En los últimos días, el nombre de Diego Pascuas, ha estado en el centro del debate público, no por su falta de mérito, sino por lo que parece ser una reacción desproporcionada e injusta ante su participación en la organización de Miss Universe Colombia.
Más allá de las opiniones personales sobre certámenes de belleza, lo que preocupa es el tono y el fondo de muchas críticas que, disfrazadas de cuestionamiento técnico, esconden algo más profundo: una forma velada de opitofobia.
Sí, opitofobia. Ese rechazo que algunos sienten —consciente o inconscientemente— hacia todo lo que huela a huilense, a identidad opita, a talento local que decide dejar de agachar la cabeza para asumir roles de liderazgo. Es la misma opitofobia que hace que a un joven huilense se le exija el doble para ocupar un cargo nacional, mientras a un foráneo se le aplaude con la mitad del esfuerzo. Es la que se esconde tras comentarios como “eso no parece de aquí”, como si lo bueno tuviera que venir siempre de otra parte.
Pero también hemos sido testigos de otro fenómeno igual de dañino: la opitofagia. Esa costumbre tan nuestra de devorarnos entre nosotros, de mirar con desconfianza el éxito ajeno, de no permitir que alguien del mismo terruño brille sin antes pasar por la hoguera de la sospecha, la burla o la descalificación.
Es la misma opitofagia que hace que se boicotee un proyecto local solo porque lo lidera un conocido; que se desestime una iniciativa valiosa porque “ese man estudió conmigo y no era tan pila”, como si el pasado invalidara el presente.
En este caso, a Diego se le critica más por su origen que por sus decisiones. Se le somete a un juicio público que parece más interesado en desacreditarlo que en analizar con objetividad su gestión.
Y eso no es justo. No es justo para él, ni para toda una generación de jóvenes huilenses que sueñan con liderar desde su tierra y que cada vez que lo intentan, chocan contra esa doble barrera: el prejuicio que viene de afuera (opitofobia) y la falta de apoyo que nace dentro (opitofagia).
Yo no escribo estas líneas para defender un evento en particular, ni mucho menos para imponer una visión sobre Miss Universe. Escribo porque creo que es momento de dejar atrás las actitudes que nos empobrecen como región. Porque cuando un huilense asume un reto, no deberíamos preguntarnos “¿por qué él?”, sino “¿cómo lo apoyamos?”.
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Por: Andrés Felipe Guerrero

