Reciban todos, respetados maestros homenajeados esta noche y asistentes a este hermoso evento dedicado al arte y a la cultura, un afectuoso saludo. Traeré a colación estas dos expresiones que permanecen entrelazadas con la experiencia humana, donde el arte actúa como un componente fundamental de la cultura, manifestándose a través de diversas formas de expresión creativa.
En ocasiones, cuando reflexiono acerca del por qué algunos escribimos mientras otros duermen, e invertimos nuestro tiempo que es el recurso más valioso de cualquier ser humano, más que el oro y la plata, en tratar de construir una historia que pueda ser atractiva para algún lector, descubro que no elegimos ser escritores, sino que las letras nos eligen a nosotros.
Deseo iniciar citando un fragmento de “La Vorágine” de José Eustasio Rivera: “¿En qué código, en qué escritura, en qué ciencia había aprendido yo que los prejuicios priman sobre las realidades? ¿Por qué era mejor que otros, sino por mis obras? El hombre de talento debe ser como la muerte, que no reconoce categorías”.
A raíz de este importante evento de exaltación, quiero mencionar a algunos artistas que se inmortalizaron gracias a su obra y que se expresaron acerca el arte y la cultura.
Comienzo con Hermann Hesse, autor de obras como “El lobo estepario”, quien veía el arte y la cultura como vehículos para la autoexploración y la comprensión de uno mismo y del mundo. Él mismo exploró la pintura como una forma de «poesía o sueños» que le permitían conectar con la realidad de manera diferente. Para Hesse, el arte no era solo una forma de expresión, sino también una herramienta para la introspección y la búsqueda de la verdad interior.
Whitman, veía el arte y la cultura como expresiones vitales de la democracia y la individualidad, integradas en la experiencia humana común. Para él, el arte no debía ser elitista, sino accesible y relevante para la vida cotidiana, reflejando la diversidad y la energía de la sociedad. Él creía que la poesía podía unir a las personas y celebrar la conexión entre el individuo y el mundo que lo rodea.
El mismo Whitman expresaba que, la cultura no era algo separado de la vida, sino una parte integral de ella. El veía el arte como una forma de expresar la individualidad, pero también como un medio para conectar esa individualidad con la experiencia universal.
James Joyce veía el arte y la literatura como expresiones de la vida, no como escapismo. Él consideraba que el arte debía explorar la complejidad de la conciencia humana y desafiar las convenciones literarias tradicionales, buscando nuevas formas de expresión a través del lenguaje y la experimentación. Creía en la importancia de la «epifanía», momentos de revelación o manifestación espiritual, y en la necesidad de capturarlos en las diferentes formas de escritura o en la pintura misma.
Eduardo Galeano identificaba en el arte y la literatura, los medios para expresar y denunciar las injusticias sociales, la desigualdad y el sufrimiento de los pueblos.
José Saramago observaba el arte y la literatura como herramientas poderosas para la reflexión, la denuncia y la construcción de utopías. Para él, la literatura no tenía una función utilitaria definida, sino que servía para entrar en contacto con el autor, para pensar, para conmover, e incluso para nada, en el sentido de que no todo tiene una utilidad práctica. Además, consideraba que la literatura debía ser honesta y respetar el idioma, y que a través de ella se podía acceder a una comprensión más profunda de la realidad y de la condición humana.
Octavio Paz por su parte, veía el arte y la literatura como actividades intrínsecamente ligadas a la experiencia humana, la exploración de la realidad y la búsqueda de la verdad. Para él, la literatura, especialmente la poesía, era un diálogo con el mundo, el lector y uno mismo, una forma de comprender y transformar la realidad.
Hoy nos convoca en este sagrado recinto del saber, precisamente, el arte y la cultura, pero por sobre todas las cosas, nos reúne en torno a ellas, la sensibilidad de quienes han querido reconocer nuestro trabajo, la labor artística; me refiero a la Duma Departamental a quien presento un sentido saludo y agradecimiento.
Pero además, debo indicarles a sus representantes aquí presentes, que además del control político y administrativo, y la formulación de proyectos de ordenanza para apalancar las ejecutorias del ejecutivo territorial, interpretando las necesidades de la región; es menester que quienes nos encarnan en este cabildo, se empoderen mucho más de las riquezas artísticas y culturales, de nuestro departamento; no solamente las de hoy sino las que han construido la historia desde lo literario, lo musical, lo poético, y las demás expresiones propias de esta tierra.
Porque si el arte y la cultura son tan importantes para el espíritu, para el individuo, para la sociedad, para la democracia y para el desarrollo integral de los pueblos, como lo señalan los intelectuales que cité en estas palabras, por qué no darles el lugar de importancia que merecen. ¡Hay que trabajar mucho más en ello!
Y en estas idas y vueltas, tantas veces repetidas, sin perder el entusiasmo, buscando el apoyo para poder publicar una obra, conseguir los lienzos y los óleos, para crear una obra de arte, o buscando interesados en el fruto de nuestras epifanías, vale la pena recordar a aquellos que lograron el éxito a través de la persistencia y el sacrificio.
Por eso cito a nuestro novel Gabriel García Márquez, quien profirió la siguiente expresión: “Vale la pena volver a empezar, una y mil veces, mientras uno esté vivo. Porque incluso en las manos más pequeñas y cansadas, late una esperanza invencible. Porque cada lágrima guarda la semilla de un nuevo amanecer”.
—
Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
X (Twitter): @Hufercao04

