El maltrato en la formación médica: un obstáculo que debemos superar

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Ante los recientes hechos relacionados con el suicidio de una estudiante de la especialidad de cirugía general – R1- quien se encontraba cursando su formación en la Pontificia Universidad Javeriana y que de acuerdo a los antecedentes correspondió a un presunto episodio depresivo asociado a maltrato y acoso laboral por parte de sus profesores, es oportuno contextualizar esta problemática que no es nueva y tampoco se limita a este centro de formación y por el contrario se presenta con relativa frecuencia y se ha normalizado y sistematizado en el proceso de formación de médicos generales y especialistas de acuerdo con los múltiples testimonios de médicos que ante el desenlace fatal de este caso han decidido valientemente denunciar sus experiencias en redes sociales.

En Colombia, la formación de médicos es un camino arduo y exigente. Sin embargo, detrás de los avances científicos y las habilidades clínicas, persiste una realidad incómoda y preocupante: el maltrato hacia los estudiantes de medicina.

Históricamente, la cultura de la medicina ha perpetuado una jerarquía rígida donde el respeto se gana a través del sufrimiento. Esta mentalidad, aunque con buenas intenciones de forjar profesionales fuertes, ha dado lugar a prácticas que socavan la dignidad y el bienestar emocional de los estudiantes.

El maltrato puede manifestarse de diversas formas: desde comentarios humillantes y despectivos, violencia física, largas jornadas laborales sin descanso adecuado hasta acoso sexual.

Estas experiencias no solo afectan la salud mental de los futuros médicos y médicos especialistas, sino que también pueden influir negativamente en la calidad de atención que brindarán a sus pacientes en el futuro o a sus futuros estudiantes cuando se deciden por la docencia manteniéndose esta práctica perversa en el ejercicio de formación médica.

Es crucial reconocer que el respeto y la empatía no deben sacrificarse en nombre del rigor académico, aunque el “saber” es fundamental en el ejercicio de cualquier profesión, no se debe dejar a un lado el “ser”; el saber lo adquirimos en las aulas y sitios de práctica académica, el “ser” lo heredamos y se fortalece en la niñez, en la familia y forja nuestro carácter. Los estudiantes merecen un ambiente de aprendizaje que fomente la colaboración, la confianza y el crecimiento personal y profesional.

Instituciones y profesionales de la salud tienen la responsabilidad de promover una cultura de respeto y apoyo mutuo, el estudiante de medicina debe mirar a su profesor como un líder a quien imitar y respetar no como un maltratador a quien se le debe tener miedo, se enseña con el ejemplo no con la intimidación, la arrogancia y el resentimiento, es hora de romper esa cadena según la cual “yo trato como me trataron”.

Como sociedad, debemos abogar por una formación médica que nutra no solo el conocimiento técnico, sino también los valores humanos. Solo así podemos garantizar que nuestros futuros médicos sean no solo competentes, sino también compasivos, empáticos y resilientes.

El maltrato en la formación médica no debe ser una tradición que perdure; es hora de construir un camino hacia una educación médica más humana y ética en Colombia y en esta labor en fundamental y determinante una perfecta coordinación y complementación entre la Universidad y el hospital o clínica como sitio de practica en el que se desarrolla el convenio docente – servicio e igualmente importante que se respete la legislación que rige el sistema de residencias médicas en nuestro país – Ley 1917 de 2018 – según la cual los turnos no podrán superar las 12 horas continuas ni las 66 horas en la semana.

P.D. Ante este desafortunado in suceso se espera no tanto el pronunciamiento de las organizaciones médicas que ya es suficiente, sino acciones efectivas de estas mismas asociaciones que redunden en el bienestar de los estudiantes/residentes en el proceso de formación médica en Colombia y acciones de los entes de control cuando se denuncie alguna falta y esto por supuesto que incluye a los tribunales de ética médica.

Por: Faiver Augusto Segura Ochoa
Twitter -X: @faiver_segura

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