El signo de la maleta positivo (II)

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Durante nuestro rote por el servicio de medicina interna tuvimos un paciente de aproximadamente 80 años. Le decíamos don Luis, había sido fumador toda su vida y tenía una EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) con una complicación cardiaca asociada, por lo que era dependiente de oxígeno y había adquirido una neumonía que lo llevó a necesitar tratamiento hospitalario con antibióticos intravenosos. La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) es una enfermedad pulmonar común y causa dificultad para respirar.

Hay dos formas principales de la enfermedad que son la bronquitis crónica, la cual implica una tos prolongada con moco y el enfisema, el cual implica un daño a los pulmones con el tiempo.

La mayoría de las personas con EPOC tienen una combinación de ambas afecciones. La causa principal es el tabaquismo. Cuanto más fume una persona, mayor probabilidad tendrá de desarrollar EPOC.

Don Luis era un señor muy agradable, tranquilo y resignado con su enfermedad, sabía que iba a morir pronto y me contaba que estaba un poco cansado de no poder respirar bien, pues le producía dificultad para comer y prácticamente permanecía sentado porque al levantarse ya se asfixiaba. Tenía días malos y otros no tanto, pero nunca estuvo bien, sufría mucho pero nunca se quejaba, creo que era muy consciente de que su enfermedad había sido por su tabaquismo pesado y quizás eso era lo que más extrañaba, que ya no podía fumar y añoraba esos momentos de intimidad con el cigarrillo. En ese momento lo entendía muy bien, yo era fumador, a veces de más de un paquete al día y aun viendo estos desenlaces no tenía intención de abandonarlo. En esto me tardé casi 10 años más para tener un momento de quiebre en mi vida y abandonar definitivamente el cigarrillo.

Una noche que estaba de turno Don Luis estaba muy mal, el silbido de sus pulmones casi se escuchaba desde la entrada al piso de medicina interna, hicimos muchas medidas para aliviar su sufrimiento y rogaba para que se muriera y pudiera descansar, sin embargo, al amanecer comenzó a mejorar y logró dormir un rato.

A la mañana siguiente estaba como si no hubiera tenido ningún síntoma y se había puesto de pie, se había bañado y colocado ropa de calle y estaba sin oxígeno. Además, había alistado su maleta y me dijo que estaba listo para que le dieran salida.

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