El Huila y una renovada visión productiva para el departamento

TSM Noticias
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Nuestro departamento del Huila tiene todo para convertirse en una verdadera potencia regional: tierra fértil, abundancia hídrica y una biodiversidad que no solo representa un recurso estratégico para la humanidad, sino también uno de los pilares esenciales para la sostenibilidad del planeta.

El Huila, al albergar el Macizo Colombiano, funciona como una gran estrella hídrica y un nodo estratégico que conecta las regiones Andina, Pacífica y Amazónica. Sin embargo, seguimos organizando nuestra economía como si el futuro fuera simplemente una prolongación del pasado.

Los números recientes son alentadores: fuimos el segundo departamento con mayor crecimiento económico de Colombia en 2024; las exportaciones no minero-energéticas crecieron cerca del 50 % en 2025; y mantenemos liderazgo nacional en café y piscicultura. Pero esas mismas cifras esconden una advertencia que no podemos ignorar: el 95 % de lo que exportamos sigue siendo café y el 73 % de nuestras empresas comercializan productos sin transformación.

En febrero de 2026, la producción cafetera nacional cayó un 36 %. El clima no pide permiso. Los mercados tampoco.

No se trata de abandonar lo que hemos construido junto con nuestra gente trabajadora y solidaria.

Se trata de planear y ejecutar sobre nuestras fortalezas históricas, una economía más completa, resiliente y capaz de retener en el territorio la riqueza que produce.

Para lograrlo necesitamos un modelo de gobernanza sólido; uno que articule de manera deliberada a los cinco actores que realmente determinan el futuro productivo de una región: el gobierno, la academia, el sector empresarial, la sociedad civil y el ecosistema natural. Es lo que en competitividad territorial se conoce como el modelo de las cinco hélices.

Aplicado al Huila, esto significa varias cosas concretas. Significa que la academia debe conectarse directamente con las necesidades de los caficultores, piscicultores y cacaoteros, y no trabajar en paralelo a ellos. Significa entender que las comunidades rurales y urbanas no son simples beneficiarias de programas, sino protagonistas del modelo productivo. Y significa reconocer que nuestra biodiversidad, los pisos térmicos, el río Magdalena y el capital paisajístico del departamento no son un telón de fondo, sino el activo más poderoso que tenemos para competir en el mundo.

Sobre esa base, hay tres apuestas que deben liderar los próximos veinte años del Huila.

La primera es consolidar el turismo como una verdadera industria. El desierto de la Tatacoa, la cultura de San Agustín —considerada una de las más importantes de Suramérica—, Isnos y todo el legado arqueológico junto con el Macizo Colombiano, son destinos de talla mundial que aún operan bajo una lógica básica. Mientras no exista suficiente conectividad aérea, infraestructura vial consolidada y una marca destino gestionada profesionalmente, ese potencial seguirá siendo un proyecto en desarrollo. Pero es una tarea que exige visión, gestión y ejecución, un verdadero compromiso sin excusas.

Debemos entender que nuestra cultura no puede seguir viéndose solo como tradición, debemos proyectarla como una herencia milenaria con capacidad de construir el futuro de nuestras generaciones y que ellos escriban su pasado con orgullo.

La segunda apuesta es llevar el cacao huilense a la primera línea de la economía regional. Nuestro cacao tiene bajos niveles de cadmio —una ventaja decisiva para el mercado europeo—, además de perfiles finos de sabor y aroma altamente valorados a nivel internacional. Lo que falta es fortalecer la cadena de transformación: tecnificación del beneficio y secado, creación de marcas propias y capacidad industrial. Allí existe una enorme oportunidad de desarrollo económico y generación de empleo.

La tercera, y quizá la más transformadora, es pensar el Huila como nodo logístico del sur colombiano. Hoy, los costos de transporte de nuestros exportadores representan cerca del 14,8 % del valor de sus ventas. Eso no es inevitable; es una ineficiencia estructural. Una zona agroindustrial y logística con el Huila como epicentro podría cambiar el modelo económico de toda la región surcolombiana.

Pensar el Huila de la próxima década exige visión sistémica, continuidad y constancia. Exige dejar atrás la lógica de los proyectos aislados y avanzar hacia políticas sostenidas en el tiempo.

También exige decisiones basadas en datos, competitividad y visión de largo plazo. El departamento necesita unión productiva, liderazgo y propósito colectivo.

El Huila puede convertirse en una de las economías regionales más dinámicas de Colombia. Pero para lograrlo debemos entender que el futuro no se improvisa, se planea, se construye y se ejecuta, con los jóvenes como fortaleza productiva, con las mujeres como motor de esperanza, y con hombres valientes comprometidos con transformar sus hogares, sus comunidades, y el destino de nuestra región.

Por: Víctor Andrés Tovar Trujillo

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