Déjà vu político cada 4 años

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El creciente desprestigio y pérdida de credibilidad de la labor política no es solo por promesas incumplidas que frustran y generan desesperanza social, sino porque en el imaginario colectivo hay un desencanto por quienes aparecen cada cuatro años para obtener un voto y luego se esfuman para reaparecer, sin un ápice de vergüenza, en época electoral.

Es como vivir un déjà vu -del francés «ya visto»-: las mismas tomas, fotos, y videos pero con diferentes actores o quizás con los mismos crédulos parroquianos. En calles, semáforos, parques, barrios, y veredas, reparten besos y abrazos por doquier. Pregonando que esta vez sí serán resueltos problemas y necesidades.

Por estos días se acercan elecciones a Congreso y Presidencia. Por arte de magia reaparecen, quienes ostentan credenciales y otros que esperan obtener el favor popular, cargando niños mocosos, barriendo calles y parques, tapando huecos, sembrando árboles, recolectando café, en plazas de mercado, probando comida callejera, disfrazados de obreros, campesinos, indígenas, en fin, un sinnúmero de estrategias que más bien pareciera actividad circense.

Creería que estuviéramos condenados a un castigo eterno. A presenciar cada cuatro años los mismo actos y promesas. Es como si estuviéramos cargando una enorme roca cuesta arriba, sabiendo que antes de llegar a la cima se va devolver cuesta abajo, pero con la obligación de iniciar nuevamente la misma labor, tal como lo describe la historia griega con el mito de Sísifo, un rey condenado eternamente en el inframundo a hacer esa labor.

Mi critica no es contra la política en sí, ya que la política vista en su expresión más profunda como el arte de servir, es vital para la construcción y transformación de la sociedad. Por lo tanto, es contra quienes la ejercen para beneficio personal y familiar.

Digo familiar porque para nadie es un secreto que el cacicazgo aún persiste en pleno siglo 21. Clanes políticos que, por décadas, como “aves de rapiña” se pelean para dirigir y gobernar, con un solo propósito: llenar arcas y asegurar continuidad de su linaje en el poder.

Aunque el panorama no muy alentador, existen también líderes, hombres y mujeres valiosos, que se abren paso en medio de esta cultura politiquera, que permite considerar que hay esperanza de mejores tiempos para el devenir de nuestro país.

Con la llegada de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, redes sociales, inteligencia artificial, y de más herramientas digitales, hoy por hoy, los ciudadanos expresan con mayor frecuencia el inconformismo y asumen posturas más críticas frente a esos políticos que aparecen cada cuatro años. Muchos son castigados en las urnas para darle paso a nuevas figuras, aunque la mayoría siguen atornillados gracias a la clientela y maquinaria electoral aceitada por la contratación pública.

El voto es un derecho y deber ciudadano. Que por desfortuna más del 42 por ciento del censo electoral o sea los autorizados a votar, se abstuvieron en hacerlo en las últimas elecciones. ¿Qué pasaría si esos millones de personas votaran?, ¿Y votaran por verdaderos líderes y dirigentes sociales, al igual, que quienes votan en blanco? Y se preguntarán, ¿dónde están esos líderes?

Desde esta tribuna mi invitación es a ejercer nuestro derecho y deber de elegir, pero a quienes realmente representen los intereses colectivos de la sociedad colombiana.  Por tanto, hay que revisar la trayectoria, experiencia, idoneidad y por supuesto la hoja de vida de los candidatos.

No es una tarea fácil porque siempre habrá decepciones y corazones rotos, pero nunca podemos renunciar a este derecho, de lo contrario, continuarán eligiendo por nosotros las maquinarias políticas, y seguiremos viendo este de Déjà vu politiquero.  Y para quienes resulten bendecidos con el favor popular, no desaparezcan, y no sean inferiores a la dignidad recibida, trabajen realmente para el bien común.

Por: Fabio Gutiérrez Lozada – faguti2008@gmail.com
X (Twitter): @faguti2010 

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