El cerebro no se pensiona

TSM Noticias
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Una abuela intenta aprender a usar el celular para ver mejor las fotos de sus nietos. Se equivoca, se frustra, toca donde no es, llama sin querer, borra un audio que aún no había escuchado, vuelve a preguntar. Alguien de la familia se ríe y le dice: “Dejá, eso ya no es para vos”. Pero ella insiste. Una tarde, manda su primer mensaje de voz por Whatsapp al grupo. Después una foto. Después una videollamada.

Parece una escena mínima. Pero ahí, en ese gesto cotidiano, ocurre algo gigantesco: un cerebro sigue aprendiendo.

La neuroplasticidad es, dicho en simple, la capacidad del sistema nervioso para cambiar, reorganizarse y crear nuevas conexiones a partir de la experiencia, el aprendizaje, el entrenamiento, el entorno e incluso después de una lesión. Es ciencia: el cerebro no es una piedra; es una obra viva, modificable, sensible a lo que repetimos y también a lo que nos atrevemos a intentar. Los invito a releer ese párrafo. Es fundamental.

Estamos hablando de algo mucho más profundo que aprender una habilidad nueva: habla de la posibilidad de reinventarnos, de automodelarnos y de no darnos por vencidos antes de tiempo.

Durante años nos vendieron esto: “yo ya soy así”, “a esta edad nadie cambia”, “eso se aprende de joven”. Frases cómodas, pero peligrosas, porque condicionan al cerebro de una manera tremenda. Una cosa es aceptar el paso del tiempo y otra muy distinta es usar la edad como acta de rendición.

La neuroplasticidad viene a discutir ese mito. Cambiar a los 70 no es igual que cambiar a los 20. Pero distinto no significa imposible. Estudios científicos recientes sobre aprendizaje motor y envejecimiento señalan que los adultos mayores conservan potencial de plasticidad y pueden aprender nuevas habilidades, aunque a veces a otro ritmo y con más necesidad de repetición, estrategia y constancia.

Ahí aparece una palabra clave que me encanta aplicar en todo momento: evolución. Evolucionar no es parecer joven ni negar las arrugas. Evolucionar también es reaccionar distinto, aprender algo nuevo, abandonar una conducta que nos daña, recuperar autonomía, mejorar un hábito, pedir perdón, moverse un poco más, pensar mejor, vivir con más conciencia.

Hay ejemplos que ayudan a romper la excusa. Youn Yuh-jung, primera actriz surcoreana en ganar un Óscar a mejor actriz de reparto en 2021 por Minari, nada menos que a los 73 añitos interpretando justamente a una abuela inolvidable ¿qué tal?

Del otro lado, John B. Goodenough recibió el Premio Nobel de Química en 2019 a sus 97 primaveras, por su papel pionero en el desarrollo de las baterías de iones de litio, convirtiéndose en el laureado de mayor edad en la historia del Nobel. Esto demuestra que la inteligencia no tiene fecha de vencimiento ¿ven? Estos dos ejemplos inspiran a revisar cierta actitud facilista o derrotista.

Esta columna no aplica solo para grandes logros o éxitos públicos extraordinarios. También importa en la rehabilitación. Después de un accidente cerebrovascular o una lesión cerebral, la mente puede reorganizar redes, activar rutas alternativas y recuperar funciones con tratamientos adecuados, personalizados y sostenidos.

Podemos sorprendernos gratamente de nosotros mismos si dejamos de subestimarnos. “Pasito a pasito” decía la canción viral hace unos años. Cada caminata, cada lectura, cada terapia, cada ejercicio físico o de la memoria, cada intento de aprender, cada pequeña repetición sostenida es una instrucción silenciosa: todavía no terminé.

Los abuelos en cada familia son memoria, raíz, ternura, historia viva, refugio y el puente más humano entre generaciones. Los abuelos que se cuidan, que se mueven, que aprenden, que conversan y se ríen, que no se rinden, no solo mejoran su vida: también les regala más presencia, más lucidez y más tiempo de calidad a quienes los aman.

La neuroplasticidad no promete juventud eterna. Promete posibilidad. Y esa posibilidad necesita acción. Empezar por algo. Tener más vida social. Volver a intentar lo que se dio por perdido. ¿Qué vamos a empezar a repetir desde hoy para vivir mejor?

El cerebro no se jubila (como decimos en mi país). La evolución tampoco debería hacerlo. Y una familia que entiende eso no abandona a sus mayores en la frase cruel de “ya para qué”. Los acompaña, los estimula, los cuida y les recuerda algo profundamente humano: mientras haya vida, todavía puede haber aprendizaje, dignidad y una nueva oportunidad.

El tiempo pasa volando. Y ese “mañana” en el que muchos creen que solo estarán otros, “mañana” también nos espera a nosotros. Por eso cuidar, motivar y dignificar a nuestros mayores no es solo un acto de amor: también es una manera de aprender cómo queremos ser tratados cuando nos toque inspirar a otros a no rendirse en ningún momento de la vida.

Por: Caly Monteverdi
Conferencista internacional

Comunicador argentino, asesor estratégico y creativo
X: @Calytoxxx

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