Amargura, señores, que a veces me da, la cura resulta más mala que la enfermedad, parece cantar FECODE por las calles de Colombia.
Mientras la reforma estructural al sistema de salud impulsada por el gobierno de Gustavo Petro, sigue embolatada, un hecho concreto, tangible y en desarrollo debería encender todas las alarmas: el paro nacional de maestros convocado por FECODE este 15 de abril de 2026.
No es un paro simbólico. Es un paro motivado por lo que, en la práctica, podría considerarse un “piloto adelantado” del modelo de salud que el Gobierno pretende extender a todos los colombianos.
El laboratorio ya está en marcha
Desde mayo de 2024, el sistema de salud del magisterio opera bajo un esquema que elimina intermediarios y centraliza la gestión en el Fondo Nacional de Prestaciones Sociales del Magisterio (Fomag), administrado por Fiduprevisora. En teoría, el objetivo era noble: reducir costos administrativos, mejorar la eficiencia y garantizar acceso más directo a los servicios.
En la práctica, según denuncian los docentes, el resultado ha sido otro: demoras en citas médicas, dificultades en el acceso a medicamentos, interrupciones de tratamientos y una cobertura irregular, especialmente en regiones apartadas.
Lo que se prometía como una optimización del sistema terminó convirtiéndose, para muchos usuarios, en una experiencia de incertidumbre.
La coincidencia estructural
Aquí es donde el debate deja de ser sectorial y se vuelve nacional.
Los principios que sustentan el modelo del magisterio coinciden de manera preocupante con los pilares de la reforma a la salud propuesta por el Gobierno:
- Eliminación o reducción de intermediarios (EPS)
Tanto en el sistema del magisterio como en la reforma nacional, se busca disminuir el rol de las entidades intermediarias, bajo el argumento de que encarecen y distorsionan el servicio. - Centralización de la gestión de recursos
El manejo de los fondos en una entidad estatal —como ocurre con el Fomag— es un reflejo directo de lo que se propone a nivel país: que el Estado asuma un rol predominante en la administración financiera del sistema. - Rediseño del modelo de prestación
Se plantea una transición hacia redes integradas de atención con mayor control estatal, lo que en el caso del magisterio ya está operando con resultados cuestionados. - Promesa de mayor equidad territorial
Uno de los argumentos centrales de la reforma es mejorar la cobertura en zonas rurales. Sin embargo, justamente allí es donde los maestros reportan mayores fallas.
El riesgo de escalar un problema
El sistema de salud del magisterio atiende aproximadamente a 800.000 personas. Colombia tiene más de 50 millones de habitantes.
La pregunta es inevitable: si un modelo presenta fallas operativas significativas en una población relativamente acotada, ¿qué ocurriría al escalarlo a todo el país?
No se trata de defender el statu quo ni de ignorar las fallas históricas del sistema actual. Es evidente que la salud en Colombia requiere ajustes profundos. Pero reformar no es simplemente cambiar estructuras; es garantizar que lo nuevo funcione mejor que lo anterior.
Hoy, el caso del magisterio parece indicar que el problema no era únicamente la intermediación, sino la capacidad de gestión, articulación y ejecución del sistema.
La advertencia que no se puede ignorar
El paro de FECODE no es solo una protesta sectorial. Es, en términos prácticos, una alerta temprana.
Lo que está en juego no es una discusión ideológica entre lo público y lo privado, sino la viabilidad operativa de un modelo que, de fallar, impactaría directamente la vida de millones de colombianos.
La reforma a la salud no debería avanzar como un acto de fe política, sino como una construcción técnica basada en evidencia. Y hoy, la evidencia más cercana —la del magisterio— plantea más preguntas que respuestas.
Ignorar ese espejo no solo sería imprudente. Sería, posiblemente, un error histórico.
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Por: Óscar Emilio Antolínez – oscarantolinez@gmail.com
X: @oscarantolinez

