El caballo huilense, una economía que no estamos viendo

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El caballo criollo colombiano de paso fino, no es una pieza de folclor. Es un activo estratégico que el Huila ha cultivado durante generaciones y que hoy sostiene una cadena productiva robusta, silenciosa y, muchas veces, subestimada.

Según la Federación Colombiana de Asociaciones Caballistas, el sector mueve cerca de seis billones de pesos al año en el país, genera alrededor de 480.000 empleos y realiza más de 160 exposiciones anuales en 19 departamentos. No es una tradición secundaria: es una economía con escala nacional.

Detrás de cada ejemplar hay una red de trabajo que rara vez se visibiliza: montadores, herreros, veterinarios, auxiliares de pesebrera, palafreneros, transportadores y proveedores hacen parte de un circuito que se activa todos los días en Neiva, Garzón, Pitalito y en numerosos municipios y veredas donde el caballo sigue siendo economía real.

En el Huila, el inventario ronda los 3.000 ejemplares, con un alto nivel de formalización. Dos asociaciones —con décadas de trayectoria— sostienen el dinamismo del sector en el norte, centro y sur del departamento. Esa estructura no es menor: demuestra organización, continuidad y capacidad de crecimiento.

Pero el caballo huilense ya no es solo tradición. La chalanería ha sido reconocida por el Ministerio del Deporte, como disciplina dentro del sistema deportivo nacional. Detrás de esa decisión hay técnica, formación y una oportunidad clara: convertir esta práctica en una apuesta de desarrollo para niños y jóvenes.

A esto se suma una dimensión que merece mayor impulso institucional: la terapia asistida con caballos. Su movimiento genera estímulos que han demostrado beneficios en condiciones como el autismo, la parálisis cerebral y trastornos neuromotores. No es solo una alternativa terapéutica: es una oportunidad de salud, inclusión y desarrollo social que el Huila está en capacidad de liderar.

Por supuesto, el sector no está exento de tensiones. Pero la respuesta no puede ser la estigmatización, sino la regulación inteligente. Existen avances: protocolos de bienestar animal, participación gremial en la normatividad y experiencias de organización en eventos públicos. Ese es el camino: corresponsabilidad, estándares claros y diálogo permanente.

Este mes de mayo, el departamento tendrá tres ferias caballistas este fin de semana en Neiva; el siguiente, en Garzón; y el posterior, en Pitalito. Más que eventos, son una muestra concreta de lo que este sector representa: movimiento económico, turismo, identidad y tejido social.

El caballo huilense no necesita ser defendido. Necesita ser entendido.

Y, sobre todo, incorporado en serio dentro de la agenda de desarrollo del departamento.

Por: Víctor Andrés Tovar Trujillo

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