La gratitud es medicina

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Muchas gracias por estar ahí y leerme siempre. Eso sí, Si sos de los que cuando se sienten mal buscan en Google las respuestas, esta columna no es para vos. Pero si confiás en la ciencia y sabés que hay profesionales de la salud que pueden siempre están dispuestos a ayudarte, bienvenido: te súper invito a leerme.

En una sociedad donde las quejas hacen más ruido que los agradecimientos, es fácil olvidar que existen protagonistas silenciosos que, día tras día, dedican su vida a cuidar la nuestra. Hablo de los médicos y profesionales de la salud. Esos hombres y mujeres que, con o sin aplausos, siguen ahí: con el estetoscopio al cuello y el corazón en la mano.

De hecho, son los primeros en resistir cuando el sistema de salud parece diseñado para fallar. Esta columna no es solo un reconocimiento personal, es también una invitación: ¿cuándo fue la última vez que le diste las gracias a un médico? ¿Lo hiciste con la misma intensidad con la que te quejás cuando algo no sale como esperás y rápidamente echas culpas?

Mi vida podría haber sido una historia de límites y miedos. Pero no lo fue, ni lo es. Como persona con diabetes tipo 1 siempre tengo presente que ellos me cambiaron la vida junto con los adelantos tecnológicos. Gracias a los médicos (a su escucha, dedicación y constante formación) hoy vivo pleno, activo y con la mente llena de proyectos. Nada de esto sería posible sin el trato humano y sabio de tantos galenos a lo largo de mi vida. Y hoy quiero decirlo en voz alta: ¡GRACIAS!

Estudian incansablemente ¡más de una década! Ven sufrir, llorar y partir a sus pacientes. Y, aun así, al día siguiente, siguen curando. Trabajan muchas veces con contratos precarios, turnos eternos y sin margen para equivocarse. Todos tenemos garantizada la muerte, pero si alguien se salva es milagro de Dios; si no, el juicio social recae sobre ellos.

Y, sin embargo, están. En la madrugada cuando nos duele el pecho. En la guardia cuando nos tiemblan las piernas del susto. En el consultorio cuando necesitamos una palabra de calma. En las urgencias de una pandemia. En el control rutinario del adulto mayor. Los necesitamos todo el tiempo, y muchas veces, no lo reconocemos.

En tiempos donde se ha vuelto popular criticar a quienes salvan vidas, recordar el poder de la gratitud es más urgente que nunca. Porque agradecer no es solo cortesía: es salud. La neurociencia lo confirma. Estudios recientes demuestran que cuando sentimos gratitud, se activan zonas del cerebro vinculadas al bienestar, la empatía y la toma de decisiones.

Mejora nuestro sistema inmune y disminuye la inflamación. Dormimos mejor y con menos pensamientos negativos. Se reduce la ansiedad y la depresión. Aumenta nuestra resiliencia emocional, especialmente en situaciones de enfermedad. La gratitud no es solo emocional: es preventiva, curativa y transformadora. Una vitamina mental, un pulmón invisible que oxigena nuestra convivencia. Y aunque parezca que vivimos en una cultura que premia el reclamo antes que el reconocimiento, podemos cambiar eso.

No se trata de idealizar ni de negar que el sistema tiene fallas estructurales profundas. Es un hecho: en Colombia, ministerios como el de Salud subejecutan su presupuesto mientras miles esperan atención y medicamentos. No es falta de dinero: es mala gestión y punto. Y eso, en un país con tantas necesidades, es inaceptable. Pero incluso en ese caos, los médicos siguen ahí, poniéndole el cuerpo y el alma a lo que otros abandonan desde el escritorio.

No esperemos a que algo salga mal para levantar la voz. Empecemos a agradecer cuando sale bien que pasa muchas más veces. Cuando la cita fue puntual. Cuando el trato fue amable. Cuando una palabra nos devolvió la calma. Hoy elijo agradecerles. A Gabriel Castro Quintero, mi actual médico familiarista en la IPS IDIME, que parece haber hecho un posgrado en empatía. A quienes me han acompañado con ternura y profesionalismo desde la infancia. A quienes han sido parte de mi libertad como paciente crónico y feliz. A todos ellos, ¡GRACIAS!

Y a vos que leés esto: no esperes una emergencia para valorar a quien cuida la vida. No creas en quienes los atacan por mezquindades políticas. Agradecer no cuesta nada, pero vale todo. Qué complicada sería la vida sin ustedes.

Por: Caly Monteverdi
Conferencista internacional

Comunicador argentino, asesor estratégico y creativo
X – Twitter: @Calytoxxx

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