Aunque tímidamente apoyada la labor literaria en todo este territorio, quienes hacemos el esfuerzo de escribir y publicar, seguimos siendo artistas sobrevivientes a lo poco valorados, apuntalados y reconocidos, y aun así nos conservamos incólumes luchando contra viento y marea para poder mantenernos activos en esta pasión que nos embarga, haciendo de nuestras epifanías obras de arte que exponemos al público para deleitarlo y sensibilizarlo artísticamente.
Hace ocho días hablé de tres maravillosos escritores a los que admiro por su valiosa producción literaria y por su compromiso con las letras, y hoy quiero referirme a otros tres importantes y reconocidos autores de diferentes obras, como son, Jesús Rodolfo Agudelo Salazar, Salín Polanía Amézquita y Gerardo Meneses Claros.
Jesús Rodolfo Agudelo, es un paisa proveniente de Pensilvania Caldas, pero adoptado por el Huila desde hace varias décadas. Muy joven se graduó como licenciado en filosofía y letras, y se especializó en comunicación y creatividad para la docencia, además de coadyuvar a formar centenares de jóvenes en su ejercicio como docente de español y literatura.
Su inmensa capacidad de inventiva y su gran formación intelectual, se ha convertido en insumo suficiente para su admirable producción literaria, habiendo publicado diferentes obras, entre las que se destacan, Entre espigas y abrojos; Venga hermano, le cuento; Siempre seremos tristes, Mientras cae la noche, Vengo a expresar mi desazón suprema, Antes de que caiga la noche, Cuentos que no son cuentos, Nuestro duende de la guarda, ¡Que nos dejan sin patria, amada mía!, La boda de los ratones y otros cuentos rimados; Uno, dos, tres demonios; De la maldita guerra y otros infortunios, y, En las instancias del arcoíris. He tenido la fortuna de leer varios de sus escritos y realmente me han cautivado.
Salín Polanía Amézquita, de origen caqueteño, pero huilense hasta los huesos, es un escritor multifacético, quien en su vida laboral desempeñó diferentes cargos como docente, directivo docente y funcionario público. Ha escrito varias novelas entre las que se destacan: El chance, entre la legalidad y el delito; Mateo Ordaz en el holocausto, y, El padre Nelson y el tesoro de las amazonas. He tenido la fortuna de leer éste, su último trabajo, y estoy seguro que no me equivoco al decir que es un muy bien logrado, tratado de denuncia, sobre la descarnada violencia colombiana.
A Gerardo Meneses poco lo conozco personalmente, tan solo he compartido como parte del público en un par de oportunidades, en charlas que magistralmente ha orientado, sin embargo, tengo el mejor concepto de este importante académico y escritor oriundo de Pitalito, tierra de artistas.
Tengo entendido que estudió literatura en la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia y en la Universidad Central de Bogotá y es el autor de cerca de dos docenas de libros de literatura infantil que han sido publicados en Colombia, México, Ecuador, Cuba y Chile. Gracias a su prolífica labor ha sido merecedor de importantes premios nacionales como el Premio Fomcultura de Literatura Infantil en 1998, el Premio Nacional de Literatura Infantil en el año 2005, el Premio Latinoamericano de Literatura Juvenil en el 2006 y el Premio Barco de Vapor en el 2011.
Fue finalista del Premio latinoamericano Norma en el año 2016; destacado por la lista White Ravens (Alemania) en el 2013 y la lista de honor IBBY (Grecia) en el año 2018, entre otros merecidos reconocimientos.
Cierro con este fragmento de un escrito de Octavio Paz, “Los hombres y las mujeres somos hijos de la palabra. Ella es nuestra creación; también es nuestra creadora: sin ella no seríamos hombres o mujeres”.
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Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
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