Petro y Casagua ¿podrían ser víctimas de la propia indignación generada?

TSM Noticias
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Los sentimientos han sido determinantes en las decisiones del electorado. Las votaciones históricamente han estado inducidas por diversas emociones y los sentimientos han incidido directamente en los resultados de las elecciones. Y la indignación y la ira, así como el miedo y la incertidumbre, han sido claves, para determinar el destino del país, e incluso de ciudades como Neiva.

El problema de apostarle a estas emociones para incidir en la opinión de los votantes, está en que pueden terminar generando un efecto boomerang, y todo por la alta expectativa que se crea. Yo puedo crear un miedo a la guerrilla y la inseguridad y puedo mostrarme como el hombre que ‘acabará’ con este grupo armado ilegal; pero si al llegar al poder, no logro cumplir las expectativas que generé, mis propios electores se terminan convirtiendo en mis primeros contradictores.

Algo similar está pasando en Colombia, sumado a múltiples factores. El presidente Gustavo Petro, le apostó a la indignación social para vender su discurso de ser la persona adecuada para liderar las transformaciones sociales que el país necesitaba. Desigualdad social, desempleo, mala calidad de la salud, un sistema pensional a punto de colapsar, incumplimiento de los acuerdos de paz, y la falta de oportunidades de sectores marginales, fueron parte del panorama, que no fue inventado, pero que realzó, para lograr, mediante un mensaje inspiracional, generar esperanza hacia un cambio.

En otras palabras, despertó aún más la indignación social que se evidenció posterior a la pandemia, y la capitalizó para despertar el rechazo ciudadano a la política de la derecha, encarnada por el entonces presidente Iván Duque. Hasta ahí todo bien. Se convirtió en el primer presidente de la izquierda en el Colombia con una votación histórica en segunda vuelta y generó una gran expectativa sobre su mandato.

Sin embargo, esas transformaciones que el país necesita, no se dan de la noche a la mañana, y menos cuando hay tantos poderes a los cuales enfrentarse. Uno de ellos, el de los medios de comunicación, que pertenecen a los grandes grupos políticos y económicos del país. Y así fue como poco a poco, esa indignación social que asegura el voto, pero una fidelidad ideológica, se fue volteando en su contra.

Los medios, han capitalizado cada ‘metida de patas’ del mandatario, cada fracaso de intento de cambio que ha tenido, cada promesa que no ha podido materializar, y cada indicador bajo del gobierno, como la inseguridad, para despertar un sentimiento de indignación en su contra. Desde luego que hay mucho sesgo político e ideológico en los contenidos, y claro que hay una intencionalidad clara en derrocar el gobierno, desde ese mismo rechazo ciudadano; pero no se puede negar, que así como hace cuatro años, una mayoría, no quería que la derecha siguiera en el poder, hoy, esa derecha derrotada, y un gran número de ciudadanos que incluso votaron por Petro, tampoco están contentos con el rendimiento de su gobierno, y exigen resultados.

Entonces estamos ante un gobierno que llegó al poder desde la indignación popular, y a quien hoy, esa misma le pasa factura y es su enemiga. Hace dos años, Petro la alimentó desde las redes sociales, hoy se alimenta desde los medios, pero en sí, el mensaje de rechazo hoy empieza a coger más fuerza y el reloj corre en su contra, para el cumplimiento de las propuestas que hizo durante la campaña.

Caso similar puede terminar sucediendo en Neiva. Aún es prematuro, desde luego, medir resultados. Pero al igual que el presidente Petro, el alcalde Germán Casagua fue elegido a partir de la indignación, en su caso, ante los resultados y escándalos de la anterior administración. Y como digo, aún falta mucho, pero el peligro de la indignación, es que todo irrita, todo molesta y la paciencia ciudadana es poca, en cambio la expectativa es gigante. Por ejemplo, creo que fue apresurado salir a decir que en los 100 primeros días de gobierno, iba a arreglar las vías.

Ya por ejemplo van 74 días y no creo que pueda lograrlo. Eso le puede generar un desgaste. Lo mismo puede suceder con el tema financiero. El salir a decir que la ciudad estaba en crisis, a punto de la quiebra, terminó desgastando la confianza de los ciudadanos. Incluso, la controversia jurídica con el tema catastral, también minó la credibilidad de los neivanos, al punto que el recaudo estos primeros meses del año, ha sido mínimo en el Municipio por concepto de pagos de impuestos como el predial; tanto, que el propio mandatario ha tenido que salir en videos a pedirle a la gente que pague.

Y esto se debe, a que el Alcalde debe entender que ya no está en la oposición alimentando la indignación; sino que ahora representa la institucionalidad, y sus discursos generan un mensaje hacia la ciudadanía. Por eso, a la postre, el mandatario local, puede terminar siendo víctima de la propia indignación generada. Ojalá no sea así por el bien de la ciudad; pero lo único cierto, es que este sentimiento de odio e ira, hacia las malas decisiones administrativas, es un arma de doble filo, que pone y quita gobernantes.

Si lo analizamos desde la teoría, desde Max Weber (1922) hasta Harold Lasswell (1927), para señalar solo algunos, ya hablaban de la incidencia en la conducta que podía generarse desde un mensaje. Weber señalaba que la actuación de las personas, estaba determinada o por la imitación o el antagonismo de la conducta ajena, basados en las emociones y el racionamiento propio.

Es decir, a través de lo que vemos u oímos de otras personas, podemos llegar a hacer o decir lo mismo, de acuerdo a las emociones que nos transmiten. Lasswel en cambio fue más allá, y con su teoría de la aguja hipodérmica, analizó la propaganda en la segunda guerra mundial, y señaló que cuando un mensaje es inducido o intencionado por el emisor (entiéndase medios de comunicación, redes sociales y demás), es aceptado por completo por el receptor. En ese sentido, ambos coincidían en la importancia del mensaje para influir sobre las decisiones o las actuaciones de la persona.

Un concepto que fue llevado luego a la política y que ha estado presente en las últimas décadas, para que, desde el mensaje, no sólo emitido por las campañas y los candidatos, sino por los medios de comunicación y las redes sociales, se pueda determinar la decisión que terminan tomando las mayorías. Dos ejemplos claros: la elección de Donald Trump y el Brexit que determinó la separación del Reino Unido de la Unión Europea. En ambos, la rabia, el miedo y la indignación causada por la desinformación, generó un efecto directo en las movilizaciones electorales.

Trump le apostó a generar miedo con un discurso de autoridad frente a temas sensibles como la inmigración, la seguridad nacional y la economía. Pero en medio de este panorama se mostró como un caudillo capaz de generar una salida, con mensajes que generaron indignación sobre la situación de ese momento en Estados Unidos. En el caso Europeo, pese a todos los esfuerzos de la UE y del Primer Ministro para disuadir la separación a través del plebiscito, los miedos infundados por la campaña separatista y la desinformación, pasaron factura y la mayoría votó porque esta nación dejara de ser parte de la Unión Europea.

Y como estos hay muchos casos mundialmente conocidos, donde la indignación se alimenta de distintos sentimientos, y se convierte en un arma determinante para incidir en las votaciones; el problema es cuando se abusa de ésta y se devuelve.

La Ñapa

Jurar sobre mármol, y hacer promesas en campañas populistas que al final se incumplen, es también una forma de alimentar la indignación, y nos pasa factura. A Santos y a Duque le pasó con los impuestos, a Gorky con el estadio y a Casagua le puede pasar también con lo del crédito. Personalmente, no estoy en desacuerdo con la necesidad de endeudarse para alcanzar los objetivos, el problema es ¿cómo hacerlo ahora, cuando uno de sus caballitos de batalla en la campaña, fue criticar y oponerse a los créditos que solicitó su antecesor?

Por: Andrés Felipe González
Comunicador Social y Periodista
Especialista en Comunicación Digital
Asesor en Comunicación Política

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