Votar por la vida

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En nuestras comunidades hablar de democracia suena lejano, como si eso no fuera con nosotros. Hay desconocimiento y desinformación y hasta desprecio por el voto. No es solo desinterés: es que nunca nos enseñaron a entender su valor. Muchas generaciones fueron formadas sin pensar el poder del sufragio. Por eso muchos desconfían, o se cansan.

Decía Borges: Descreo de la democracia, ese curioso abuso de la estadística”. Cuando el pueblo no comprende lo que hace, la frase deja de ser ironía y se vuelve advertencia. Ojo: que la democracia tenga fallas no significa que el voto no sirva. Dejar de ver el voto como carga y asumirlo como una herramienta de poder real. Ahí está la clave.

En sitios donde manda el “eso no cambia nada”, hay que decir: los pésimos gobernantes por lo general son elegidos por los buenos ciudadanos que no votan. La ausencia también decide. El silencio también vota.

Por otro lado, no admitimos algo: todos llevamos dentro un impulso autoritario, un “paraquito” escondido que a veces prefiere la mano dura que pensar con calma. Y a ese lado oscuro es al que apelan los avivatos.

Churchill se las pilló en su momento: “El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio”. Hay avivatos que saben que muchos no entienden cómo funciona el Estado y se aprovechan. Abelardo es uno de ellos. Armó campaña agresiva y llena de odio junto a grupos siniestros y con apoyo de pastores recalcitrantes y sionistas. Una campaña donde importa más encender que educar, dividir que explicar.

Por eso, en contextos como los nuestros, “votar por la vida” no es carreta ni pendejada retórica. Es entender que lo que se decide afecta la educación, la salud y hasta la vida del barrio. Es reconocer que el voto es profundamente humano. El cambio empieza en lo cercano: en la tienda, en la casa, en el aula, en la esquina. Conversando sin pena, explicando, motivando. Porque al final, no votar no es rebeldía: es renuncia. Salir a votar, es un acto de dignidad. Un acto por la vida.

Por: Juan Carlos Guardela Vásquez
Docente y Cronista

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