La difícil tarea de elegir

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Había hecho un “alta vía”, o mejor dicho, un alto en el camino, en esta tarea de escribir semanalmente una columna de opinión; hoy admiro más que nunca a las personas que semana a semana, de manera ininterrumpida, se sientan frente a un computador a escribir un artículo sobre diferentes temas de actualidad, pues no es tan sencillo hacerlo. Pero hoy estoy retomando y espero efectuarlo con la responsabilidad que demanda tal actividad.

Sinceramente, quiero decirles que este proceso eleccionario me tiene dando vueltas en la cabeza, porque estamos ad portas de elegir a nuestro nuevo mandatario nacional, al Presidente de la República, a quien delegaremos la responsabilidad de orientar los destinos de esta nación por los próximos cuatro años, luego de cuatro difíciles años. Puede ser bajo el esquema tradicionalista que hemos traído, haciendo ajustes de manera coherente o haciendo un cambio de modelo político y económico, son las propuestas que hay sobre la mesa: Federico Gutiérrez, Sergio Fajardo, Rodolfo Hernández y Gustavo Petro.

Con lo que voy a decir no quiero expresar mi determinación de apoyo hacia ninguno, no por ahora; yo aún no decido a quién daré mi voto de confianza, seguramente ya haya descartado a alguno de los candidatos, pero de eso no se trata el tema, en realidad lo que deseo decir es lo difícil que es elegir en medio del irrespeto, los ataques y la exagerada controversia.

No comparto por ejemplo la irrupción de docentes universitarios en los salones de clase tirando línea política en favor de X o Y campaña; no lo acepto, porque si bien es cierto que los salones de clase pueden ser espacios para el análisis y la discusión, no pueden ser aprovechados atrevidamente para el adoctrinamiento, esas acciones son invasivas e irrespetuosas.

Tampoco estoy de acuerdo con que en los púlpitos de las iglesias los sacerdotes emitan epítetos a favor o en contra de movimientos o candidaturas políticas, la verdad es que a la iglesia se va a descubrir a Cristo a través de su Palabra, no para que lo instruyan a uno acerca de qué partido hay que escoger o por qué candidato hay que vota, esa es otra invasión a la libertad de elegir libremente sin coacciones de algún tipo.

Existen espacios fuera de las aulas de clase y los templos para hacer pedagogía política y tratar de orientar y convencer a los electores, pero no es en los lugares mencionados en donde se deba hacer proselitismo, o por lo menos no lo comparto de esa manera, sobre todo no, porque siento que se ejerce una presión de alguien de autoridad sobre un colectivo que solamente puede escuchar y su participación es sumamente limitada.

De tal manera que debemos exigir respeto por nuestra libertad, máxime en los espacios de mayor posibilidad de liberación o de independencia, pues en el salón de clases podemos pensar libremente y en el templo podemos ser libres espiritualmente.

Lo que la luz es para los ojos, lo que el aire es para los pulmones, lo que el amor es para el corazón, la libertad es para el alma del hombre (Robert Green Ingersoll).

Por: Andrés Felipe Cabrera Sánchez

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