«Verdaderamente, el hombre es el rey de los animales, pues su brutalidad supera a la de éstos». (Leonardo Da Vinci).
Porque soy padre y tuve la fortuna y bendición de recibir de Dios un par de hermosas hijas, a las que amo y respeto, es por lo que me causa indignación y repudio total la noticia del brutal asesinato de la niña Yuliana Samboní, de siete años en Bogotá, al parecer de manos de un señorito de la sociedad rola llamado Rafael Uribe Noguera, arquitecto de profesión y quien según las noticias, laboraba para la empresa de su familia.
Este enfermo mental, sicópata, maniático homicida, raptó a la menor para conducirla hasta su lujoso apartamento personal en una zona privilegiada de Bogotá, en donde según las investigaciones, cometió la barbaridad que hoy en día conmueve a todo un país.
Y es que aún no nos alcanzamos a recuperar del impacto causado por el desastroso accidente de los futbolistas y su comitiva, ni de la muerte de Dora Lilia Gálvez, también violada, golpeada, empalada y torturada, en el municipio de Buga, cuando sucede este otro terrible y aberrante hecho, que nuevamente conmueve a Colombia.
¿Para dónde va esta sociedad, qué piensa la gente hoy en día, qué tipo de vida estamos viviendo y en medio de quiénes coexistimos? porque cada día se ven más y más cosas que nos dejan estupefactos por la exagerada magnitud y gravedad de los hechos.
La sociedad ha perdido el temor a Dios, el respeto por sus mandamientos, que siempre fueron la guía íntima del comportamiento humano.
Pongamos en sus manos el alma de todas estas personas fallecidas en hechos trágicos durante los últimos días y pidámosle con sinceridad y devoción que bendiga y proteja a nuestros niños y niñas, alejándolos del mal que acecha y de los peligros que por desgracia cada día los amenazan sin que, como ocurre con frecuencia, la justicia colombiana opere con la diligencia y eficacia que los ciudadanos exigimos y a la que tenemos derecho.
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Por: René Cantillo Álvarez – renedcantillo1@hotmail.com


