«El oscuro costo de la tradición: maltrato animal en cabalgatas»

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Las recientes fiestas de San Juan y San Pedro en las que aun las autoridades locales comulgan con la práctica de cabalgatas como una muestra de arraigo popular y cultural que evoca tradiciones y vínculos históricos con el campo y la vida rural dejaron ver que nos falta mucho por entender, comprender y por aplicar las políticas que a nivel universal rigen el bienestar animal.

Desde una perspectiva legal, las cabalgatas deben cumplir rigurosamente con las disposiciones establecidas en la legislación colombiana. La Ley 1774 de 2016 establece claramente que los animales tienen derechos que deben ser protegidos, incluyendo el derecho a un trato digno y respetuoso. Esto implica que cualquier práctica que implique maltrato, crueldad o sufrimiento injustificado está prohibida y sujeta a sanciones legales.

Tal y como sucede en muchas regiones del país con el Estatuto de contratación estatal o ley 80 de 1993, en Neiva no pegó la ley 1774 de 2016 y el maltrato animal se constituyó en el común denominador en las cabalgatas promovidas y organizadas por la administración municipal como un atractivo en las recientes festividades pese a que la citada norma al referirse a su objeto estipula que “Los animales como seres sintientes no son cosas, recibirán especial protección contra el sufrimiento y el dolor, en especial, el causado directa o indirectamente por los humanos…”.

En el contexto de las cabalgatas, esto se traduce en la obligación de los organizadores de garantizar condiciones adecuadas para los animales, incluyendo atención veterinaria, alimentación adecuada, descanso suficiente y la exclusión de métodos que puedan causar daño o estrés innecesario a los caballos.

La legalidad no solo protege a los animales, sino que también establece responsabilidades claras para quienes participan en la organización y ejecución de estos eventos y es el municipio que opera como primer respondiente y como tal, juega un papel crucial que los hace responsables de implementar acciones concretas que promuevan el bienestar animal a través de la adopción de políticas integrales y efectivas que garanticen condiciones tangibles en la vida de miles de animales que dependen de la acción humana para su cuidado y protección.

La ley 1774 de 2016, adicionó al código penal un título relacionado con los delitos contra la vida, la integridad física y emocional de los animales, específicamente los artículos 339A y 339B, el primero relacionado con las sanciones establecidas con pena de prisión hasta de 36 meses, inhabilidad y/o multa y el segundo relacionado con las circunstancias de agravación punitiva que incluye los hechos acontecidos en vía pública, con la participación o en presencia de menores de edad y cuando los mismos son cometidos por servidor público o por quien ejerza funciones públicas. Es cuestión de implementar y ejecutar acciones de inspección, vigilancia y control que por mandato legal le corresponden al alcalde.

En primer lugar, es el municipio representado por su alcalde quien debe asumir un compromiso firme de adoptar y fortalecer las normativas que regulen el trato ético hacia los animales. Esto incluye desde la prohibición de prácticas crueles hasta la promoción de la adopción responsable y el control poblacional mediante programas de esterilización. La implementación efectiva de estas normativas no solo protege a los animales, sino que también contribuye a la construcción de una sociedad más justa y empática.

Además, es imperativo invertir en educación y sensibilización ciudadana. Los municipios tienen el deber de promover campañas educativas que fomenten el respeto hacia los animales y la responsabilidad de sus cuidadores. La concienciación sobre las necesidades y derechos de los animales es fundamental para cambiar las actitudes y comportamientos arraigados que perpetúan el maltrato y la indiferencia.

Desde una perspectiva ética, surge la pregunta sobre si las cabalgatas respetan verdaderamente el principio de trato digno hacia los animales. Si bien es cierto que estas festividades hacen parte importante de nuestra cultura y tradición, no se puede ignorar el impacto potencialmente negativo que pueden tener en los caballos que participan. Las consideraciones éticas demandan que se priorice el bienestar de los animales sobre la tradición o el entretenimiento humano.

Desde un punto de vista moral, las cabalgatas deben ser evaluadas en términos de cómo reflejan nuestros valores como sociedad hacia los seres vulnerables que dependen de nosotros para su cuidado. La moralidad implica hacer lo correcto incluso cuando no esté estrictamente regulado por la ley, actuando en beneficio de aquellos que no pueden defenderse por sí mismos.

En conclusión, la adopción de políticas de bienestar animal por parte de los municipios no solo es una cuestión ética, sino también una responsabilidad moral y legal. Es hora de que los gobiernos locales asuman un papel activo y comprometido en la defensa de los derechos de los animales.

Solo a través de un esfuerzo conjunto y coordinado podemos construir un futuro donde todas las formas de vida sean tratadas con el respeto y la dignidad que merecen, es necesario fomentar una cultura de respeto hacia los animales entre los participantes y espectadores de las cabalgatas. Educar sobre las necesidades y derechos de los caballos, así como promover prácticas de manejo ético y responsable, puede contribuir significativamente a mitigar el sufrimiento animal asociado con estos eventos tradicionales.

Es esencial que las cabalgatas evolucionen para ser celebraciones que no solo honren la cultura y tradiciones, sino que también reflejen un compromiso genuino con el bienestar animal. Esto no solo fortalecerá el sentido de responsabilidad social y ética en las comunidades, sino que también asegurará que las futuras generaciones disfruten de estas festividades de manera sostenible y respetuosa con todas las formas de vida que las hacen posibles.

En última instancia, la protección de los animales en las cabalgatas no es solo una cuestión de cumplimiento legal, sino un deber moral hacia aquellos seres que comparten nuestro mundo y merecen ser tratados con compasión y consideración en todo momento. Solo a través del compromiso con el bienestar de los animales podemos construir una sociedad más justa y compasiva para todos.

P.D. En la capital huilense, en asuntos de bienestar animal estamos en mora, existe ley, pero la autoridad brilla por su ausencia y mientras tanto los entes de control hibernando o a lomo de mula. Esperamos que en la implementación del programa nacional de esterilización de perros y gatos otro gallo cante.

Por: Faiver Augusto Segura Ochoa
Twitter -X: @faiver_segura

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