En el departamento todos estamos sorprendidos por una noticia trasnochada. Hace 14 meses habíamos perdido al Atlético Huila y apenas nos estamos dando cuenta. El equipo que llegó a ser el orgullo de esta tierra, dejó de ser del departamento desde el mismo momento que fue comprado por el Grupo Independiente en mayo de 2023.
Lo noticioso no es que ahora nos enteremos que se van a llevar el equipo a otra ciudad. Ese era realmente el último paso a dar, pero la decisión ya la habían tomado desde hace mucho tiempo, incluso me atrevo a decir, que desde antes de comprarlo.
Por eso decidieron no apostarle a continuar en la A, porque es claro que el equipo quiso descender; por eso decidieron salir de jugadores costosos y seguir con una nómina cómoda en la B, vendieron algunos estandartes, y en vez de sacar nuevos talentos de la cantera, que traían un proceso, decidieron traer jugadores de su equipo matriz, el Independiente del Valle, y brindarles un fogueo en el fútbol colombiano. Así fueron de a poco cerrándole las puertas a jugadores de la región, e incluso sacaron a profesionales de la tierra que venían trabajando en el equipo.
Todo eso dentro de un proceso de transición que al final terminaría con la salida del equipo de la ciudad.
Así que sí. La noticia que conocimos el pasado martes ya era vieja. Desde hace 14 meses estaban claras las intenciones de los propietarios con el equipo. No buscaban un equipo con estadio o con afición.
De hecho si quisieran podrían construir un estadio nuevo donde quisieran. Tienen la solvencia económica. Realmente les interesaba una ficha económica en Colombia, en la que pudieran potencializar talentos, y qué mejor que con un equipo que estando en la A o en la B iba a tener los mismos ingresos por conceptos de televisión. Porque a diferencia de otros países, en Colombia, los equipos tradicionales y entre esos está el Huila, reciben los mismos recursos de la torta de la transmisión, sin importar si está en la A o en la B, y sin importar si es un equipo que mete 40.000 personas a un partido o 700 como en el caso del Huila.
Así que ese cuento de la falta de estadio es un carreto. A ellos no les importa la afición y tampoco nunca quisieron tener buenas relaciones con los huilenses. Su presidente Maruan David Issa, siempre se creyó un reyezuelo. Trató a la prensa como quiso, con la afición más allá de estrategias de mercadeo, nunca construyó un proyecto de equipo que generara esperanza e ilusión; y a los gobernantes de turno siempre los trató con amenazas, haciéndoles creer a todos, que estaban haciendo una gran inversión en la región.
Al final se irán y no nos quedará nada. Fue un negocio que pasó de un privado a otro privado, que no dejaban mayor renta al municipio, con decirles que ni arriendo por uso del estadio pagaban. Cuando estaba el alcalde Gorky, en un intento por poner en funcionamiento tres de las cuatro graderías, la Administración hizo una inversión y le exigió al club meterse la mano al dril.
De esa forma lograron adecuar camerinos, baños, cabinas de prensa y una zona preferencial. Era lo mínimo por ocupar el escenario. Pero querían seguir beneficiándose de la región sin pagar un peso, y hace un mes por daño en una luminaria, empezaron a amenazar a la Alcaldía y la Gobernación con llevarse al equipo sino la arreglaban. De ahí que siempre existió la molestia de algunos sectores políticos que rechazaban que se siguiera invirtiendo recursos públicos en adecuar un escenario que tiene uso exclusivo de una empresa privada.
Lo peor del caso es que se quejan por la falta de aficionados en la tribuna, pero no ven sus acciones. Primero, han sacado jugadores referentes del equipo sin traer ningún buen refuerzo, pero además, salvo los hermanos Méndez, han acabado los procesos de los demás jugadores de la tierra; y para completar ahora dicen que se van de la tierra; entonces ¿con qué motivación quieren que un hincha vaya al estadio?
Realmente es lamentable esta situación. El Atlético Huila que cumplirá 34 años de fundación, es un equipo insignia en la región, que por muchos años ha dinamizado la economía de muchas familias que viven de la venta de comida y otros servicios al rededor del estadio.
Pero la verdad sea dicha, es un equipo que ya muy poco tenía de la región. Desde sus dueños, hasta su cuerpo técnico, jugadores y demás, ya no nos pertenecía y mucho menos nos representaba, y por eso cada día iba perdiendo afición. Difícilmente en las condiciones actuales podríamos llegar a tener estadio lleno, como cuando el equipo jugó las finales en 2007 y 2009 ante Medellín y Nacional, o cuando jugó Copa Sudamericana.
Así que si la decisión de los dueños es llevarse al equipo, nada podremos hacer. Porque ni se va a arreglar el estadio en seis meses (no se ha podido en 8 años, mucho menos ahora), y tampoco podemos seguir arrodillados a los berrinches de sus directivos.
Es hora de empezar de nuevo, como hace treinta y cuatro años, a construir un nuevo proyecto, que nació de la iniciativa de empresarios y la prensa deportiva, y buscar los mecanismos de comprar una nueva ficha profesional, que sea de la tierra, que valore el talento local y que de nuevo la sintamos como propia.
La Ñapa
Desde Barrancabermeja, ciudad a donde se dice, se llevarían el equipo; los hinchas del otrora Alianza Petrolera, dicen que no están de acuerdo con este proceso. Hace solo seis meses, los dueños decidieron llevarse la ficha para Valledupar y eliminaron de tajo la historia del equipo. Lo paradójico es que justamente los dueños se llevaron el equipo porque decían que allá en Barrancabermeja, los gobiernos no los apoyaron económicamente como querían.
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Por: Andrés Felipe González Díaz
Comunicador Social y Periodista
Especialista en Comunicación Digital
Asesor en Comunicación Política



