Cuando la ética médica tiene que mendigar

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Hay algo profundamente indigno en el hecho de que una institución encargada de vigilar la ética médica tenga que sobrevivir a punta de favores políticos, llamadas incómodas y peregrinaciones burocráticas. Lo que hoy ocurre con el tribunal de ética médica del Huila no es únicamente una crisis presupuestal; es el retrato de una administración departamental que ha decidido relegar la ética al último lugar de sus prioridades. Y lo más grave es que esta no es una tragedia repentina; es una agonía lenta, repetida y normalizada.

Durante años, quienes han presidido el tribunal han tenido que recorrer despachos, solicitar audiencias e insistir ante gobernadores, secretarios de salud, diputados y funcionarios de turno para obtener recursos mínimos para su funcionamiento. Año tras año, el presidente del tribunal termina convertido en gestor político, mendigando presupuesto para pagar arriendo, servicios públicos, personal administrativo y honorarios modestos a magistrados que ejercen una función pública esencial. Eso no debería ocurrir en un estado serio.

El tribunal de ética médica no es una asociación gremial ni una oficina ornamental creada para llenar organigramas. Es el órgano encargado de investigar las faltas éticas de los médicos, de proteger los derechos de los pacientes y de preservar la confianza social en la profesión médica. Allí llegan las denuncias por negligencia, abandono, maltrato o conductas contrarias a la dignidad humana. Allí se estudian historias clínicas, se escucha a los pacientes y se toman decisiones complejas que requieren independencia, rigor jurídico y un profundo criterio ético. Sin embargo, mientras se exige al tribunal actuar con seriedad y responsabilidad, el propio Estado lo condena a la precariedad.

El comunicado reciente del colegio médico del Huila revela una realidad alarmante; reducción progresiva de recursos, deudas acumuladas, imposibilidad de pagar honorarios desde diciembre de 2025 y amenaza de suspensión de actividades a partir del 15 de mayo de 2026. Estamos hablando de la posible parálisis del principal órgano de control ético médico del departamento.

Y frente a semejante crisis, la respuesta de la secretaría departamental de salud resulta tan decepcionante como perturbadora. El secretario departamental, siendo médico, sabe perfectamente lo que significa el tribunal para la protección de los pacientes y para la legitimidad del ejercicio profesional(eso espero). Por eso sorprende aún más el tono burocrático, evasivo y distante de su respuesta oficial. El mensaje institucional parece resumirse en una frase inquietante, primero resolveremos otras prioridades y luego veremos si queda disponibilidad para la ética médica.

Más preocupante todavía es que la administración argumente consultas jurídicas y ausencia de reglamentación específica como explicación para no garantizar recursos oportunos. Resulta difícil aceptar que un gobierno departamental descubra ahora, después de décadas de funcionamiento del tribunal, que aparentemente no sabe cómo financiarlo.

La ética no puede quedar sometida al cálculo político ni a la incertidumbre presupuestal. Cuando un gobierno permite que el órgano encargado de vigilar el comportamiento ético de los profesionales de la salud entre en estado de asfixia financiera, el mensaje que la sociedad recibe es devastador: la vigilancia ética no importa.

Y sí importa. Importa porque detrás de cada proceso disciplinario hay un paciente que espera justicia, una familia que exige respuestas y una profesión que necesita límites claros para conservar su credibilidad. Debilitar el tribunal de ética médica no afecta únicamente a los médicos; también compromete directamente la confianza pública en el sistema de salud.

El Huila todavía está a tiempo de evitar este error histórico, pero debe comprender que financiar el tribunal no es un acto de generosidad política, es una obligación legal, institucional y moral; porque cuando la ética médica tiene que mendigar para sobrevivir, lo que realmente está en crisis no es el tribunal, sino el estado mismo.

Por: Adonis Tupac Ramírez Cuéllar
adonistupac@gmail.com
X: @saludempatica 

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