¿No les pasa que aman profundamente a Neiva, pero sienten temor de salir a la calle? Ese miedo nace de esa terrible sensación de tener que mirar para todos lados, de esconderse el celular para que nadie lo vea, de no poder caminar con tranquilidad por el riesgo de ser robado, o incluso perder la vida.
Recientemente leí que Neiva se ubica como la sexta ciudad más segura del país. Inmediatamente se vino a mi mente: ¿cuál Neiva? ¿Será Neiba, en República Dominicana? Porque, aunque ya no vivo en Colombia, mis padres me tienen muy bien informada, al igual que los medios de comunicación y las redes sociales, donde el pan de cada día es un nuevo robo, intento de atraco o casos de delincuentes ingresando a casas y comercios. ¿Qué se puede sentir ante eso? Solo inseguridad, y que nada ha cambiado, ni va a cambiar sin medidas efectivas que enfrenten esta realidad.
Es cierto que las estadísticas favorecen al gobierno local, mostrando reducciones de hasta un 20% en hurtos a personas, celulares y motocicletas. Incluso se habla de una baja del 80% en delitos similares contra el comercio.
Los números, en teoría, no mienten, pero la percepción ciudadana es otra, la forma en que se vive diariamente lo dice todo. No podemos cegarnos con las cifras, hay que reconocerlas, sí, pero quedarnos ahí no es posible, porque el deber está con el pueblo, no con las estadísticas.
Aunque los porcentajes sean alentadores, duele escuchar que antes los comerciantes podían atender hasta las 8:00 p.m., y ahora por miedo, deben cerrar a las 6:30 o 7:00 p.m.; me entra una profunda tristeza. ¿Cómo es posible que la inseguridad le cierre las puertas al progreso? Entiendo que las brechas sociales son enormes, que hay falta de oportunidades y que la pobreza avanza, pero, ¿Dónde están las soluciones reales, las inversiones sociales palpables?
Podrán decirme que los delitos han disminuido, pero eso pierde valor cuando cada tres horas me entero de que a alguien le arrebataron el bolso, que lo tumbaron para robarlo, o que lo llamaron para extorsionarlo. Ese sinsabor no se disipa, y no lo hará hasta que podamos salir a la calle con libertad, disfrutar de un parque, tener un negocio sin temor, ejercer el derecho al trabajo honesto sin la angustia de que lo roben por la noche.
Señores gobernantes: el verdadero reconocimiento, antes de que sea nacional, debe ser interno, regional, de su gente, de quienes votaron por ustedes y probablemente lo volverían a hacer. Den resultados sinceros, de esos que se sientan.
Un reflejo claro de la falta de institucionalidad y pronta reacción es el fenómeno de la “paloterapia”, que lejos de ser motivo de orgullo, evidencia que algunos ciudadanos han tenido que tomar la justicia por mano propia ante la inacción de las autoridades.
Sueño con el día en que Neiva vuelva a ser, sinceramente, una ciudad tranquila, donde se pueda caminar y disfrutar de sus espacios, esa ciudad que me enamora tanto. A pesar de todo lo que sucede, sigo creyendo que los buenos somos más que los malos.
P.D. Se han hecho muchos esfuerzos por recuperar el Malecón, pero la inseguridad se ha apropiado de todo este sector. Un atractivo turístico que debería ser símbolo de encuentro y bienestar, hoy está marcado por la presencia de personas en situación de calle, drogadicción, bandas delincuenciales y otras problemáticas. ¿De verdad no merecemos algo mejor? Yo creo que sí.
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Por: Daniela Muriel Trujillo
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