El “nuevo” siglo ya es adulto

TSM Noticias
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Juan tiene 25 años. Una mezcla rara de esperanza y prudencia. Nació justo cuando el 2000 era una palabra mágica. En su casa se hablaba del siglo XXI como si fuera un portal: ciudades limpias sin huecos, vías reparadas con robots sin ayuda humana, puertas automáticas en los carros voladores todos eléctricos, pantallas transparentes, androides con modales reemplazando al ser humano… y una ciudadanía, por fin, portándose como humanidad unida sin corrupción.

Pero a Juan no le tocó ese futuro de cine. Y el, diariamente intenta avanzar sin pelearse con nadie por política. Quiere evolucionar. Uno donde el conocimiento cabe en un bolsillo, sí, pero también cabe la ansiedad. Donde podés hablar con alguien al otro lado del planeta y, aun así, quedarte sin palabras con el vecino. Donde no hay aeropatines… pero sí notificaciones instantáneas todo el día y de todo tipo.

Y aun así: avanzamos. Hoy cabe una biblioteca en un celular, hablamos por videollamada, traducimos idiomas en segundos, un médico puede orientar a distancia y la inteligencia artificial ya escribe, resume, programa y diseña. Bien usada ahorra tiempo y democratiza conocimiento. No es ciencia ficción: es claramente progreso.

La pregunta, entonces, no es si cambiamos. Es qué clase de cambio elegimos. Porque el progreso no es solo inventar herramientas; es usarlas para devolver vida, no para cobrárnosla por cuotas.

En estos 25 años largos la humanidad hizo cosas enormes: aceleró la ciencia, conectó laboratorios del planeta, en algunos lugares impulsó energías más limpias y puso capacidades antes “de élite” al alcance de millones. El futuro no llegó como una ciudad voladora: llegó como una caja de herramientas en la mano.

Pero el termómetro humano de este siglo sigue siendo simple: la gente se mueve. Se estima que el mundo ronda los 300 millones de migrantes internacionales. Eso no es un número frío: es un mensaje. Hay lugares que absorben futuro… y lugares que lo expulsan.
Colombia lo siente en los “me voy a probar suerte”, en los chats familiares donde una visa es noticia y en esa frase resignada: “allá, por lo menos…”. En 2023 se reportaron más de 200 mil colombianos emigrando hacia países OCDE, con España como destino principal.

Pero aquí viene lo esperanzador: moverse no es solo huir. También es aprender, trabajar, formarse, emprender, regresar con oficio y con mirada nueva. Existe retorno. Y, los que vuelven, no siempre es derrota; a veces es segunda oportunidad y apuesta por lo propio. A veces, es decir: “yo no me rindo con mi país; me preparo y regreso”.

Urge construir países y ciudades donde quedarse sea viable, donde la dignidad no sea un premio sino un piso sin inseguridades que se roben no solo la esperanza.

Y aun cuando el Estado decepcione, hay otra noticia buena: la solidaridad ciudadana existe. En crisis, barrios y veredas han probado que la decencia no depende de un decreto.

Eso es la latinoamericanidad que yo quisiera ver en 2026: no la de la camiseta para la foto, sino la que se nota cuando uno hace fila y no se cuela; cuando paga y exige con respeto; cuando el mérito no es chiste; cuando el talento no siente que para respirar tiene que irse. Que la corrupción y los impuestos no nos roben también el ánimo.

Y quisiera, sobre todo, también una latinoamericanidad con espalda recta: que nos hagamos respetar no por bravos ni gritones con machete, sino por nivel. Tenemos juventud, cultura, biodiversidad, creatividad y resiliencia. Lo que nos falta no es potencial: es consistencia. Trabajo en equipo. La decisión adulta de dejar de improvisar el país con los mismos.

El siglo nuevo ya no es promesa. Es responsabilidad. Y la mejor noticia es esta: todavía estamos a tiempo de que se parezca menos a una fantasía y más a una realidad bien hecha. Una donde irse sea opción, quedarse sea orgullo y volver sea posible.

25 años es mucho tiempo, que el siglo XXI nos vea evitando fallar en lo básico: que no nos encuentre brillando en discursos sonrientes y en porcentajes falaces. Que lo que anunciamos se convierta en cronogramas cumplidos, en obras terminadas, en servicios que funcionen, en oportunidades reales. Evolucionar es simple: decir lo que se va a hacer, hacerlo bien, y sostenerlo hasta que se note.

Por: Caly Monteverdi
Conferencista internacional

Comunicador argentino, asesor estratégico y creativo
X – Twitter: @Calytoxxx

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