Transición hacia la agricultura sostenible

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La agricultura ha cambiado drásticamente, especialmente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La productividad de alimentos se disparó debido a las nuevas tecnologías, la mecanización, el mayor uso de productos químicos y las políticas gubernamentales que favorecieron la maximización de la producción. Aunque estos cambios han tenido muchos efectos positivos y han reducido muchos riesgos en la agricultura, también ha habido costos significativos.

Entre ellos destacan el agotamiento de la capa superior del suelo, la contaminación de las aguas subterráneas, el declive de las granjas familiares, el continuo abandono de las condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores agrícolas, el aumento de los costos de producción y la desintegración de las condiciones económicas y sociales en las comunidades rurales

La sostenibilidad se basa en el principio de que debemos satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. Por lo tanto, la administración de los recursos naturales y humanos es de suma importancia.

La administración de los recursos humanos incluye la consideración de las responsabilidades sociales, como las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores, las necesidades de las comunidades rurales y la salud y seguridad del consumidor, tanto en el presente como en el futuro. La administración de la tierra y los recursos naturales implica mantener o mejorar esta base de recursos vitales a largo plazo.

La agricultura sostenible busca integrar tres objetivos principales en su trabajo: un ambiente saludable, rentabilidad económica y equidad social. Cada persona involucrada en el sistema alimentario (productores, procesadores de alimentos, distribuidores, minoristas, consumidores y administradores de desechos) puede desempeñar un papel para garantizar un sistema agrícola sostenible.

Hay muchas prácticas comúnmente utilizadas por personas que trabajan en agricultura sostenible y sistemas alimentarios sostenibles. Los productores pueden usar métodos para promover la salud del suelo, minimizar el uso de agua y reducir los niveles de contaminación en la finca.

Los consumidores y minoristas preocupados por la sustentabilidad pueden buscar alimentos «basados en valores» que se cultiven utilizando métodos que promuevan el bienestar de los trabajadores agrícolas y que sean amigables con el medio ambiente, o que fortalezcan la economía local. Y los investigadores en agricultura sostenible a menudo cruzan líneas disciplinarias con su trabajo: combinan biología, economía, ingeniería, química, desarrollo comunitario y muchos otros.

Sin embargo, la agricultura sostenible es más que una colección de prácticas. También es un proceso de negociación: un tira y afloja entre los intereses a veces contrapuestos de un agricultor individual o de personas en una comunidad mientras trabajan para resolver problemas complejos sobre cómo cultivamos nuestros alimentos.

Hoy en día, el movimiento por la agricultura sostenible está ganando cada vez más apoyo y aceptación dentro de la agricultura tradicional. La agricultura sostenible no solo aborda muchas preocupaciones ambientales y sociales, sino que ofrece oportunidades innovadoras y económicamente viables para productores, trabajadores, consumidores, legisladores y muchos otros en todo el sistema alimentario.

Cuando la producción de alimentos degrada la base de recursos naturales, disminuye la capacidad de las generaciones futuras para producir y prosperar. El agua es el principal recurso que ha ayudado a la agricultura y a la sociedad a prosperar, y ha sido un importante factor limitante cuando se maneja mal.

Se deben tomar medidas para desarrollar sistemas agrícolas resistentes a la sequía, incluso en años «normales», incluidas las políticas y las acciones de gestión: mejorar las medidas de conservación y almacenamiento de agua, proporcionar incentivos para la selección de especies de cultivos tolerantes a la sequía, usar sistemas de riego de volumen reducido, manejo de cultivos para reducir la pérdida de agua, o no plantar en absoluto.

La agricultura moderna depende en gran medida de fuentes de energía no renovables, especialmente del petróleo. El uso prolongado de estas fuentes de energía no puede sostenerse indefinidamente, pero abandonar abruptamente nuestra dependencia de ellas sería económicamente catastrófico. Sin embargo, un corte repentino en el suministro de energía sería igualmente perturbador.

En los sistemas agrícolas sostenibles, se reduce la dependencia de las fuentes de energía no renovables y se sustituyen las fuentes renovables o la mano de obra en la medida en que sea económicamente factible. Muchas actividades agrícolas afectan la calidad del aire. Estos incluyen el humo de la quema agrícola; polvo de labranza, tráfico y cosecha; deriva de plaguicidas por fumigación; y emisiones de óxido nitroso por el uso de fertilizantes nitrogenados.

Las opciones para mejorar la calidad del aire incluyen: incorporar residuos de cultivos en el suelo usando niveles apropiados de labranza y plantar cortavientos, cultivos de cobertura o franjas de pastos perennes nativos para reducir el polvo.

La erosión del suelo continúa siendo una seria amenaza para nuestra capacidad continua de producir alimentos adecuados. Se han desarrollado numerosas prácticas para mantener el suelo en su lugar, que incluyen: reducir o eliminar la labranza, administrar el riego para reducir la escorrentía y mantener el suelo cubierto con plantas o mantillo.

Además de las estrategias para preservar los recursos naturales y cambiar las prácticas de producción, la agricultura sostenible requiere un compromiso para cambiar las políticas públicas, las instituciones económicas y los valores sociales.  Las estrategias para el cambio deben tener en cuenta la relación compleja, recíproca y en constante cambio entre la producción agrícola y la sociedad en general.

El «sistema alimentario» se extiende mucho más allá de la granja e involucra la interacción de individuos e instituciones con objetivos contrastantes y a menudo competitivos, incluidos agricultores, investigadores, proveedores de insumos, trabajadores agrícolas, sindicatos, asesores agrícolas, procesadores, minoristas, consumidores y legisladores. Las relaciones entre estos actores cambian con el tiempo a medida que las nuevas tecnologías generan cambios económicos, sociales y políticos.

Se necesita una amplia diversidad de estrategias y enfoques para crear un sistema alimentario más sostenible. Estos irán desde esfuerzos específicos y concentrados para modificar políticas o prácticas específicas, hasta las tareas a más largo plazo de reformar instituciones clave, repensar las prioridades económicas y desafiar los valores sociales ampliamente aceptados.

Las áreas de preocupación donde más se necesita un cambio incluyen las siguientes: Política alimentaria y agrícola, Uso del suelo, Mano de obra, Desarrollo Comunitario Rural, Consumidores y Sistema Alimentario.

Se requieren mayores esfuerzos de los mercados, la industria y los gobiernos para mejorar la situación de los agricultores. Se necesitan mercados más estables y más inversión en tecnología para lograr el escalamiento de la producción y el comercio agrícola sostenibles.

Se precisan, además, incentivos fiscales y precios más inclusivos para cerrar la brecha entre los costos y los beneficios de esta producción diferenciada. Solo así podremos crear una situación de gana-gana para los comerciantes y los productores en Colombia.

Por: María Fernanda Plazas Bravo
Twitter: @mafeplazasbravo

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