Jugar siempre está bien: cuáles son los beneficios del juego en la vida adulta

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Si bien algunas personas tienen recuerdos detallados y otras poseen memorias más difusas, pero lo cierto es que, independientemente de la edad que tengamos y del lugar en el cual hayamos crecido, nuestra infancia está marcada por diferentes tipos de juegos.

Saltar a la cuerda o a la rayuela, campeonatos de diversos juegos de mesa, carreras de embolsados y esconderse mientras los amigos nos buscan son algunas de las prácticas más comunes que realizan los niños.

A pesar de que jugar es divertido, gran parte de los adultos dejan de lado su veta lúdica al crecer, por diversos motivos relacionados con la gran cantidad de responsabilidades tanto familiares como personales y profesionales.

Si te acuerdas de cómo disfrutabas el juego de ruleta en tu infancia y crees que necesitas espacios de esparcimiento para descansar de los compromisos que debes enfrentar de manera cotidiana, en este artículo te contamos las ventajas que obtienen los adultos al jugar.

Para el juego no hay edad: cuáles son las ventajas de jugar en la vida adulta

Lejos de ser una simple actividad de distracción, los juegos aportan numerosos beneficios para las personas, ya que impacta positivamente en la salud mental, emocional y física.

Fomenta la creatividad

Para ganar las partidas, es preciso desarrollar diferentes estrategias y resolver diversas situaciones que se van presentando a medida que avanza el juego.

Esta capacidad de resolución es clave para la vida adulta, ya que nos permite estar listos para hacer frente a cualquier tipo de reto sabiendo que contamos con la capacidad de solucionarlo de manera creativa.

Ayuda a aliviar el estrés y la tensión

Jugar es, sin dudas, una actividad divertida que nos permite olvidarnos de las preocupaciones cotidianas, fomentando la liberación de endorfinas que son sustancias químicas que el cuerpo libera para fomentar el bienestar.

En consecuencia, alivia las tensiones mentales y el estrés y contribuye a disminuir el dolor, aunque sea de manera temporal.

Fomenta las relaciones sociales

Hacer juegos, sea con amigos, familia o compañeros de trabajo, brinda la posibilidad de establecer relaciones con otras personas, reforzando el sentido de comunidad. En los casos de las prácticas que involucran equipos, también fomenta la toma colectiva de decisiones en pos de un objetivo en común.

Por otro lado, jugar en la adultez es clave para desarrollar el sentido de la empatía y habilidades claves para la vida cotidiana, como son la paciencia, la solidaridad y la tolerancia.

Contribuye a ser disciplinado y perseverante

Independientemente del tipo de juego que se elija, para convertirse en un buen jugador, es imprescindible practicar durante un tiempo considerable. En consecuencia, las personas que juegan suelen ser disciplinadas y se caracterizan por no tener dificultad en trabajar para alcanzar un determinado propósito.

Por eso podemos afirmar que jugar fomenta el desarrollo de la perseverancia y la paciencia, cualidades fundamentales para sortear con éxito las dificultades que presenta la vida de los adultos.

Brinda alegría

Por último, sean niños, adolescentes o adultos, las personas que juegan suelen ser más felices porque invierten tiempo en una actividad descontracturada que puede disfrutarse tanto en soledad como junto a amigos y familiares.

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