El escenario político en el Huila ha dejado de ser un terreno de incertidumbres para convertirse en una medición de fuerzas territoriales y estructuras consolidadas.
Con un censo que asciende a 939.740 personas habilitadas para sufragar al Congreso, la contienda ha decantado hacia figuras que, por el peso de sus apoyos y su trayectoria, llevan la delantera.
En un departamento donde hace cuatro años apenas acudieron a las urnas 361.522 ciudadanos, el éxito no depende solo del discurso, sino de la capacidad de movilización en las 2.849 mesas dispuestas para este ocho de marzo.
La lista del Partido Liberal es, sin duda, la columna vertebral de este proceso y la única con la robustez para asegurar dos escaños. Sin embargo, el orden de esa jerarquía interna está bajo fuego, con dos nombres que ya resaltan sobre el final.
Aunque Flora Perdomo ostenta una posición aparentemente sólida, blindada por los sectores cercanos a la administración departamental, los mentideros advierten que la inercia de la dirigencia tradicional podría no ser suficiente frente al fenómeno de Rodrigo Amaya Culma.
El dirigente garzoneño encarna el relevo generacional que el electorado venía reclamando; su paso por la Asamblea y su destacada gestión en el sector solidario le han otorgado un reconocimiento social que se traduce en sufragios propios. Con un carisma que amenaza con desplazar a los nombres representativos y el soporte estratégico de Don Herman Casagua, el influyente ‘Papá Casagua’, el exdiputado ha logrado una conexión destacada en Neiva, el centro del departamento y alianzas con diferentes sectores que hoy pone en duda quién llegará primero en las toldas rojas.
Por el lado de Cambio Radical, Julio César Triana, se mantiene como una personalidad de peso, aunque el camino a su reelección enfrenta desafíos significativos. Triana posee un blindaje geográfico importante por su historia en Gigante y su vínculo con La Plata, donde ha cedido terreno. En el sur, especialmente en Pitalito, donde se abrió paso, el panorama se ha fragmentado.
Allí, perfiles como Édgar Muñoz y Franky Vega, los más fuertes de la zona, están en una disputa directa por captar cada apoyo disponible, lo que atomiza el electorado laboyano. Pese a que el representante cuenta con el guiño de grupos que hoy ostentan el mando en el Valle de Laboyos, esta fuerte competencia le dificulta el control mayoritario, aunque sigue proyectándose como uno de los candidatos con mayor posibilidad de refrendar su credencial al Congreso.
La disputa por la última curul en juego se ha convertido en un duelo de alta tensión donde el Partido Verde es el que llega fracturado. La salida de Rodrigo Lara Sánchez, motivada por el desplazamiento de su aliado William Alvis, hacia Dignidad y Compromiso, ha dejado a la colectividad sin su principal motor electoral.
Esta crisis beneficia directamente a Lourdes Mateus, quien se consolidó en la cima de la propuesta del Pacto Histórico tras un pulso milimétrico en la consulta interna contra Yina Marcela Suárez. No obstante, sobre esta colectividad recae una duda razonable, qué tanto de su votación fue «prestada», y cuántos son realmente endosables en la elección a Cámara. Si esos respaldos no se traducen en votos, el Pacto podría ver comprometido el escaño que hoy parece tener al alcance.
En este pulso final, la balanza parece favorecer a quienes han sabido interpretar el sentimiento de renovación sin descuidar los núcleos de influencia efectiva. Mientras los sectores tradicionales observan con atención si la estructura de Flora Perdomo logra resistir el empuje que encabeza Rodrigo Amaya Culma y sus equipos, el Pacto Histórico y los verdes se juegan su supervivencia en medio de la incertidumbre.
En política, las mayorías se construyen con pragmatismo y resultados comprobados; el próximo ocho de marzo, el Huila definirá si la veteranía es garantía o si el tablero regional exige nuevos nombres para los próximos cuatro años.
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Por: Alejandro Cabrera Collazos – alejandrocabrera23@gmail.com
Twitter: @alejocabrera


