, lo que costó, lo que aún falta… y, al lado, lo que permanece y lo aprendido. Si hacemos el ejercicio, descubriremos que, aun en medio del desorden y las crisis, hay más motivos para decir “gracias” de los que pensábamos.
Si logramos cerrar el año con ese gesto humilde y poderoso, entraremos al 2026 con otra energía: con menos queja y más conciencia, con menos “me falta” y más “qué puedo ofrecer”. Y quién sabe: tal vez el ejemplo cunde y, si la gratitud se nos vuelve costumbre, cuando empecemos a exigir ante la inacción de gobernantes ellos al fin sean capaces de agradecer y servir. Mientras tanto, empecemos por nuestro metro cuadrado apenas termines esta lectura. Hacerlo y aplicarlo es mucho más fácil que pensarlo. Por el mundo, por mi amada Argentina, por esta anfitriona Colombia…
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Por: Caly Monteverdi
Conferencista internacional
Comunicador argentino, asesor estratégico y creativo
X – Twitter: @Calytoxxx




