Infraestructura verde como estrategia de adaptación al cambio climático

472 views
8 mins read

El cambio climático representa una grave amenaza en los entornos urbanos, que se intensifica con la reducción significativa de las áreas verdes naturales, trayendo consigo varias consecuencias ambientales negativas relacionadas.

Las inundaciones frecuentes y las dificultades de gestión de las aguas pluviales (o aguas lluvias), los efectos de las islas de calor urbanas, las olas de calor y la contaminación del aire se encuentran entre los efectos ambientales negativos que ocurren con mayor frecuencia en todo el mundo.

Los impactos ambientales, económicos y sociales del cambio climático se están acelerando en todo el mundo, lo que resulta en efectos adversos severos cada vez mayores en los ecosistemas. Las investigaciones actuales indican que el cambio climático aumenta la temperatura del aire y de la superficie e intensifica los eventos de lluvia tanto en magnitud como en duración.

La urbanización y la pérdida de espacios verdes están magnificando los riesgos de los patrones de cambio climático; hoy, casi el 25% de la población mundial está expuesta a inundaciones.

La pérdida de espacios verdes asociada a la urbanización está vinculada a la isla de calor urbano, que se manifiesta aumentando las olas de calor tanto en frecuencia como en intensidad.

La infraestructura urbana absorbe la radiación solar y la vuelve a irradiar en forma de calor, lo que genera una demanda elevada de consumo de energía para refrigeración, mayores emisiones de contaminantes del aire e impactos no deseados en la salud humana. Las ciudades generalmente tienen menos vegetación y masas de agua, lo que explica que el cambio climático se agrave más en los entornos urbanos que en los rurales.

Las soluciones basadas en la naturaleza se están utilizando como un medio sostenible y eficiente para contribuir a ciudades resistentes al clima y traer, en general, beneficios muy importantes para los servicios de los ecosistemas en áreas urbanas, especialmente en lo que respecta a la recolección de agua de lluvia y la gestión de aguas pluviales cuando ocurren eventos de precipitación extrema.

Sin embargo, las soluciones basadas en la naturaleza siguen estando subexplotadas, probablemente debido a la falta de conocimiento y confianza entre las partes interesadas y los tomadores de decisiones políticas en estas soluciones, lo que se debe en parte a la falta de herramientas para evaluar su rentabilidad y capacidad real para superar los problemas ambientales en curso.

La infraestructura verde reduce y trata las aguas pluviales en su origen al tiempo que brinda otros beneficios ambientales, sociales y económicos. La introducción de infraestructura verde para complementar la infraestructura gris existente puede promover la habitabilidad urbana y contribuir al resultado final de las comunidades. La infraestructura verde es una red de zonas naturales y seminaturales y de otros elementos ambientales, planificada de forma estratégica, diseñada y gestionada para la prestación de una extensa gama de servicios ecosistémicos.

La infraestructura verde se concibe como una red de espacios y elementos que mejoran la resiliencia ante impactos como el cambio climático, contribuyen a la conservación de la biodiversidad y benefician a las poblaciones humanas mediante el mantenimiento y mejora de los servicios de los ecosistemas.

Los servicios ecosistémicos son el conjunto de beneficios que las personas y la sociedad obtienen del propio funcionamiento de los ecosistemas. Por ejemplo, la producción de agua limpia, la formación de suelo, la regulación del clima por parte de los bosques, la polinización, la conservación de la biodiversidad, etc.

En la práctica, todo espacio verde desde el gran parque natural, hasta el jardín urbano produce servicios ecosistémicos en mayor o menor medida y podría ser considerado infraestructura verde, pero, tiene que formar parte de una red planificada y su gestión tiene que tener en cuenta la mejora de su funcionalidad para prestar servicios ecosistémicos.

La esencia de la infraestructura verde es su multifuncionalidad. Puede atender múltiples necesidades de forma simultánea: funciones ecológicas, productivas y culturales.

Por tanto, a diferencia de la infraestructura gris, que sirve a un único propósito, los espacios verdes ricos en biodiversidad pueden desempeñar una gran variedad de funciones de forma simultánea y a muy bajo costo, en favor de las personas, la naturaleza y la economía.

Las áreas urbanas concentran la mayoría de los desafíos medioambientales que enfrenta actualmente la población mundial. Además, debido a la pandemia de la COVID-19, la necesidad de tener entornos urbanos más saludables, con una mejor calidad del aire y una mejor arquitectura de movilidad, se convierte en una cuestión apremiante con mayor relevancia geopolítica.

Por este motivo, la infraestructura verde tiene una prioridad alta para los gobiernos; además, es un elemento muy necesario para ofrecer soluciones innovadoras a problemas que la infraestructura gris tradicional ya no es capaz de solucionar.

En el sentido más amplio, la infraestructura verde tiene un gran potencial para brindar soluciones integradas, inteligentes y estratégicamente planificadas que redunden en beneficios sociales, económicos y medioambientales, ya que protegen el entorno y la biodiversidad.

La infraestructura verde incluye un amplio espectro de iniciativas que pueden combinarse, como parques urbanos ricos en biodiversidad, fachadas vivas, canales de infiltración, corredores naturales periurbanos, cubiertas verdes, pisos permeables, huertas urbanas.

Los desafíos y las necesidades varían de un lugar a otro, por lo que las autoridades locales desempeñan un papel fundamental a la hora de identificar y desarrollar soluciones atractivas a cuestiones medioambientales, sociales y económicas que estén plenamente integradas en distintos campos de acción política.

En este sentido, las soluciones se centran en aspectos como la mitigación del cambio climático y la adaptación a este, la planificación espacial eficiente para restaurar ecosistemas degradados y conservar la biodiversidad, y un uso óptimo de los recursos.

En un contexto global, la Agenda 2030 y sus 17 ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) han nivelado el camino para incrementar la sensibilización ecológica en los distintos países y sus ciudades.

De hecho, son varios los ODS que se refieren de manera directa o indirecta a la necesidad de centrarse e invertir en la infraestructura verde en pro de todo el mundo.

Por: María Fernanda Plazas Bravo
Twitter: @mafeplazasbravo

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Ir al contenido