El horizonte de la política es un poco oscuro y hasta muy oscuro. La democracia es una obra que nunca termina. Por el contrario, su consolidación es el resultado de la articulación permanente de correctos diseños institucionales, adecuados sistemas de incentivos, buenas prácticas políticas arraigadas, una cultura política favorable y comprometida.
La Constitución de 1991 representó una evolución importante en el constitucionalismo colombiano y una apuesta por el Estado Social y Democrático de Derecho. No obstante, muchas de las promesas de la Carta en materia de profundización de la democracia, fortalecimiento institucional y pleno imperio de la ley, siguen siendo tareas pendientes. En algunos aspectos, incluso, hay estancamiento o claros retrocesos.
El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) realiza cada dos años la Encuesta de Cultura Política; en la última encuesta, la del 2021 (encuestó 4.331 hogares, 71.986 personas), se evidenció que hay un gran inconformismo entre los colombianos con la forma en la que está funcionando la democracia en nuestro país y una percepción de aumento de la corrupción.
La inmensa mayoría (73,2%) ve en aumento el problema de corrupción que va desde el Congreso, la rama judicial y los órganos de control a los gobiernos nacionales, departamentales y municipales. El nivel de corrupción aumentó en el último año, mientras que para 2019 este porcentaje se encontraba en 64,9 %.
El 22,8 % de los encuestados afirmó que el nivel de corrupción permaneció igual y el 1,4% dijo que disminuyó. Para 2019 estos porcentajes se encontraban en 28,4 y 3,7%, respectivamente.
Para 2021, el 76,6% de los colombianos mayores de 18 años consideraban muy importante vivir en un país democrático. Así mismo, el 52,2% de las personas estaban muy insatisfechas con la forma en la que funciona la democracia en Colombia, el 81% de las personas aseguraron que debe existir el derecho a elegir y a ser elegido para que un país sea democrático. Este porcentaje cayó 7,1 puntos porcentuales frente a 2019.
En relación con la confianza en las instituciones o entidades del Estado, esta encuesta revela que hay una caída generalizada en este índice, siendo la Registraduría (-12,4%), las Fuerzas Militares (-10,3%), la Defensoría del Pueblo (-10,3%), la Presidencia de la República (-9,8%) y la Policía (9,1%) las más afectadas.
Así mismo, apenas el 2% de los colombianos confía en los partidos o movimientos políticos. Los resultados de la encuesta de Cultura Política del DANE dejan entrever que hay una apatía generalizada entre los colombianos respecto al sistema democrático, incluso en años electorales, donde es trascendental el voto para definir el futuro del país.
Las encuestas bien interpretadas son una mina de información. Me pregunto si los asesores políticos de las campañas y los candidatos se animarán a usarlas.
El Centro de Análisis y Entrenamiento Político CAEP, y la Fundación Konrad Adenauer Stiftung en Colombia, publicaron una encuesta en la que se indica que el 41% de los consultados está nada interesado en la política, mientras que el 23% está poco interesado y solo el 8 % está muy interesado.
Así mismo, el 28% define la política como una oportunidad para los corruptos. Si los colombianos que no están interesados en la política pudieran entender que el precio de una bandeja de huevos, un kilo de carne, una bolsa de leche, de los combustibles, los servicios públicos, se define por una decisión política, seguro cambiarían de actitud frente a un tema que, aunque suele generar apatía, involucra a todos los ciudadanos.
Es posible recuperar la confianza en la política y en los políticos, si entendemos que los colombianos, en una mayoría, estamos conscientes del problema de la corrupción y no solo se la debemos endosar a los políticos, se requiere empezar a explicar a los niños desde las escuelas y a los jóvenes en las universidades.
Entonces seguramente vamos a tener unas generaciones futuras con mayor conciencia social. La política no es solamente algo electoral. Necesitamos encontrar los diferentes matices que nos permitan comprender la manera correcta de meter la política en la casa de los ciudadanos.
Convertirse en un líder político de éxito para esta era llena de desafíos no es nada sencillo. Los requisitos para convertirse en líder son muchos, sobre todo en un mundo con sociedades volátiles y en constante cambio. El don del convencimiento y la capacidad de organización, características fundamentales del liderazgo convencional, ya no son suficientes.
Los nuevos políticos que requiere nuestra sociedad, son políticos preparados, que quieran trascender en la vida de las personas y transformarla. Genuinos en sus acciones y con la capacidad de sostener equipos de trabajo fuertes, capacitados, dispuestos al conocimiento. El nuevo líder es consciente de sí mismo y del entorno en el que vive.
Con gran sentido de responsabilidad para ser un agente de cambio. Quienes no puedan adaptarse rápidamente a las nuevas circunstancias y sacarles partido para motivar a sus equipos de trabajo simplemente estarán fuera de la competencia.
Para finalizar y a manera de reflexión les comparto un fragmento del libro de mi autoría: EL VALOR DEL VOTO: “Durante este tiempo hemos salido de nuestras comodidades, de esa desconexión de la Colombia real y hemos contribuido para generar espacios de cambio a través de valientes iniciativas sociales que han funcionado mejor que cualquier política pública de algún gobierno de turno y que a muchas personas necesitadas ha ayudado para poder llevar de mejor manera estos tiempos de incertidumbre.
Estos tiempos son una nueva oportunidad para levantar nuevos liderazgos jóvenes que sin duda nos hacen ver con gran ilusión lo que viene para nuestro país y que hoy en día a los “poderosos de siempre” los tiene más que preocupados, ya que este liderazgo juvenil en diversos ámbitos ha llegado para quedarse.
Dependerá de nosotros, de nuestras acciones y testimonio poder ser agentes de cambio y motivar a otros para que avancemos hacia ese nuevo despertar y ese mundo mejor con el que todos soñamos llegar a tener.
Las nuevas generaciones son retadoras, valientes, atrevidas y empáticas, llamadas generación de cristal, no porque sean débiles, sino porque son transparentes en sus valores, no permiten que se repita lo que se hacía mal en el pasado, no se conforman con lo simple y buscan un mundo mejor.
Los jóvenes son parte de esos nuevos liderazgos, los líderes somos quienes influimos de manera positiva en nuestros seguidores, ayudándoles a mejorar sus aptitudes y capacidades; sobre todo, para que con acciones, ideas y propuestas nos permitan crecer de manera personal, profesional y generacional”.
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Por: María Fernanda Plazas Bravo
Twitter: @mafeplazasbravo

